El faro y la doncella

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Hacía frío, los rayos del sol apenas iluminaban pocos metros por delante de mí, el mundo a mi alrededor parecía un sueño, y yo vagaba meditabundo a la orilla del mar, sobre rocas, arena y espuma. Entonces apareció de repente ante mí, con su impulso vertical, como una flecha a punto de ser lanzada hacia el cielo, y la punta, otrora en llamas, apagada y triste.

El faro dormitaba ciego entre la neblina del amanecer.

Me sobresalté, hundido como iba en mis sombríos pensamientos. Aquella mole me sacó bruscamente de mi ensimismamiento, como un relámpago en pleno día. Yo iba perdido sin ver otro mundo más que el formado por mis propias ensoñaciones, pero aquel mastodonte blanco me obligó a parpadear y regresar a la realidad material.

Allí estaba, sobre el rompeolas besado por el repiqueteo incesante del océano. Allí se erguía, abalanzado, abandonado, como un amante esperando la llegada de su amada. Allí se alzaba, resistiendo siempre a las tempestades, y a las pálidas y ciclópeas olas, impertérrito, inmóvil. Más de cien años hacía que unos hombres cuyo nombre nadie recordaba, pero más valientes que ningún otro que hubiera existido, se habían enfrentado a la furia del mal tiempo y las aguas para construir un prodigio de la ingeniería que seguía soportando los embates acuosos como un continente cimentado en las raíces del mundo.

Con luz giratoria, cumplía su eterna función de avisar a los navegantes de la proximidad de la costa y los bajíos. Era un amigo en la noche o en las brumas, un compañero en el camino, un guía que conocía los peligros y ayudaba a huir de ellos. Sin embargo, me sorprendió que aquella mañana estaba apagado. Alguien debía de haber extinguido aquella luz perenne, que jamás dejaba de buscar un compañero en la inmensidad del piélago.

Extrañado e inquieto, me encaminé como pude hacia aquella aspiración humana al dominio de los elementos, internándome entre las olas que se estrellaban contra las rocas y explotaban en millones de gotas de espuma, elevándose hasta el cielo como un muro blanco. Me cubrí los ojos como pude y caminé torpemente, calado hasta los huesos. Pero en medio del espigón me detuve, paralizado. Quería seguir, mas no me atreví, porque jamás, ni siquiera entre mis sueños más extraños, había imaginado que vería lo que estaba observando. Allí, tendida sobre las rocas, como si estuviera tomando el sol ausente, descansando plácidamente, había una figura femenina casi desnuda. Apenas estaba vestida por un trapo que cubría sus pechos y otro que disimulaba las formas femeninas de sus caderas. Tenía el pelo castaño, luengo como una noche de tormenta de invierno, tejido de algas brillantes, y que le caía sobre los hombros y llegaba hasta el suelo, formando una mullida cama sobre la que se recostaba, impertérrita a pesar del golpeo de las olas, de la espuma y del frío de la mañana. Sus pies desnudos estaban recogidos bajo sus piernas, sentadas de lado, y su piel era broncínea como las arenas tostadas por el sol. Tenía la cara vuelta al cielo, con los ojos cerrados. Su quietud, su armónica belleza y su color dorado contrastaban fuertemente con el rugido de las olas, la caótica abundancia de espuma y la palidez del faro.

Saliendo de mi estupor, o quizás simplemente impelido por la humedad que entraba en mis poros, quise acercarme a ella, a aquella especie de sirena sin cola, que es como mi mente soñadora enseguida la calificó, y me puse en movimiento. No bien había levantado el pie del suelo, la joven me miró y pareció asustarse, pero no huyó. Yo me quedé petrificado, creyendo que había cometido una temeridad o una grave ofensa a causa de mi interés en ver más de cerca a aquella beldad, que acaso pretendía solamente disfrutar de unos minutos de soledad, aunque me costaba comprender por qué alguien se tumbaría en un lugar tan abrupto y con un tiempo tan desapacible. Entonces ella, notando mi confusión, cambió la expresión de su rostro y me habló desde la distancia:

– ¿Dónde vas tú, caminante perdido por la inmensidad del mundo?

– Solo caminaba, sin destino ni porqué. Me sentía vacío, inquieto, y me puse en camino -respondí, sacando a la luz de mis labios pensamientos que hasta entonces no había reconocido en la oscuridad de mi corazón, mientras me acercaba despacio, como atraído por una fuerza irresistible.

