Condena del siglo XXI

Un mundo condenado, una sociedad enferma.

Este mundo que pone por delante haberse operado los labios o salir en la televisión mostrando las vergüenzas, que escribir un buen libro, edificar una catedral o criar una familia con el sudor callado de la frente, merece que toda su alegría se convierta en llanto, que todo su orgullo se convierta en humillación, que toda su artificial comodidad se convierta en esclavitud, que toda su satisfecha satisfacción se torne en duelo y en quebrantos.

Ya el verdugo asoma su perfil a lo lejos. Ya la destrucción se adivina en el horizonte. Ya la muerte amenaza silente desde la sombras. Pero ellos siguen sin darse cuenta. Ellos siguen enfangados en su indolencia, en sus vicios y en sus autocomplacencia egoísta.

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