Lo que el Poeta loco cantaba a la noche enardecido

Hace tiempo que no os hablo de mi maestro. ¡Cuánto lo echo de menos! Pasan los años y su recuerdo no desaparece, sino que se hace más vivo. Tanto, que sus palabras siguen hiriendo el alma y sembrando en ella un germen de transformación, belleza y humanidad. No hubo una sola persona que se acercara a él y que no regresara a su hogar más sabio, más calmado, más feliz. Si regresaba…

Hoy me topado con un breve texto que anoté directamente, como solía hacer, mientras declamaba ante nosotros, una noche de verano, bajo las estrellas brillantes, recordando a un viejo amor, por el que volvía a renunciar a lo material y se entregaba con más energía a la vida hacia dentro. Sé perfectamente que es un texto corto. Sé que muchos de vosotros nunca entenderéis lo que significa. Ni lo pretendo. Incluso es posible que algunos leáis el texto y os sepa a poco. Pero imaginaos lo que supuso para nosotros estar con él allí, a oscuras, bajo el cielo salpicado de miríadas de luces lejanas de tenues variaciones, mientras se bamboleaba lentamente, como un junco con la brisa de la tarde, alzando los ojos y los brazos, cantando con su voz dulce y profunda, cálida y acogedora, y sentir que nuestras almas se unían con la suya y se elevaban, como volutas de humo girando en un remolino invisible.

Os lo dejo a continuación. Os recomiendo que lo leáis varias veces, que lo paladeéis, que se lo digáis a vuestra amada. Con esto, vuelvo a meditar.

«Será que yo no sé nada de la vida y de los hombres, o será que he leído demasiada poesía, o que el corazón se me alucina y vivo en páramos ignotos, pero cuando te veo, incluso cuando te pienso, sentada en la soledad de tu morada, mientras el mundo gira indiferente, me doy cuenta de que no hay atractivo en toda su caótica enormidad o en su incesante bamboleo; que lo que verdaderamente hace feliz al hombre es la oculta luz de estrella, velada, pero real, que duerme en tus ojos, en tu rostro, en tu boca. Y en esos momentos, oh mujer, simple y llanamente, sueño con que todo desaparezca, menos tú, con tu oculta luz, y yo, para admirarte y cantarte, mientras descansas en mis brazos».

starry sky over mountains

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