Noticias que a mi editor le gustarán

Buenos días, amigos. Good morning, my friends.

Here I am. Este soy yo, con mis pintas, con mi tripa y mi pelo desastrado y ralo, y no sabiendo si sonreír o quedarme serio.

Hoy os quiero comentaros algo de mí; para ser más exacto, de mi manuscrito. Vengo a hablar de mi libro, como nos enseñó a reivindicar el recordado Paco Umbral. De uno que aún no habéis leído, pero que leeréis, o al menos eso espero. De uno que está en pañales todavía, incluso podría decirse que en el útero materno (o en el seno paterno, porque todavía no he desarrollado el hermafroditismo entre mis virtudes). Os estoy hablando del manuscrito de Canción Eterna, segundo tomo o segunda parte, o como diablos se llame al fin. Ya me entendéis: la segunda entrega de Canción Eterna, mi novela de fantasía épica que nació herida por el COVID -19, y que iba a presentarse el día trece de marzo del año pasado, para, finalmente, suspenderse sine die, hasta que la pandemia y una continuación os recuerde que existe.

Yo no me detuve en ningún momento. Despacio, poco a poco, lentamente, como soy yo, pero sin rendirme nunca, fui avanzando, ya desde antes de publicarse la primera parte de Canción Eterna, preparando esta continuación, que espero y deseo vea la luz en verano, aproximadamente.

Esta es precisamente la noticia, si me permitís recalcarlo: que habrá segunda parte, y que está avanzando a buen ritmo. Para otros autores, mi ritmo será probablemente cansino e insoportable, pero para mí es el ideal. Cada uno de mis pasos se gesta durante días, semanas incluso, antes de plasmarse negro sobre blanco. Además, es esencial para mí encontrar la música que me ayude y me acompañe en mis ratos de escritura, por lo demás escasos, dadas mis obligaciones profesionales y familiares. Ni que decir tiene que amo mi historia más de lo que ninguno de vosotros podréis llegar a amarla jamás, y estoy penetrado de un temor intenso a dar un paso en falso con cualquiera de mis personajes. Son ellos los que ocupan mis pensamientos, son ellos los que se mueven y desarrollan en esa tenue duermevela en que les dejo libres en mi imaginación. En estos minutos ellos encuentran una libertad que mi cansada mente les niega a otras horas.

A veces los números no hacen justicia a las obras de arte. Decir que un cuadro mide por dos metros de ancho y que por eso es mejor que uno que mide treinta centímetros es una soberana estupidez. Por lo mismo, valorar una novela por la cantidad de sus páginas no deja de ser mezclar churras con merinas. Para que me entienda todo el mundo: la calidad de una obra de arte (y la literatura es arte, por mucho que algunos escritores se empeñen en demostrar lo contrario) no es directamente proporcional a su tamaño. Aquí no hay que venir a sacársela, como si lo importante fuera comprobar quién la tiene más grande. Partamos de esta verdad: el arte es arte, y punto. La realidad es que las novelas modernas están saturadas de relleno, que se escribe innecesariamente, de forma repetitiva y cansina, sin atención a los detalles, y que se repiten una y otra vez los mismos modelos narrativos, cuando no los mismos temas y las mismas tramas; y no por falta de imaginación, sino porque se escribe como se producen churros: todo por la pasta.

No obstante, hay veces en que un número puede ayudar a hacerse una idea más exacta del objeto que tenemos o tendremos ante la vista y los demás sentidos. Este número no es un elemento de juicio, pero sí una señal, una guía, un hito que marca la dirección en que el sendero nos conduce. Con este mismo espíritu, y sin pretender que os sintáis acobardados o predispuestos por ello, os voy a arrojar ese número inspirador, en relación con el manuscrito de la segunda parte de Canción Eterna. He aquí el número: 617.

617

Habéis leído bien.

Este número no dejará de crecer, o eso espero. Pero por ahora básteos saber que se trata del número de páginas de word que tiene el manuscrito susodicho. Y no corráis a hacer la broma: no hay una letra en cada página ni estoy usando un interlineado doble ni nada de eso. Son 617 páginas bien aprovechadas, bien colmadas, bebidas hasta los posos, atravesadas hasta el tuétano. Son mi camino, mi carga, mi cruz (ahora que es Semana Santa, viene bien esta metáfora).

¿Estoy cerca de terminar? Ni mucho menos. Pero estoy bastante avanzado.

¿Estará acabada para el verano? No lo sé. Pero lo intentaré. Creo que hay posibilidades.

Cabe la posibilidad, por supuesto, de que, si el manuscrito sigue creciendo, la segunda entrega se divida a su vez en dos, y la parte restante quede para publicarse el año que viene. Pero si es así o no, lo sabréis pronto. En última instancia, vosotros sois los dueños de mi destino: si la segunda parte de Canción Eterna no se vende, probablemente no habrá una tercera. Probablemente no habrá más libros. Nunca. Ninguno.

¡Os necesito! Ahora más que nunca. Necesito que me animéis, que os intereséis por mí, que me preguntéis, que me escribáis, que me deis fuerzas, que compartáis mis ansias y mis miedos, que me hagáis sentir vuestra presencia cercana y me llevéis en volandas. Os necesito, aunque… probablemente también… la mayor parte de vosotros ni siquiera lo sabrá jamás.

¿Dónde estáis? Sea cual sea vuestro país, vuestra región, vuestra ciudad, la Canción Eterna ha de sonar para vosotros. Pero antes el hombre que hay detrás de ella precisa de algo más que el silencio. Si estáis ahí, si sois algo más que robots enganchados a un teléfono móvil o una tableta, si tenéis corazón y podéis comprender que parir una obra de arte es un proceso repleto de temores, de nervios, de inseguridades, de incertidumbres, de ansias, de ilusiones, de dolores y de esperanzas, entonces hacédmelo saber. Ya hablo demasiado conmigo mismo.

Por cierto, os lanzo esta pregunta: ¿Os gustaría que compartiera con vosotros un capítulo del manuscrito para ir abriendo el apetito? Dejad vuestro comentario aquí o en Facebook con un sí o un no.

A los que han llegado hasta el final de este artículo les voy a regalar la opción de convertirse en un personaje de mi novela. Si estáis interesados, solo tenéis que escribirme a somniabloginfo@gmail.com, y sabré que estáis ahí y que queréis optar a este pequeño premio. Entonces os diré cómo participar en el sorteo y cuándo lo revelaré.

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