El porqué de las cosas

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Ariana Lee
Ariana Lee

Convicción y realidad femeninas

A partir de los dos años, un niño empieza a preguntar a los adultos el porqué de las cosas que va descubriendo con conciencia, cosas que antes veía pero que ahora, además de verlas, quiere entender. Pregunta por qué el cielo es azul, por qué el pájaro vuela, por qué el coche se mueve: necesita saber.

Es una inquietud intrínseca al ser humano: querer saber por qué suceden las cosas como suceden, cómo funcionan y por qué tiene que ser de esa manera y no de otra. Yo, que no he sido nunca una mujer muy convencional, he querido saber siempre más de la cuenta, más de lo debido, siempre más; al final conseguía cansar y obtener como respuesta un “bueno, porque sí”, o un “esto es así”.

Ahora, en mi fase adulta, la duda ha jugado un papel importante en mi vida; ha sido un papel secundario, pero no por ello menos esencial. Cuando he querido saber por qué suceden las cosas, he terminado encontrando un muro, un callejón sin salida, solo con dirección de regreso al punto de partida.

Cuando digo que he querido saber por qué suceden las cosas, en realidad, quiero decir que he necesitado saber por qué me sucedían a mí; pero he entendido que las cosas suceden, simplemente, y nos afectan o no. Muchas veces, eso que te sucede a ti, posiblemente le esté afectando a alguien más, la misma cosa en sí, y por eso pienso que, independientemente de todo, somos susceptibles de que nos afecten situaciones que pasan y que tratemos de buscar el porqué.

«Qué mala suerte he tenido, todo me pasa a mí, hoy todo ha sido malo, no paran de pasarme cosas»… Todo esto lo he pensado no una, ni dos, sino miles, millones de veces; y un día llegué a la conclusión de que había circunstancias que no eran generadas por mí, pero que me salpicaban de lleno, y debía asumirlo y no sentir culpabilidad, pena, o cualquier otro sentimiento, por algo que yo no había provocado. Sé que es inevitable, pero es la realidad.

Ante enfermedades, me he preguntado por qué; ante traiciones por parte de mis parejas he sentido culpabilidad, y me he preguntado por qué. ¿Eran mi pelo, mi cuerpo, mis aficiones? ¿Por qué?

Así con todo. Opté por crearme una coraza, pero era de papel y, aunque me resguardaba un poco, después de la lucha, quedaba arrugada y nada volvía a ser igual. Así que empecé a aplicar mi regla del 1-1-1; y no, no es el tratamiento de ninguna medicación, es una forma de ayuda para entender que, ante decisiones externas, no debes sentirte culpable ni preguntarte porqué. 1-1-1- significa: 1- surge el situación que afecta; 1- me pregunto si he sido el causante de ella; 1- si la respuesta es no, lo asumo sin culpa.

A veces, queremos entender la vida que llevamos o el comportamiento de otras personas con nosotros, pero no hay respuestas, ya que, aunque preguntemos por qué, esa respuesta no existe… A veces, la mejor respuesta es un muro alto en un callejón sin salida.

Ariana Lee

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