– Donde quiera que vayas, más allá del faro solo hay océano sin fin y abismos sin nombre.

– No parece el mejor camino -reconocí.

– No, salvo que quieras perderte para siempre -me replicó con una sonrisa.

– En realidad, vine porque me extrañó que el faro estuviera apagado -dije-, pero me detuve al verte.

– ¿Y qué viste?

– Eso me gustaría saber.

– ¿Acaso viste a un monstruo? ¿No viste a una mujer?

– Vi a una mujer, pero más hermosa de lo que jamás había visto, sin miedo a las olas, a su furia y al frío de la mañana invernal.

– ¡Vaya, tenemos a un poeta aquí! -respondió, sonriéndome con dientes blancos como la nieve y la mirada complacida-. No me lo pareciste, ahí plantado, mojándote como un tonto. Pero ahora has demostrado tener la lengua tan aguda como tus ojos mirándome.

Me sentí ruborizado, y un poco imbécil. Quise decir algo que me excusara, pero no encontré las palabras acertadas. En cambio, ella habló por mí.

– La mirada es el privilegio de los hombres. Los oídos son el sentido de los ciegos, y el olfato es más propio de los tiburones. Por mi parte, prefiero a los humanos. Me gustan los ojos que miran y los labios que agradan.

– ¿Quién eres? -pregunté, aunque no había terminado de decirlo cuando ya me sentía incómodo, creyendo que me había excedido en mi curiosidad, y que quizás no había entendido bien a la extraña, que continuaba allí, medio tumbada, impertérrita, sin miedo de mostrar la piel oscura que cubría su cuerpo.

– Soy el mar -replicó ella.

Me estremecí sin saber por qué.

– ¿Por qué está apagado el faro? -interrogué, sacudiéndome el escalofrío.

– Yo lo apagué -me contestó, con calma-. Quiero que todos vengan a mí.

– ¿Eres la muerte?

– Soy la muerte y soy la vida, soy la luz y soy la oscuridad, soy la playa limpia y sobre el abismo sin fin. Quédate y mírame hasta que tus ojos se pierdan.

– ¿Puedo sentarme a tu lado?

– ¡Claro! ¿Por qué no? Nunca he tenido compañía cuando tomo el sol bajo las nieblas del invierno.

Esto pareció complacerla, y se movió apenas para dejarme sitio, mostrando parte de sus encantos sin ningún pudor, atrayendo mi mirada. Su piel relucía húmeda por el efecto de las gotas que caían cuando las olas se levantaban.

– ¿Por qué no te gusta el faro?

Ella me miró extrañada.

– ¡Oh no! Los faros me encantan. Quedan muy bien como decorado cuando doy una vuelta por el mundo. Son lugares encantadores, siempre arrojados sobre las aguas, como centinelas que hacen guardia y desafían al poder de la tierra y del océano, sobreviviendo allí donde todos los demás sucumben. Pero a menudo me arrancan el preciado premio de mi titánica lucha. Por eso los apago cuando estoy cerca de ellos. Es mi pequeña venganza.

Yo no podía apartar la vista de ella, de sus ojos marrones, de sus labios de corazón, de su nariz algo regordeta, de sus dientes blancos, de su mentón anguloso y armónico, de su frente despejada, de su cuello largo y esbelto como una gran ola, de sus pies pequeños, de sus hombros finos, de sus manos esbeltas, de sus pechos pequeños y con pezones negros como la noche, de su vientre plano ni de sus caderas anchas. Era como la visión dorada de un oasis en medio de las dunas ocres a la luz sanguínea del atardecer.

– Nunca he visto nada igual -dije, sin escucharme apenas.

– Puedes mirar cuanto te plazca. Pero no durará mucho, ya corre la mañana y mi hora se acerca.

Entonces nos callamos y estuvimos mucho rato así, uno frente a otro, dejando que los minutos transcurrieran, mientras la niebla avanzaba, mientras las olas rugían.

Ella alargó su mano y me tocó el rostro, con una calidez y una delicadeza infinita, como si fuera el primer ser humano que veía, como si me hubiera encontrado enfermo y desvalido a la vera del camino y me hubiera acunado en su seno para sanarme.

– Hay tantas cosas que no puedo decirte -confesó-. Eres solo un hombre, y sin embargo en la pequeña nitidez de tu chispa se esconde el secreto entero de la creación. ¡Oh si pudieras comprenderme como yo te comprendo!

– ¿Qué quieres de mí? -pregunté.

