Semana del amor. Trabajos de los alumnos (IV)

Buenos días, amigos. Good morning, my friends.

Esta semana ya va para quince días, pero así somos los escritores: somos hechiceros que modificamos incluso el tiempo a nuestro gusto. Hemos aprendido las artes arcanas de la magia más poderosa, la de viajar en el tiempo y en el espacio, la bilocación, incluso la multilocación, y el secreto de penetrar en todos los corazones y conocer todas las mentes.

La semana del amor, pues, continúa. Hemos tenido la fortuna de sumergirnos ya en varias formas de amor y desamor, todas ellas presentes en la experiencia humana casi universal.

En primer lugar, leímos el relato de Rocío Llamas, que, acorde con su precioso apellido, nos trajo pasión y fuego. Podéis leerlo aquí:

http://somniablog.com/2021/02/13/semana-del-amor-relatos-de-mis-alumnos-i/

Luego tuvimos a Ana López, que nos deleitó con un amor tan puro y protector como el de una madre:

http://somniablog.com/2021/02/17/semana-del-amor-trabajos-de-los-alumnos-ii/

Y hace unos días, Mari Cortés, sevillana de pro, nos entristeció el alma con su particular visión de la ausencia, la ruptura y la nostalgia del amor que ya no está:

http://somniablog.com/2021/02/18/semana-del-amor-trabajos-de-los-alumnos-iii/

Hoy toca leer el intenso relato de Miren Ribera. Relájate, coge una taza de café caliente, ponte cómodo y déjate llevar. Te aseguro que los horizontes de este nuevo mundo te envolverán cálidamente.

<<LISA

Muchas veces no nos damos cuenta del gran poder de manifestación que yace en cada uno de nosotros. Como bien dicen, creer es crear. Todo lo que se ha creado y construido estuvo primeramente en la mente de una persona. Y no solamente se limita a un ámbito en concreto, sino que es algo que se puede aplicar a cualquier ámbito, hasta el amor. 

Así ocurrió con la historia de Lisa, quien soñaba con encontrar pareja, en concreto alguien de su mismo sexo, otra mujer. 

Jamás olvidará el día 25 de febrero de 2018, un domingo que fue a caminar con un amigo suyo y le contó cómo se imaginaba que podría ser su futura novia. Aquel día escuchó una de sus canciones favoritas de amor de Stevie Wonder, llamada Do I do, cuyo significado sería “Lo hago”. En esa canción, Stevie hablaba de que no le importaba tener que esperar con tal de encontrar a esa mujer que le daría la oportunidad de formar parte de lo que sería un romance de verdad.

Así se sentía Lisa, quien nunca antes había tenido novia, ya que todas las chicas de quienes se había enamorado eran heterosexuales o ya tenían pareja. Debido a eso, llevaba un buen tiempo esperando a que un día por fin apareciera una mujer como la que ella se había imaginado, como la que cada día se imaginaba. De mientras, iba escuchando canciones de amor que contenían palabras y sentimientos con los que se sentía identificada. Cada día escuchaba canciones de amor, pero del 25 de febrero de 2018 nunca se olvidará porque ese fue el día que descubrió una de sus canciones favoritas, que escucha todos los días. 

Lisa era una chica que tenía bastantes ideas sobre lo que le gustaría hacer en un futuro, pero le costaba tomar acción porque veía muchas opciones y posibilidades de llegar a sus objetivos. Ella se imaginaba que su novia también sería una persona emprendedora pero con más facilidad para tomar decisiones, lo cual la ayudaría enormemente. Se imaginaba a una mujer que no tuviera miedo de derrumbar los obstáculos que hicieran falta con tal de cumplir sus metas, siempre con sensibilidad y sin perjudicar a nadie por el camino. Ella sabía que quería una relación en la cual las dos se ayudaran y apoyaran mutuamente en su desarrollo personal y profesional, sin dejar de lado las relaciones sexuales. 

A Lisa le apasionaba viajar, y aunque no había hecho muchos viajes sola, lo tenía como un reto. Por eso, en verano decidió aventurarse a vivir un viaje en solitario, y tomó la decisión de comprar un vuelo hacia Almería, ya que hacía tiempo que quería bañarse en aquellas playas de ensueño. El sol y el mar eran lo suyo. 

Durante su estancia en Almería, un día tomó el primer autobús hacia Las Negras, un pueblecito pesquero bastante turístico en verano, caracterizado por su playa de piedras oscuras. El nombre de Las Negras le llamaba la atención porque así era el prototipo de mujer que deseaba que fuera su pareja. 

