Dentelladas de cine (I): El nacimiento del cine

Ampliando horizontes

Comenzamos hoy una nueva sección en Somnia, dedicada a los amantes del cine, porque no solo de literatura vive el hombre, claro está. Por otro lado, si hay una disciplina artística que ha demostrado tener un vínculo ardiente, un matrimonio fructífero, con la literatura, ha sido precisamente el cine. Con la mirada puesta en satisfacer los intereses de aquellos lectores que, además de la buena lectura, gustan también de una buena película, nace hoy «Dentelladas de cine». Si esta publicación tiene suficientes visitas y mostráis vuestro interés, lo más probable que es que se vuelva habitual, ya veremos si de periodicidad semanal o bisemanal. En esta sección podréis leer pequeñas referencias biográficas o breves noticias relativas a la historia del cine, desde su creación, incluyendo a las grandes figuras del Séptimo Arte, con variado material fotográfico. Esperamos que os sorprenda.


<<Érase una vez, en un elegante bulevar de la ciudad de París…>>. Así podría empezar la gran narración del nacimiento del cine: como la fábula más maravillosa jamás contada.

La paternidad del cine siempre fue un acontecimiento muy disputado. En realidad, la aparición del cine es la consecuencia de varios siglos de investigaciones, así como el resultado de una larga búsqueda que incluiría a numerosos inventores, con sus aciertos y sus fallos, sus intuiciones y sus errores.

Pero el cine empieza verdaderamente con el aparato inventado por Auguste y Loius Lumière. En el prospecto de su presentación, se definía tal aparato diciendo que “permite recoger por una serie de tomas instantáneas todos los movimientos que durante un tiempo dado se suceden delante del objetivo, así como reproducir tales movimientos proyectándolos a tamaño natural sobre una pantalla ante una sala con público”.

Los hermanos Lumière

El fenómeno cinematográfico, tal como lo conocemos, nació un sábado 28 de diciembre de 1895, en el número 14 del Boulevard des Capucines, donde se hallaba el Salon Indien, subsuelo del Grand Café, propiedad a la sazón de un italiano llamado Volpini. Aquella primer mañana solo treinta y tres personas fueron a ver el nuevo invento. Por la tarde, más de doscientas se agolpaban en las colas.

El invento de los hermanos Lumière fue patentado el día 13 de febrero de 1895 y registrado con el número 245032. Se presentó un aparato de aspecto rudimentario, que realizó precipitadamente Carpentier, el mecánico jefe de la fábrica Lumière. A la hora de buscar un nombre, los inventores adoptaron el de “cinematógrafo”, debido en realidad a León Bouly, quien en 1892 había presentado un proyecto que resultó inviable.

Famoso cartel de Genri Bispot para las sesiones cinematográficas del Salon Indien (París, 1896)

La primera película oficial es “Salida de los obreros de los talleres Lumière” (1895), que abría el programa oficial con una visión sintomática: las grandes puertas de la fábrica están cerradas, pero, a los pocos segundos, se abren de par en par y empiezan a desfilar obreros de ambos sexos, mezclados con algún miembro de la familia Lumière. No había otra acción que el paso un tanto veloz esos personajes anónimos que son las primeras sombras animadas que se mueven sobre una pantalla.

Además de la citada película, en aquella primera sesión se proyectaron otras películas, como “Riña de bebés” o “Llegada de un tren”, que dicen impresionó tanto a los espectadores que llegaban a asustarse, creyendo que realmente un tren saldría de la pantalla.

¡La imagen liberada! Este es el hecho decisivo. Así fue como comenzó todo.


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