Estaba absorto, ensimismado en ella.

– No quiero nada… y lo quiero todo.

– ¿Has venido a buscarme?

– En realidad tú me buscabas a mí. Es el vacío de tu interior lo que te ha traído hasta este lugar. El faro te ha guiado, incluso sin luz, como a un náufrago perdido en la inmensidad de la superficie, sobre una tabla rota. Tú sabías, sin saber, que debías venir a mí. Y yo sabía que venías. Este momento siempre nos estuvo reservado.

– ¡Eres tan hermosa!

– ¿Por qué alabas mi belleza? ¿Por qué te gozas en mi hermosura? No es más que la cárcel que me atrapa, el disfraz que me muestra a tus ojos, dando forma visible a mi terrible y, sin embargo, magnético poder. Pero si mantienes tus ojos fijos en mí demasiado tiempo, me seguirás a las profundidades, y allí se cerrarán para siempre, y ya no habrá más luz.

– Te seguiré, si eso significa estar siempre contigo. Entonces no me importaría. Llena mi vacío con tus aguas oscuras, como llenas mis ojos con tus belleza, y mis oídos con tus palabras.

– Pero tú eres un mortal y yo una diosa. No ha querido el Hado que podamos unir nuestros cuerpos eternamente.

– Entonces toma mi alma y hazla tuya. Pero no me apartes nunca de tu lado.

– ¿Y ya no habrá más faros apagados?

– No.

– ¿Ni habrá más paseos en la niebla?

– No los habrá.

– ¿Ni tampoco escalofríos bajo la espuma?

– Eso jamás.

– Entonces ven a mí y estaremos siempre juntos.

– ¡Siempre juntos! -exclamé, embargado por un sentimiento que no podría describir.

– Arrodíllate y adórame -me ordenó.

Me arrodillé ante ella. Puso la mano en mi cabeza y me condujo lentamente hasta su seno, y puso mi cara entre sus pequeños pechos, y sentí que caía, que caía, siempre hacia abajo. Ella plantó delicadamente un beso en mis labios, cubrió mis ojos con su luengo pelo tejido de algas brillantes; veía sus pupilas pegadas a las mías, apenas a un centímetro, mientras su lengua buscaba la mía y nos fundíamos más y más, y yo seguía cayendo, siempre cayendo, y ella estaba ahí, junto a mí, siempre cayendo…

Todo se apagó.

Me interné en las profundidades.

Llegué hasta el abismo sin nombre ni forma, donde mora el silencio, donde la luz jamás penetra, donde no hay rastro de humanidad, ni risas, ni alegría, ni recuerdos ni esperanza.

Perdí la noción del tiempo.

Yo también me apagué.

Pero no me fui. No sentí dolor ni miedo ni tristeza. Sigo aquí. En el faro apagado, en la niebla de la mañana, en el paseo de invierno, en el frío de la espuma de las olas, en las rocas del espigón.

Sigo aquí, siempre aquí.

Siempre juntos.

Entretejido con las algas de su luengo pelo.

Siempre juntos.


Palabras desde el abismo:

¿Quieres saber si ya eres un poeta?

Es fácil… Los poetas siempre amamos a la persona equivocada.

Si te quedara un solo día de vida, ¿con quién te gustaría pasarlo?

Entonces ¿a qué esperas?

No sabes cuántos días te quedan…


Siempre juntos. Siempre mirando.

La música como partícipe de la belleza.

Consejos de George R. R. Martin para escritores noveles

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Hello, my friends.

Hoy no voy a hablar yo. Voy a dejar que otro hable por mí.

Sabéis que, no considerándome nadie importante, y siendo consciente de mis muchos defectos, intento ayudar a todo el que tiene inquietud por escribir. Ahí está mi Curso de Escritura Novelística Libre para demostrarlo (que podéis hacer gratis, si os ponéis en contacto conmigo). Pero otros hay que son mejores escritores que yo, y que también han hecho esta labor instructiva y generosa. Uno de ellos ha sido el autor de Canción de Hielo y Fuego («Juego de Tronos», para los no iniciados), que hace años subió su propio podcast a su página web y dio una serie de «buenos consejos para aspirantes a escritor», que luego un youtuber se encargó de subir a Youtube para que todos pudiéramos encontrarlos en la plataforma de vídeos. El podcast está en inglés, pero para aquellos que lo entiendan bien, puede ser una gran ayuda.

