El Barón y el Poeta loco. Trabajos de los alumnos (III)

Buenos días, amigos. Good morning, my friends. 早上好,朋友。Bonjour les amis.

Este jueves nos trae nuevas sorpresas. Cada día es una nueva aventura que merece la pena vivir, aunque algunas terminen en desastre y otras simplemente se cierren con los párpados que caen, a medio realizar, como la vida misma. Carpe diem, que decían los romanos. ¿Y qué mejor manera de aprovechar el día que leer un buen texto que nos haga volar hasta una dimensión desconocida y sorprendente? Como niños que se disfrazan y creen ser aquello que representan, así también nosotros leemos y nos dejamos llevar por la lectura, como si el único mundo real fuese el de las letras.

Antes de Navidad, propuse a mis alumnos del Curso de Escritura Novelística Libre un reto muy especial: continuar el relato “El Barón y el Poeta loco”, publicado en mi blog el día 22 de diciembre pasado, y darle su propio final.

Aquí os dejo el enlace de ese reto, os recomiendo que leáis esta entrada antes de continuar:

http://somniablog.com/2020/12/22/el-baron-y-el-poeta-loco-proyecto-de-curso-de-escritura/

Tengo la inmensa fortuna de contar con alumnos que no se achantan ante las dificultades, y que se atreven con las mayores aventuras. No es fácil el reto que les lancé, puesto que el Poeta Loco es una invención muy personal y un personaje indescifrable que nació de mi amor por cierto género de vida, si se quiere, errante, y por la poesía encarnada en la vida; o mejor decir, la literatura hecha vida. Pero Álex, Óscar y otros han respondido a la llamada, posiblemente porque ellos también sientes este mismo fuego que habita en el recóndito tabernáculo del alma del Poeta Loco. Impresionado por la calidad de las narraciones de mis alumnos, decidí darles la oportunidad de ser conocidos a través de este blog.

Ya en fechas pasadas os traje el primer trabajo de uno de mis alumnos, en este caso Álex Padrón. Podéis leer su excelente continuación de este relato en este enlace:

http://somniablog.com/2021/01/08/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-i/

Días después, contamos con la participación de Óscar Green, que nos sorprendió con un final diferente. Lo podéis recordar en este enlace:

http://somniablog.com/2021/01/11/el-baron-y-el-poeta-loco-trabajos-de-los-alumnos-ii/

Y hoy, por fin, tenemos con nosotros a Rosa, otra magnífica alumna, que nos ha preparado su propia visión del final de este cuentecito. Disfrutadlo:

<<Los primeros rayos de sol nos despertaron inquietos. Todos habíamos cedido al cansancio y la tensión de nuestros cuerpos, cerrando los ojos apenas unos minutos; o así me lo pareció. Sorprendidos y extrañados, vimos a nuestro maestro sentado junto a las brasas de una de las hogueras, ya casi extinta. Su semblante era serio, aunque no parecía preocupado por lo que a todos nos extrañaba: Aerlis no había vuelto con él. 

Ninguno nos atrevimos a preguntar, dada la seriedad de su rostro y su mirada perdida en los restos de la fogata. Empezamos a recoger nuestros pocos bártulos, a la espera de que el maestro reaccionara y nos condujera a nuestro siguiente destino, cuando vimos aparecer por el sendero del arroyo al ser más desangelado de la tierra. Era Aerlis, cubierto por un raído y sucio jubón, y con la mirada más triste y avergonzada que yo hubiera visto hasta entonces. Nada más acercarse al grupo mi maestro se puso en pie, y sin mediar palabra alguna se colgó el morral al hombro y comenzó a caminar lentamente, alejándose del campamento. Puede que fueran imaginaciones mías, pero me pareció ver un ligero brillo en sus ojos cuando Aerlis apareció. Nos agolpamos alrededor de nuestro compañero, ofreciéndole un poco de agua e increpándole curiosos sobre los hechos acaecidos durante la noche. Apesadumbrado y con los ojos a punto de romper a llorar, nos relató lo sucedido:

El maestro había aparecido en el campamento de los malhechores, guiado por los gritos de dolor de Aerlis, encontrándolos riendo y compartiendo vino, jactándose de la victoria que creían próxima. El jefe de los ladrones, conocedor de la fama del Poeta loco, sabía que un poema suyo podría reportarles buenos beneficios vendiéndolo al mejor postor. Por ello, le ofrecieron cambiar la vida de nuestro compañero por un poema escrito. El maestro, caminando entre los bandidos con aparente tranquilidad mientras escuchaba la propuesta, se detuvo y, mirando fijamente al líder de la banda, respondió:
– No
Todos dejaron de reír  al instante. Y uno de ellos se apresuró a contestar:
– Eso quiere decir que el muchacho morirá, ya que para nosotros su vida en ese caso no tiene ni valor ni interés. 
El maestro respondió con firmeza:
– Cada uno debe aprender a pagar por las consecuencias de sus actos. Y este muchacho sabrá hoy hasta dónde le ha llevado su vanidad, por creerse mejor que otros solo por llevar puesto un lindo ropaje. 
Los bandidos quedaron estupefactos ante la respuesta inesperada del Poeta loco, pero no era nada comparada con la cara de Aerlis al darse cuenta de que su vida no dependía de la compasión de otro. Quizás comprender inmediatamente esa realidad despertó su instinto de supervivencia (y una inteligencia que ni él sabía que podía tener), y rápidamente encontró una posible solución. Ya que el maestro no iba a ceder al chantaje de los ladrones le propuso comprarle el poema, a cambio de una túnica que solo le había reportado desgracia. 
– Maestro, mi maestro… he sido un idiota al pensar que mi aspecto me daba un valor que no tengo, y que la seguridad de mi vida estaba en manos de los demás. 

El poeta asintió ligeramente, sacando de su morral un trozo de papel y escribiendo en él unas frases. Se lo entregó a Aerlis, quien se despojó inmediatamente de la túnica, ofreciéndosela como quien se libera de una carga.
Sin decir una palabra más, el maestro había tirado entonces la túnica a los pies del jefe de los bandidos y se había alejado de allí, consciente de que todo lo que pasara a partir de ese momento ya no dependía de él.

Todos nos quedamos en silencio, casi sin poder creer lo que acabábamos de escuchar. Aerlis se acercó al maestro, que había detenido su marcha, e incapaz de mirarle a los ojos le entregó un trozo de papel. Era el poema que había escrito, y que el líder de los ladrones le había devuelto junto con un mensaje que nuestro compañero transmitió con humildad:
– El valor no está en lo escrito, sino en la enseñanza que de ello se consigue. 
Mi maestro guardó el papel en su bolsa, sonriendo al mismo tiempo que propinaba un tirón de pelo cariñoso a su discípulo descarriado, y pronunciaba una sentencia que nos sirvió de lección a todos.
«El camino siempre debe ser desde dentro hacia afuera, nunca al revés.>>

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