Ocasiones

¡Qué extrañas las ocasiones del mundo!

silhouette photography of man at beach during sunset

En una ocasión escuché a un hombre que se creía hablar solo consigo mismo, reprocharse la mentira en la que al parecer vivía, una especie de locura perdida y deshumanizadora. Sus palabras quedaron tan grabadas en mi mente que aún las recuerdo tal como las oí entonces. Pero me parece que acaso no solo él, sino también muchos otros, viven en situación parecida, y se encuentran extraviados y vacíos. Por esto, quiero compartir mis recuerdos con vosotros, trascribiendo lo mejor que pueda las palabras de aquel hombre:

‹‹La vida no es fácil para un hombre que ha perdido su verdad interior. Se trata de la verdad que alienta y empuja el discurrir humano. Se trata de la verdad que eleva, que introduce en el misterio del ser, ser ahora, aquí y, sin embargo, también siempre y en cualquier (en todo) sitio.

La vida no es fácil para un hombre que está enfermo de mentiras; o mejor dicho, de engañarse a sí mismo incesantemente. ¡Qué ganas de vencer la muerte causada por la mentira! ¡Y qué fuerte la resistencia de ésta, escondida bajo las falsas promesas y los sueños inalcanzables!

La vida, sí, es más bien difícil para un hombre roto, sin fuerzas, herido por mil escaramuzas, mil guerrillas contra sí mismo, contra sus fuerzas, contra sus anhelos de romper con todo sólo por romper con algo. Si yo pudiera darme la luz para que viera mis pústulas y el fango en que me hallo empantanado…

Tengo que rendirme ante la mentira de mi vida, para ver su rostro a la luz, plagado de arrugas, que antes me parecía hermoso. ¡Ahora contemplo dónde me has traído, engaño sutil, sueño fatal, sombra cruel! Ahora comprendo dónde estabas dispuesta a llevarme al final: a la autodestrucción… ¿Por qué fui tras de ti cegado por mi codicia? ¿Por qué cedí a tus promesas de gozos interminables? Sólo así lograste apartarme de mi verdad íntima, del fuego que ardía en el lugar de mi retiro y a cuya compañía y abrigo aprendí lo mejor de mí mismo, lo mejor de la vida.

¡Sí, ahora te conozco, y ya no me das miedo, sino repugnancia! Te voy a clavar el asta del arrepentimiento en lo más hondo de tu pecho orgulloso. Quiero que sepas cuál es el fin de la mentira descubierta, pues debe ser pagada entera y entregada, a cambio de recobrar aquello que se perdió. Yo perdí mi inspiración y mi fuerza. Las recobro hoy con tu muerte de manos de Quien es, Él solo, la inspiración y la fuerza del universo, la verdad más íntima del hombre, la luz que nunca se apaga en el corazón abierto.

El daño que me hiciste Él lo sabrá reparar. Tú muere y desaparece. ¡Ya no existes!››.


¡Qué extrañas las ocasiones del mundo y la vida de quien sabe escuchar!

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