Martin es, por supuesto, uno de los autores más vendidos de la historia, y uno de los escritores más reconocidos y admirados por el gran público. Su conocimiento y experiencia en el medio televisivo y cinematográfico le dan también una autoridad para tratar de aleccionar a los que estamos apenas empezando sobre el arte de contar buenas historias que atraigan al lector.

Hay muchos otros autores que han dado consejos al respecto. Prometo que un día haré más artículos sobre este tema, pero hoy vamos a dejar que sea el el famoso autor de Juego de Tronos quien nos enseñe las cosas más importantes que hay que tener en cuenta para quienes aspiramos, siquiera, a parecernos un poco a él.

Os dejo el enlace a continuación.

Espero que os sirva.

LÍNEA DE FUEGO, mi regalo de Navidad

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Hola, amigos. Hello, my friends.

Ya veis que el final de 2020 está siendo al mismo tiempo duro y esperanzador. Pero la Navidad siempre nos trae momentos para recordar. Y los libros son una buena excusa para sonreír.

Ya os conté hace unos días cuál era mi lista de deseos para esta Navidad en lo que a lecturas se refería. No he tenido que esperar a la llegada de los Reyes Magos, porque Papá Noel me leyó y tuvo en cuenta que he sido muuuuuy bueno este año 2020, se pasó por una librería y me compró uno de los libros que tenía marcados en mi lista de deseos (aquí os dejo el link de mi lista de deseos, para que podáis echarle un ojo). Se trata, ni más ni menos, que de la última novela de Arturo Pérez-Reverte, Línea de fuego, una historia que transcurre en plena Guerra Civil española, en la conocida como Batalla del Ebro.

Ya he comenzado a leerlo, no me he podido aguantar. Aunque tengo otros en pleno proceso de lectura, tenía que tomarlo en mis manos y sentir su latido, ya me entendéis. Así que me dejé llevar por la pasión de los primeros encuentros, siempre llenos de sorpresas.

¿Qué puedo decir? La prosa de Pérez-Reverte sigue tan sólida, contundente y eficaz como siempre. Su facilidad para la caracterización de personajes con unas cuantas pinceladas bien tiradas permanece. Su sobriedad en el estilo, en la descripción de los decorados, intacta. Su vigor conceptual y su dominio del adjetivo, sobresalientes. No es un autor que haga concesiones al romanticismo de folletín. Le gusta el olor a sudor y el pensamiento duro, directo; el tacto de la piel y la mirada agria y descarnada de los propios personajes, como seres con rumbo propio que no tienen tiempo para detenerse a contarte sus nimiedades. La escritura tiene el ritmo justo, no te engaña con subterfugios fáciles ni te ofrece el típico cliffhanger continuo en que otros se mueven para mantener tu atención. Si quieres, sigues; si no, te vas. Pero lo haces siempre con la máxima conciencia de realidad. Lo que estás leyendo no sucedió hace mucho. Está sucediendo ante tus ojos. Es tan sencillo y predecible como excitante y sorpresivo.

No voy a hacer una reseña de este libro todavía, porque no me lo he terminado. Tengo mucho que hacer en el trabajo en los últimos días, y la familia es la prioridad también en esta época del año. No me gusta hacer reseñas de libros que no he leído, si puedo evitarlo. De modo que me guardaré de dar mi opinión global definitiva, pero lo que he leído hasta ahora me ha dejado ávido de más. Y creo que no se puede decir nada mejor de una novela, ni de otro género literario.

Si la queréis adquirir, os dejo el enlace de Amazon directo:

https://amzn.to/2Mid45J

Y en mi grupo de Telegram os dejaré en los próximos días una foto mía con el libro, para que veáis que es cierto que lo tengo.

Saludos, amigos, que tengáis una Nochevieja feliz y que el 2021 sigáis a mi lado en este viaje literario tan emocionante.

Greetings, my friends, have a happy New Year’s Eve and may you continue by my side in 2021 on this exciting literary journey.

Seguimos con el Curso de Escritura

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Buenos días, amigos. Good morning, my friends.

It’s time to write.

¿Te gustaría escribir un libro?

Te recuerdo, amigo, que en la actualidad estoy impartiendo, GRATIS, un Curso de Escritura Novelística Libre que puedes seguir a través de este blog, mediante la oportuna contraseña que yo te tengo que proporcionar.

Si te pica el gusanillo de la escritura creativa, y sueñas con escribir esa novela tanto tiempo imaginada, pero no sabes por dónde empezar, esta es tu oportunidad.

