Café, amigo mío

Aquí no hay trampa ni cartón. El café que me prepara cada día mi camarero habitual, Jose.

Querido amigo:

Esta carta no es por acompañarme cada día, da igual la hora, da igual el tiempo, da igual el lugar… ¿Cuántos años llevas a mi lado, sin fallarme jamás? Si soy sincero, debo pedirte perdón, porque no me acuerdo de «nuestra primera vez». Ya me entiendes, esas cosas deben recordarse. Es un error imperdonable por mi parte. No quiero ni pensar en el castigo que merezco, del cual solo me librará tu fidelidad inquebrantable; pero, en caso de poder medirse en términos de espacio, peso y tiempo, sería enorme, grave y largo, sin duda. ¿Cómo puedo expresar mi arrepentimiento por tal olvido de modo que quede saldada mi deuda? Empezaré por lo más importante: eres mi mejor amigo, mi infatigable e irreductible compañero, y como tal he desarrollado por ti un afecto y un apego que ni la más agresiva terapia podría arrancarme del todo.

En realidad, no necesito terapia, porque no eres una enfermedad, sino una bendición. Por si no fuera suficiente aportarme actividad y ayudarme con energía renovada gracias a tu cafeína, tú me brindas cada día una fuente rica en antioxidantes, en vitamina B2, en niacina, en manganeso, en potasio, en magnesio, en vitamina B5… Me proteges de la apoplejía, de la diabetes, de la cirrosis, del cáncer, del parkinson y del alzheimer; y además, me ayudas a quemar grasas. ¡Cuántos beneficios en un sencillo grano y en la destilación de tu esencia en agua caliente! En algo tan pequeño, ¡cuánta grandeza! En algo tan humilde, ¡cuánta generosidad! Del simple y natural gesto de verter ese líquido negro y amargo en nuestra boca podemos obtener tantos dones, tantos silenciosos regalos de la naturaleza, que esta bebida se ha convertido en nuestra particular y cercana ambrosía, capaz de mantenernos jóvenes y fuertes, a un precio ínfimo. Algo tendrá que ver el elevado consumo de café en el mundo, solo por detrás del agua, según dicen los que saben (casi dos mil millones de tazas al día), para que la esperanza de vida del ser humano haya crecido paulatinamente, sin detenerse, desde hace al menos un siglo y medio, hasta situarse ya en los albores de la centuria. No me cabe duda de que pronto, antes de lo que pensamos, lograremos superar ese límite matemático; y, en esta tarea ciclópea, tú, café, amigo mío, serás uno de nuestros aliados más fieles y poderosos.

ceramic bowl with coffee and wooden spoon

Pero tu auxilio y acción van mucho más allá de los dadivosos efectos sobre la salud a largo plazo: aunque todo eso no existiese, seguiría valiendo la pena ser amigo tuyo, porque es tu cuerpo, tu sabor, tu caricia, tu aroma, lo que seduce a quien te conoce, lo que enamora a quien te prueba, lo que subyuga a quien te intima. Más intenso o más suave, más dulce o más amargo, de Arabia o de Colombia, de Brasil o de África, solo o con leche, con azúcar o con sacarina (o sin edulcorante alguno), con nata, con coñac o con canela… tú eres delicioso y conmovedor a la vez, terso y rugoso, luminoso y oscuro; penetras por la nariz y el paladar y lo llenas todo con tu poderosa presencia, estremeciendo el cuerpo y el alma al unísono, soberbio néctar de la tierra, apasionado zumo de la fruta del cafetero. Nadie se encuentra contigo y queda indiferente. Nadie se enfrenta a ti, en tu pureza, en tu esencia misma, disfrazado de las sombras de la noche, y sale victorioso; pero en su derrota también gana, pues es colmado hasta el borde de tu orgásmica y planetaria pujanza, y de esta mixtura misteriosa sale más fuerte, casi gigante, casi invencible.

¡Cuántas veces he sentido tu fuerza conmover cada poro de mi piel, y ese dulce y a la vez desagradable escalofrío de tu amargura, que en lugar de dejar tras de sí un poso de malestar, refuerza la atención, aumenta la concentración, aviva el ingenio, acrecienta el fuego de la acción! Recuerdo perfectamente el proceso: alargar mi brazo, sellar mis dedos en torno a la diminuta asa, y llevar la taza de café cortado a mis labios, sin nada que lo endulce, con apenas una gota de leche y una pocas burbujas nadando en su superficie. Entonces sobreviene el éxtasis, precedido de su profeta, ese temblor agitado y repentino del tenebroso licor adentrándose en la garganta, y todo el armazón de las defensas corporales coronado de los invencibles ejércitos del café, raudos y eficaces. Nunca he tenido miedo a ser conquistado. He llevado con orgullo las galas de la rendición absoluta. Y tú, amigo mío, en lugar de castigarme y aplacar tu ira sobre mis pendones caídos, me levantas con mano generosa y me alzas de nuevo, soberano y señor de mi una vida entregada y recuperada. Y todo esto pasa en apenas unos segundos, porque no te gusta perder el tiempo. Es tu poder inmediato. Es tu señorío absoluto. Es tu servicio diligente. El amor que das, innegociable y directo.

Café de mi vida, café de mi alma, tú que taladras mi estómago para otorgarme la inmortalidad, tú que derrumbas mi aliento para arrancarme del lecho, tú que has sido sostén en la depresión, fuego en la aventura, confidente en la rutina y perfecta excusa en las sobremesas, jamás me has pedido nada a cambio. Este es el momento de confesarte, ante el público del mundo entero, ante todos los países, razas y lenguas, que estoy enamorado de ti, amigo mío, que siento, misteriosamente, que nacimos para estar juntos, y que podría sacrificar cualquier cosa en la vida, menos a ti. Este es mi testimonio. Este es mi descubrimiento. Este es mi espíritu. Gracias, café. No me faltes nunca.

dawn caffeine coffee dark

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