Marcha atrás hacia el agujero

<<—Cuénteme usted qué siente, qué le inquieta —dijo el psicólogo, mientras se sentaba tras su mesa, sin mirar ni siquiera al paciente.

Este, un tanto cohibido, no sabía qué hacer con las piernas y las manos. Al final, cruzó las cuatro unas sobre otras, tragó saliva y comenzó su relato. «Para eso he venido», pensó. «Así que vamos allá».

—Tengo un sueño recurrente, que me sume en una profunda inquietud, como usted dice. Verá, no sé de dónde vendrá un sueño como este, porque nunca me ha sucedido nada igual, pero cuando lo tengo me despierto aterrorizado. Últimamente se repite demasiadas veces. He pensado en acudir a adivinos, a brujas… pero al final he decidido someterme a este tratamiento.

—Ha hecho usted muy bien, amigo. Los sueños son a menudo meras construcciones pasivo-obsesivas de nuestro cerebro primitivo o nuestro subconsciente que nos muestras nuestras pasiones y terrores, pero que no tienen ningún valor predictivo. Son elementos interiores, no exteriores. Son agentes de autocomprensión. Seguramente, tiene usted algún tipo de trauma o de represión que viene del pasado y que necesita usted que salga a la luz.

—Pero entonces, ¿quiere decir usted que este sueño representa algo que tengo dejar salir, algo así como una especie de secreto que no quiero reconocer y que trato de ocultarme a mí mismo?

—Bueno, yo no lo diría exactamente así, pero si a usted le vale… sí, algo que dejar salir.

—Pues no lo entiendo, pero vale, trataré de que salga—. A ver, voy a empezar.

—Empiece —le animó el psicólogo.

—Empiezo —terció el paciente—. Verá, el sueño tiene variantes pequeñas, entre unas noches y otras, pero casi siempre las cosas más importantes son las mismas. Ya, bueno, voy a empezar de verdad, no hace falta que me haga gestos. En fin, quizás a usted no le produzca nada, pero a mí me aterroriza. Y no es que tenga miedo a conducir, entiéndame. ¡Me encanta conducir! Incluso creo que se me da muy bien. Modestamente, creo que tengo un don para la conducción de vehículos. Soy capaz de prever los problemas antes de que pasen, no sé si me entiende. Jamás he tenido un accidente. No sé si es por eso que me mente “sucosciente” o como diga usted se rebela ante esta perfección, no lo sé… En fin, ya está usted para dar interpretaciones. Yo solo sé que me duermo, y entonces sueño que voy en un coche. Ya sabe, un coche normal. No tiene por qué ser el mío. De hecho, nunca es el mío. Aunque a veces voy yo conduciendo, otras veces va otra persona, incluso en alguna ocasión iba mi padre. Lo que sucede entonces es que, de una u otra forma, antes o después, la carretera empieza a ser cada vez más difícil. Y no crea que me caigo por un precipicio o me salgo de la carretera. ¡Qué va! A mí esas cosas no me pasan ni en las pesadillas. El problema es que la carretera se empina. Ya me entiende. Comienza a haber cuestas. Una pendiente increíble, terrible, imposible de subir. Y aunque acelero a tope, el coche no sube. Entonces miro hacia atrás y veo algo que me pone los pelos punta. Fíjese que se me eriza el vello incluso ahora que lo pienso. ¡Vaya si se me eriza, mire! Mire cómo tengo el vello del brazo. Madre mía, es que se me revuelven las tripas al contarlo. Vale, vale, ya voy… Perdone, es que me pierdo. Pero, claro, ¡me da tanto terror! Bueno, el caso es que miro hacia atrás y veo cosas diferentes. Unas veces veo un lago, o un mar, o un pantano, no sé lo que es, pero es agua, mucha agua, y agua muy oscura, ya sabe, como si fuera casi negra, como si no tuviera luz ninguna, y fuera muy profunda. Eso sí me da pánico, ¿sabe usted? Yo creo que esto, y en otra cosa que voy a decir ahora, es lo que tiene que salir, aunque no sé qué quiere decir con eso. Bueno, en fin, que veo una gran masa de agua oscura. O bien, y esto es peor aún, veo un agujero profundo, negro como una noche de invierno sin luna ni luces de nada, y parece que me voy a caer al agujero, pero pienso «Bueno, pues me caeré y punto», pero entonces me doy cuenta de que el agujero está como forrado, ya sabe, cubierto por todas partes, de telarañas, y hasta me parece que veo una o dos patas de una araña ahí, esperando, en lo más tenebroso; y entonces sí que me vuelvo loco de pavor, y comienzo a darle al acelerador a toda caña, y a veces hasta grito y todo. Aprieto y aprieto, pero el coche no sube. Antes bien, pareciera que en lugar de subir, cada vez que piso el pedal, el coche se acercase más y más al agujero, o al agua, que da igual. Miro para todos lados pero no hay ayuda posible. Y yo pienso «Pero si soy un buen conductor, y mi coche no está averiado, ¿por qué no logro subir esta maldita carretera?». Pero nada, que acelero, pero el coche ya ni siquiera responde, y me deslizando poco a poco hacia atrás, cayendo sin remedio, hasta que lo que sea me devora. Y entonces me despierto. Y ya tengo un día de mala muerte, ya me entiende, porque veo en todas partes ese agujero o ese lago. Desde hace meses ya no me acerco a pescar al río, para que el coche no se deslice como una pastilla de jabón hasta lo profundo, a pesar de que sé que solo es un sueño. Y cuando veo la madriguera de una araña, ¡por Dios, si me dan retortijones en el estómago! Las mataría a todas si pudiera. Y eso que tengo una en mi habitación de esas de los techos, ya sabe, que en mi pueblo las llamamos «morgaños», que me hace mucha compañía. Incluso le tengo puesto nombre. Se llama Pelusa. A esta no la mataría, pero al resto sí. Me parecen tan repugnantes…

El psicólogo reprimía la risa a duras penas. Miró al suelo y se calmó. Luego le hizo unas cuantas preguntas más para fingir que le importaba y dio por finalizada la sesión, emplazando al paciente para la siguiente semana.

El paciente salió a la calle, donde todavía brillaba el sol. Entonces una nube de terror ensombreció su rostro. Buscó su coche, aparcado en la otra acera, y se dio cuenta de que la calle era una gran cuesta, y que su coche miraba hacia arriba>>.


¿Qué crees que pasa después en el relato? ¿El paciente coge su coche, y conduce sin problemas hasta tu casa? ¿Se abrirá, por el contrario, la tierra, y brotará abajo del todo un manantial que inundará el barrio de agua? ¿O saldrá una araña gigante que se comerá a nuestro conductor con coche incluido? ¿Quizás el paciente simplemente opte por regresar a su hogar caminando?

Dame tu opinión aquí o en mi página de Facebook (Jaime Arias Escritor).

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