Ayer, sin ir más lejos, subí un vídeo de Preguntas y Respuestas, que ya está a disposición de todos los alumnos del curso, en el que respondo a varias de las preguntas hechas por los mismos a lo largo del tiempo que llevamos de curso.

Ya vamos por la mitad del curso, más o menos. Pero no te preocupes, porque no pasa nada si te acabas de enterar. Puedes sumarte al curso cuando quieras y hacerlo a tu ritmo. Solo tienes que escribirme un mensaje a través del formulario que dejo más abajo, o a través de mi correo electrónico, o a través del whatsapp, con el botón de whatsapp que está a continuación. Y te explicaré la forma de engancharte al curso y el contenido del mismo.

Ya hemos hablado en el curso de la condición y vocación del escritor, y de la novela y su conjunto, y estamos a punto de entrar de lleno en el método propio que yo uso y que he denominado aquí «escritura novelística libre», pero que tiene sus claves. No te pierdas nada. Aprovecha esta ocasión inigualable. Conocerás a gente maravillosa y recibirás consejos que nadie te dará por ahí. Y si vales, ¿quién sabe?, quizás pueda presentarte a un editor para que publiques esa primera novela de tu vida.

Y si quieres unirte a mi grupo de Telegram, usa el enlace siguiente, a ver si he acertado ;):

Telegram

Espero tu mensaje. No tardes. Mañana quizás ya no encontrarás esta puerta abierta.


DON NADIE EL DESEADO (XV)

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Buenas tardes, amigos del mundo. Good afternoon, my friends.

Seguimos con la historia de Paco y compañía. Si queréis leer el capítulo anterior, solo tenéis que pinchar o copia el siguiente enlace en vuestro navegador:

Nuevo capítulo de DON NADIE EL DESEADO (XIV)

Ahora seguimos con la historia. Espero que os guste. Compartid si es así.

<<Siempre, no obstante, los hechos suelen ser crueles, y muestran nula compasión con los sentimientos de los humanos. Los gritos ahogados de justicia de los desgraciados apenas traspasan sus propias gargantas. La sangre de las víctimas no cambia el curso de los siglos, y es pronto olvidada. Y, cómo no, mujer que ama presa propicia es para el desengaño.

Así fue que la súbita enfermedad de Paco, agravada por el clima y el silencio, vino a interponerse entre él y aquellas mujeres enamoradas. Podríamos hacer poesía de esto, pero sería inadecuado. Porque la descripción de la ausencia y la distancia solo puede hacerse mediante la evocación del vacío, del abismo, de la nada, el olvido y la añoranza. Y todos ellos son tópicos demasiado transitados. Toca imaginar. Que el lector ponga ahora algo de su propia creatividad.

Por lo demás, el curso del malestar no varió de lo que el médico del pueblo llamaba normal en una infección aguda. Tuvo fiebre durante un par de días, y anduvo adormilado mientras ésta perduró. Era el sueño pesado de quien está agotado: difícil descansar, y aún más difícil despertar. Transcurridos tres días, le bajó la fiebre, aunque durante un par más estuvo atolondrado. De vez en cuando le venía una fuerte tos, que parecía brotar de lo hondo del abismo, removiendo con ella todos los cimientos del mundo; tal era el ruido y la mucosidad que desprendía a cada sacudida. Pero pronto comenzó a notarse la mejoría, y en apenas dos jornadas más, Paco había recuperado el buen humor y el apetito, y la tos dejó de visitarle a cada frase que pronunciaba. Decía entonces que se sentía como un garbanzo puesto a remojo: ahora principiaba a ablandarse, y puede que pronto estuviera listo para que se lo comieran. Y se le ocurrían otras ironías, y todos se las reían, hasta el viejo, que por lo común se mostraba taciturno, pues creían que al fin había pasado el peligro. Quizá el médico considerase que era “sólo” una gripe, pero ellos sabían que el mar, cuando se adentraba en un cuerpo, solía llevarse a muchos por el camino de los pulmones. Y temían que se repitiese con él la historia, sobre todo Tomás, quien ya había visto a muchos seguir la senda de las humedades, que les nacían en el seno y acababan saliéndoles por los ojos mismos, y no sólo por la boca.