Una vez bajó del autobús en Las Negras, empezó a deambular sin rumbo, esperando ver o escuchar algo que le llamara la atención, ya que sabía que aunque el pueblo fuera pequeño, siempre se podía llegar a sorprender. De repente, comenzó a escuchar una música que captó su atención, haciéndole cuestionar de dónde provenía, por lo que no se detuvo, escuchando cada vez la música más fuerte, hasta que llegó a un bar. Lisa no acostumbraba a ir a bares sola, pero como en Las Negras nadie la conocía pues entró para tomar algo y escuchar la música más de cerca. 

– ¡Hola guapa! ¿Qué te sirvo? – dijo una mujer de piel canela, con el cabello un poco ondulado y una mirada penetrante.

– Pues… ponme una horchata fresquita si puede ser – respondió Lisa, dudando de lo que quería.

– Claro que sí, ahora la tendrás.

Lisa se sorprendió, ya que no esperaba que la atendiera alguien de esas características. Empezó a sentirse nerviosa y fascinada al mismo tiempo, sin saber qué cara iba a poner si esa mujer se la volvía a aparecer, aunque fuera solo un instante. Enseguida vino un chico a traerle la horchata que había pedido, y se preguntó dónde estaba esa mujer, ya que desde la mesa donde se había acomodado no la escuchaba ni la veía, y entonces pensó que se debía a que había bastante gente en el bar y la música se escuchaba un tanto fuerte. Se puso a pensar en cómo iba a reaccionar si la volvía a ver cuando quisiera marcharse, y se puso a buscar a qué hora salía el autobús de vuelta a Almería, y cuando vio que el próximo autobús salía la mañana siguiente, se comenzó a preocupar todavía más porque no sabía dónde se podría quedar a dormir, sin duda se arrepentía de no haberlo mirado con antelación.

Debido a su situación inesperada, decidió esperarse hasta tarde para preguntar al dueño del bar si conocía algún alojamiento cercano. Pensó en que era mejor esperar a que sus nervios se calmaran y la mayoría de la gente se fuera, ya que mientras menos gente hubiera, menos nerviosa se sentiría. Pasaron las horas, y Lisa lamentaba no haber ido a la playa a bañarse, pero pensó en que no tendría otro remedio que ir si no encontraba ningún lugar donde alojarse, y también tenía esperanza en que por la mañana podría disfrutar de un buen baño si hacía un día soleado.

A medianoche, Lisa se sentía cansada y tenía ganas de irse, pero esperaba pacientemente a que alguien le dijera que se tenía que ir porque iban a cerrar. Ya no había tanta gente dentro del bar, y fuera había pocas personas.

Seguidamente, escuchó una pequeña conversación entre aquella mujer que le había parecido tan enigmática y otras personas que había fuera del bar:

– Arabia, ya nos tenemos que marchar. ¿Qué día es el concierto para que vengamos a echarte una mano?

– Pasado mañana, con que estéis aquí a las cuatro de la tarde ya me viene bien. ¡Buenas noches, amores!

– Buenas noches, cuídate.

Al ver que todos se habían marchado y sólo quedaba esa mujer, Lisa se preguntó qué le iba a decir y cómo iba a explicar su situación, y también tenía miedo de hacer el ridículo.

– Cariño, ¿qué haces todavía por aquí? – la interrogó esa misteriosa mujer.

– Pues… estaba esperando a ver si veía al dueño del bar para contarle mi situación – respondió Lisa.

– Yo soy la dueña de este bar, cuéntame.

– ¿Ah sí? No lo sabía… Lo siento por hacerte esperar siendo tarde. Ahora te pagaré la horchata que me he tomado hace rato. ¿Eres Arabia?

– Sí, me llamo Arabia, ¿y tú? No te preocupes, venga, explícame tu situación.

– Yo me llamo Lisa. Pues estoy alojada en un hostal en Almería, y vine a Las Negras a pasar la tarde, pero como el bus de vuelta no sale hasta mañana, no sé dónde alojarme. Si no hay ningún hostal ni hotel por aquí cerca, supongo que me tendré que ir a la playa o a la estación a pasar la noche.

– No te compliques tanto, muchacha. ¿No crees que es muy tarde para buscar alojamiento para estarte solamente unas horas?

– Pues sí, tienes razón… es demasiado tarde. Supongo que me toca apechugar e irme a la playa e intentar dormir un poco. – dijo Lisa lamentándose.

– O si quieres puedes venirte a mi casa y hacerme compañía junto con mi perrita. – contestó Arabia.

