Semana del amor. Trabajos de los alumnos (VIII)

Good morning, my friends. How are you?

Bienvenidos de nuevo a este tiempo de lectura. ¡Leer es lo que cambiará el mundo, amigos míos!

Somnia es un punto de encuentro literario donde nos encontramos personas de todo el mundo, de todos los colores, de todas las razas, religiones y opiniones. La literatura nos une. Es una de esas fuerzas elementales que convierte a los humanos en hermanos, que traspasa barreras y fronteras, que alcanza los corazones incluso más escondidos y vence las resistencias más férreas. Somnia es una línea que nos conecta nuestras mentes a través del poder invisible de la palabra escrita. Bienvenidos, hermanos en la literatura. Hoy es un nuevo día. ¡Gloria a la Palabra!


No hemos terminado, ni mucho menos, el repaso a los relatos y escritos sobre el amor de mis alumnos del Curso de Escritura Novelística Libre. La verdad es que han producido textos tan interesantes, que para mí y para vosotros, queridos lectores, este momento es ciertamente único. Para mí, porque estoy orgulloso de su creatividad y la altura de su sentimiento y emoción. Para vosotros, porque veis aquí que el talento está bien repartido por el mundo, en personas reales, como vosotros, como ellos, y que hay muchas historias apasionadas aún por contar, y que están a vuestro alcance.

Seguimos, pues, con nuestra larga Semana del amor, que ya es sin duda el Mes del amor.


Recorremos hoy la octava estación de este trayecto del amor. Si queréis leer las entregas anteriores, solo tenéis que seguirle la pista al siguiente enlace, que os llevará a disfrutar de los trabajos ya publicados, y a sorprenderos con la desbordante variedad y novedad continua del amor y del desamor:

http://somniablog.com/2021/03/02/semana-del-amor-trabajos-de-los-alumnos-vii/

Personalmente, os recomiendo que dediquéis unos minutos a leer todos los trabajos, porque merece la pena recorrer el encuentro, la pasión, el nacimiento, la desidia, la ruptura, la espera, el miedo, la chispa, y todas las sensaciones relacionadas con las relaciones personales, y las historias que hay detrás de ellas.


Hoy tengo la alegría de traeros el trabajo de Teresa García, alumna mexicana, que nos trae un relato íntimo, de dolor, superación y liberación, que seguramente os va a llegar hasta el corazón. Espero que os guste. Como siempre dejad un » me gusta» y si queréis también algún comentario, que os aseguro que llegará hasta ella y que lo agradecerá. Que lo disfrutéis.

<<Te digo adiós

Éramos unos niños cuando nos conocimos. Tú tenías quince y yo doce. Nos vimos, decidiste hablarme primero. Recuerdo que no te tomé muy en cuenta, pero insististe en que jugáramos en aquel futbolito, aunque yo no tenía idea de cómo hacerlo. Me seguiste buscando hasta que nos vimos ese día, tú arriba del andén del ferrocarril, yo caminando al lado de mi mamá, cuando nuestras miradas se cruzaron. ¿Cómo no recordarlo si en ese momento todo a nuestro alrededor oscureció, y tan solo éramos tú y yo, iluminados por esa luz que nos decía que éramos almas gemelas, que ya nos conocíamos de tiempo atrás y que volvíamos a encontrarnos? Tan solo éramos unos niños, pero parecía que nuestras almas sí lo sabían.

Acepté ser tu novia, aun con el terror de que se enteraran mis papás y me molieran a golpes. No lo hicieron, pero me tenían encerrada para que no te viera. “Eras mal influencia, no eras un chico de bien”, decían. Yo sabía que eso no era cierto, pues fuiste el primero que me trató bien y con amor. Yo solo conocía gritos, maltratos, que me hicieron sentir que era una carga, nunca un cariño ni un abrazo, pero tú me enseñaste el significado de la palabra amor, y ya no me sentía perdida. Por fin alguien me amaba, por fin le importaba a alguien y yo lo hacía feliz, aunque no llegamos siquiera a tocarnos las manos. ¿Para qué pensar en un beso? Jamás, yo era una niña.

Era esa clase de amor que pocos seres llegan a sentir. El primer amor para algunos; para mí, el único.

Pasaron muchas cosas buenas y malas; recuerdo como si fuera ayer la última vez que nos vimos, te miré enojada ya que estabas conversando con otra y ella te pregunto por qué, ya no quise escuchar la respuesta que le diste y me fui.

Ya no volví a saber de ti, hasta que meses después pregunté y lo que escuché me dejó en shock. No lo quise creer, no dije nada, corrí a preguntar a quién te conociera y la respuesta fue la misma.

No lo podía asimilar. Tu familia te podía llorar, se podían apoyar entre ellos, yo no. A nadie le podía decir que todo a mi alrededor se había resquebrajado. A solas lloraba tu ausencia. Nunca volvería a verte físicamente. Mi alma gritaba en silencio, apretaba los labios para que tu recuerdo no se escapara. Pensé en alcanzarte, allí donde estuvieran, pero siempre estabas para salvarme y que no cometiera locuras. Lloraba en silencio, sufría a solas tu ausencia. Parecías no escucharme pero siempre estabas conmigo. Al ver mi dolor quisiste llevarme contigo. Yo ya no podía. La vida es injusta… yo tenía que seguir adelante y, aunque siempre te lloré, tuve el valor de pedir ayuda para no darme por vencida. Aun así, nadie entiende esos sollozos que de repente salen de lo más profundo de mi alma, ni nadie entenderá jamás que, cuando tu moriste, murió contigo el amor, y mi vida quedo destrozada. ¿Cómo reconstruir lo que se hizo trizas? ¿Cómo evitar que me duela cada respiro? Dime, ¿cómo le hago para seguir viviendo con este dolor?

Sé que jamás habrá respuestas que calmen este sufrimiento, nadie podrá llenar ese vacío que dejaste al partir, de nada sirvió tanto dolor. Llevo cuatro vidas detrás de ti, cuatro vidas en las que te ha dado por escapar de mí, cuatro vidas llenándome de heridas, cuatro vidas sin saber por qué te alejas de mí; quizás es porque no sientes lo mismo que yo. Lo que no entiendo es tu silencio, cada dos de noviembre que venías a verme no me lo explicabas, solo decías que no era mi culpa y que era una decisión tuya, que tu tiempo había terminado; me abrazabas, me tomabas de la mano y eso calmaba un poco tu ausencia, pero no llenaba el vacío.

Decidiste marcharte para no regresar. Lo acepté, pero me costó mucho trabajo y algo de tiempo asimilar que ya no podría tenerte.

Soy libre, por fin me libero de este sentimiento para poder abrazar cosas nuevas, no eres y nunca fuiste para mí, así que te digo adiós. Recordaré alguna vez esto y me quedaré con las cosas bonitas que pudimos vivir juntos, sin que los recuerdos me atormenten. Te digo adiós para que tú también seas libre, te digo adiós para que encuentres el amor, te digo adiós para no buscarnos en el tiempo y volver a encontrarnos, te digo adiós para encontrar al amor que me corresponde.

Te digo adiós…>>

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