El barón y el Poeta loco. Trabajos de los alumnos (VIII)

Buenos días, amigos del mundo. Good morning, my friends. 早上好,朋友.

It’s time to read! ¡Es hora de leer! No dejéis que las tristezas, preocupaciones o agobios de la vida os aparten del camino que os llevará hasta la sabiduría y la plenitud interior. Cuando sintáis las ganas de tumbaros y dejar que todo pase, recordad que solo tenemos una vida para vivir; y que, aunque todo se derrumbe, mientras nos conservemos a nosotros mismos podremos seguir encontrando una razón por la que seguir viviendo. Una de esas razones, quizás no la más importante, pero valiosa, por supuesto, es leer las grandes historias que se han escrito, dejar volar nuestra imaginación, aprender de los hombres y mujeres que han venido antes que nosotros, e hinchar nuestra alma con ese aroma enriquecido que ellos nos dejaron impregnado en las páginas de los libros (también en los electrónicos).

Volvemos con otra entrega de esta locura que nos ha entrado en el Curso de Escritura novelística libre: la locura del Poeta loco. Recordemos que podéis leer el relato inacabado “El barón y el Poeta loco” en mi blog, en una publicación del día 22 de diciembre pasado. Aquí os dejo el enlace de ese reto, os recomiendo que leáis esta entrada antes de continuar:

http://somniablog.com/2020/12/22/el-baron-y-el-poeta-loco-proyecto-de-curso-de-escritura/

Les dije a mis alumnos: «Terminadlo si podéis». Creí que se asustarían, pero no lo han hecho. Hasta la fecha, Álex, Óscar, Rosa, Matty, Ruth, Miren y Pilar ya han dado su versión del final del cuentecillo sobre “El barón y el Poeta loco”. En efecto, primero trajimos al blog el trabajo de Álex Padrón. Podéis leer su excelente continuación de este texto en este enlace:

http://somniablog.com/2021/01/08/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-i/

Días después, contamos con la participación de Óscar Green. Lo podéis recordar en este enlace:

http://somniablog.com/2021/01/11/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-ii/

Días más tarde, pudimos disfrutar del trabajo de Rosa. Aquí podréis leer su relato:

http://somniablog.com/2021/01/14/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-iii/

Luego llegó el relato de Matty. Aquí podréis leerla a ella también:

http://somniablog.com/2021/01/20/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-iv/

Tuvimos luego la aportación de Ruth, a leer aquí:

http://somniablog.com/2021/01/22/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-v/

Hace unos días, tuvimos la suerte de leer el relato de Miren:

http://somniablog.com/2021/01/24/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-vi/

Por último, os presenté el final que imaginó Pilar:

http://somniablog.com/2021/01/25/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-vii/

Hoy, por supuesto, ha llegado el momento de una nueva entrega…

¿Quién nos trae hoy su propia versión del final de «El barón y el Poeta loco»? Ni más ni menos que nuestra amiga de México, Teresa, que se ha animado y ha preparado un texto que tiene algo que decirnos. Como siempre, animadla y dejadle un me gusta. Leed con atención, porque Teresa nos habla de una verdadera y auténtica conversión del alma. Parece que nuestro Poeta loco es capaz de ir mucho más allá…


<<El maestro no volvió ese día. Nosotros, sin saber qué hacer, nos mirábamos. Procedimos a seguir con nuestras labores. No hablábamos, todo lo hacíamos en silencio, esperando ansiosamente la llegada del maestro. Nos preguntábamos dónde estaría, pero no podíamos evitar pensar en Aerlis. ¿Qué estaría pasando con él? ¿Seguiría en buen estado?

Mientras tanto, el poeta loco seguía caminando, durante toda la noche seguía inspirándose para escribir un poema más, y cuando ya lo tenía dirigió sus pasos al campamento donde estaban los ladrones. Cuando llegó ante ellos lo recibieron con una andanada de gritos y de insultos soeces, burlándose de la situación en que se encontraba, mientras golpeaban a Aerlis, quien con mucho dolor pedía que pararan, ya que el maestro ya había llegado por él; que negociaría su libertad. Total, ya le habían despojado de la túnica.

El poeta loco pidió hablar con el jefe de los ladrones para negociar la libertar de Aerlis, quien nada más lo miraba con ojos suplicantes, para que no lo dejara a merced de los ladrones y lo liberara. Cuando el poeta loco estuvo frente al jefe, le preguntó qué era lo que deseaba si ya le había despojado de la túnica a Aerlis. Él soltó una sonora carcajada y le espetó que lo único que quería era divertirse y ver que más tenía para quitarle. El poeta loco ló miro y dijo:

-Lo único que tengo y lo más preciado es un poema. Nunca los vendo, así que te lo doy a cambio de la vida de Aerlis.

Sabiendo de la fama del poeta y que podría obtener una buena ganancia, el bandido aceptó, no sin antes hacer que él lo declamara ante sus secuaces para que escucharan y vieran el valor de tal poema.

Una vez que hubo empezado, los ladrones comenzaron a gritar, a insultarlo, pero poco a poco cayeron rendidos ante las palabras del poeta loco, hasta que quedaron en silencio absoluto; solo se escuchaban los ruidos del bosque; estaban como hipnotizados. Soltaron a Aerlis, quien cayó de rodillas todo lastimado. El maestro fue hasta él y lo levantó. Le preguntó al jefe de los ladrones si ya había sido suficiente y si se lo podía llevar. El ladrón aún estaba bajo el influjo del poema, y murmuró unas cuantas palabras, permitiendo que se lo llevaran.

Aerlis, agradecido, pidió perdón al maestro por su accionar, y el maestro aceptó sus disculpas, no sin antes reprenderlo por lo que había hecho.

Por primera vez el poeta loco mostró lo que realmente era ante Aerlis. No nos contó todo lo que había conversado, eso lo guardó para él, pero por lo poco que nos dijo entendimos que lo había cambiado, ya no era el mismo; aunque insistimos en que nos relatara lo que habían conversado, él no cedió, solo dijo lo que acabo de contar, pero de las palabras del maestro solo nos dijo:

–Las personas son tan variadas de sentimientos que no podemos entender cómo llegan a tener sentimientos tan putrefactos o cómo llegan a ser capaces de un amor tan sublime por el otro, que a veces es mejor ser un poeta loco.

No dijimos nada, poco entendimos, pero Aerlis no volvió a ser él. No era que actuara como el maestro, pero tampoco volvió a hacer alarde de lo que poseía o a ambicionar algo más. Tampoco seguimos insistiendo en lo que había conversado con el maestro, ya nosotros habíamos aprendido mucho de los pensares del poeta loco>>.

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