– ¿En serio? Muchas gracias, de verdad… ¿Entonces vives sola? ¿A cuánto vives del bar? – preguntó Lisa, totalmente sorprendida, sin poder creer lo que terminaba de escuchar.

– A cinco minutos en coche. Por el momento estoy bien viviendo sola.

– ¿Y todos los días cierras a medianoche o más temprano?

– Suelo cerrar a medianoche excepto los días que hay concierto.

– Ah vale, entiendo… Aquí tienes lo que te debo de la horchata. La verdad que me encantaría quedarme más días para poder asistir al concierto.

– Gracias cariño. ¿Y por qué no puedes quedarte más días?

– Pues porque tengo el vuelo de vuelta pasado mañana.

– ¿Y no puedes atrasarlo?

– Pues no sé si es tarde o si me resultaría muy caro.

– Todavía tienes un día para mirarlo y decidirte. Venga, vámonos.

Lisa no se podía creer dónde iba a pasar esa noche. Arabia parecía ser el tipo de mujer con quien ella había estado soñando durante tanto tiempo. No solamente le resultaba muy atractiva físicamente, también le atraía su voz dulce y suave, y el hecho de que era una mujer emprendedora e independiente. Ella deseaba quedarse más tiempo en Las Negras con tal de conocer mejor a Arabia y pasar más tiempo con ella, pero no sabía si se lo podría costear y si sería muy arriesgado. También tenía miedo de resultar ser una molestia para Arabia, ya que Lisa se consideraba bastante torpe para ciertas tareas.

– ¿Dónde voy a dormir? ¿Y cuánto tengo que pagarte por este gran favor que me estás haciendo? – preguntó Lisa.

– Pues dormirás en mi cama conmigo, y tranquila mujer, no me tienes que pagar nada, yo te invito. – contestó Arabia.

– Ay, muchas gracias… nunca antes había estado en una situación parecida, y me siento afortunada de haber conocido a alguien como tú, que sin conocerme de nada me ha invitado a pasar la noche a su casa.

– Gracias a ti por haber decidido entrar a mi bar a pasar la tarde. Ya verás como disfrutas el tiempo que te quedes aquí.

– Ya lo creo, ya… sin duda me encantaría quedarme más tiempo pero económicamente me va algo justo…

– ¿Ah sí? ¿A qué te dedicas?

– Pues tengo un blog y trabajo online como freelancer, por lo que mis ingresos no son muy estables.

– Veo que también eres emprendedora como yo, seguro que si te sigues esforzando mejorarás. Sé positiva.

– Sí, eso espero. ¿Trabajas sola en el bar?

– La mayor parte del tiempo sí, algunos días vienen unos chicos a ayudarme.

– Pues la verdad que te admiro, me imagino que se necesita mucha energía para eso.

– Por supuesto, cielo.

Ya en la cama, antes de dormirse, Lisa pensó que lo mejor era ser transparente para sacarse de dudas:

– ¿Puedo preguntarte algo?

– Adelante.

– ¿Tienes pareja?

– Hace poco tuve pareja, pero por ahora estoy bien soltera. ¿Por?

– Verás, debo sacar esto que llevo dentro porque me gusta ser transparente desde el principio. Desde el primer momento que te he visto me he sentido fascinada por ti. Hace tiempo que me imaginé que conocía a alguien como tú, y siento que por fin la he encontrado. Una mujer atractiva, luchadora, independiente y generosa. Me gustaría que nuestra relación fuera algo más que una amistad, creo que nos podemos aportar bastante la una a la otra tanto personalmente como profesionalmente. – expresó Lisa, apunto de derramar lágrimas.

– ¿Entonces te gusto?

– Pues… la verdad que sí. Quizás sea muy precipitado, pero sentí que debía expresar lo que siento. Te amo.

– Has hecho bien, cariño. A mí me gustan los chicos y las chicas, ya iremos viendo cómo va la relación.

– Me comprometo a dar lo mejor de mí. Aunque no viva aquí cerca de ti y aunque seas mayor que yo, creo que para el amor no importa la distancia ni la edad ni la raza. Hace mucho tiempo que he esperado este momento…

Y dejándose llevar, Lisa empezó a acariciar a Arabia por el cuello y la espalda, mientras recordaba las letras de aquella canción llamada Piel canela:

Que se quede el infinito sin estrellas

O que pierda el ancho mar su inmensidad

Pero el negro de tus ojos que no muera

Y el canela de tu piel se quede igual

Si perdiera el arcoíris su belleza

Y las flores su perfume y su color

No sería tan inmensa mi tristeza

Como aquélla de quedarme sin tu amor>>

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