El caso es que durante el tiempo que se halló tendido y enfermo, Paco desarrolló una, desconocida para él, afición a la meditación. No hablamos de esos extraños métodos que algunos usan y enseñan para relajarse y descubrir no sé qué ignotos mundos de autodominio o autovacío, tan incompresibles para el que escribe como para aquéllos que lo defienden. Hablamos, más bien, de la ancestral y sanísima costumbre occidental de reflexionar sobre la vida y sobre cuanto nos aparece usando las humildes armas con que la Providencia nos ha dotado: análisis, sentido común y lógica. Hablamos, pues, de introspección, de “conócete a ti mismo”, pero también de “mira, ve y aprende”, de “escucha, Israel” y de sabiduría; de filosofía, al fin y al cabo. De acuerdo, no la filosofía de las academias y las cátedras, no; sino la filosofía de la vida a secas, que es al mismo tiempo maestra y fuente de todas las preguntas, y confirmatoria y negadora de todas las respuestas.

En esta pequeña afición nacida de la postración no estuvo Paco solo, ya que tuvo oportunidad de comprobar cómo también el viejo, que en su mocedad había estudiado en un seminario, frecuentaba la estación de los pensadores. No era, sin duda, alguien que respondiera al tipo de caballero bien posicionado que pasa su tiempo libre leyendo y debatiendo sobre el mundo y sus vaivenes, dando o quitando plácemes en función de tres o cuatro ideas que forman un conjunto simple y manejable de parámetros con que medir a los demás. En cambio, era una de esas naturalezas profundas que no han sido filósofos de carrera porque no han tenido otra opción que ganarse el pan con el sudor de su frente (convengámoslo, cuando el estómago aprieta, los sueños se abandonan), pero que muy bien podrían pasar por hombres sabios allí donde no hayan aún sentado plaza y mando los maestros de la sospecha y los servidores de la noticia. En fin, ni experto ni incauto, sino un término medio que, anudado a su buen humor y su fuerte y sereno carácter, componía una de las mejor acordadas orquestas del alma que yo haya conocido. Y esto era justo lo que necesitaba Paco para dar un paso más en su vida: había dejado atrás la ciudad, había encontrado la libertad, se había cansado por gusto y por rebeldía, se había dejado encandilar por el universo, y ahora ya estaba preparado para aprender a pensar. Aunque amar, por desgracia para sus cuidadoras, le quedaba todavía demasiado grande y lejano…>>

Mi tierra, mi pueblo, mi aire

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¿Qué queréis que os diga? Incluso en medio de las dificultades mayores, incluso abordado por las preocupaciones e inundado de quehaceres, siempre encuentro tiempo para salir bajo el sol de la mañana fría de invierno, y disfrutar de su solitaria y generosa grandeza. Parece que el corazón se libera de sus pesos muertos y que la mente se purifica aquí, fundido con la brisa, con los árboles silenciosos, con las rocas milenarias… Paseo vivificante en esta mañana de domingo sobre las alturas de mi pueblo, Helechosa de los Montes, del que soy un humilde heraldo. Al fondo, los montes de Toledo y el pantano de Cíjara. El gélido ambiente no ha helado mi sonrisa ni las empinadas cuestas han detenido mis pasos. Sueños sin fin de una tierra de luces y sombras, de amores y soledades, de historias y olvidos, de vida y ausencia. Tierra de leyendas, de magia y belleza. Venid, venid a contemplar sus anchuras estremecidas.

Mi lista de reproducción

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Quiero compartir con vosotros algo que tenía oculto durante mucho tiempo. Los escritores también escuchamos música. Yo suelo usar YouTube, porque ni tengo tiempo para la radio ni tampoco me gusta usar otras aplicaciones. Cosas de viejo escritor…

Tengo hecha mi propia lista de reproducción. Ni son todas las que están, ni están todas las que son, pero creo que alguna pieza os gustará. La he llamado «música para un hombre».

Os la comparto.

No perdáis mucho el tiempo en esto.

Pero si os gusta, comentad, porque os he abierto parte de mi intimidad, y no quisiera hacerlo completamente gratis.

Un beso y que paséis unos días felices, más que yo.

Feliz Navidad

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Merry Christmas!

Hoy es 25 de diciembre de 2020. ¡Menuda fecha! La Navidad de este año, tan duro, tan terrible, no puede ser como las demás. Sin embargo, celebramos lo mismo: el nacimiento de Cristo. Es decir, su cumpleaños. Aunque muchos celebran el cumpleaños sin hacer caso al cumpleañero. En fin, una tontería más de la humanidad.

Quiero desearos a todos Feliz Navidad, a los que creéis y a los que no, a los cristianos, a los ateos, a los musulmanes, a los budistas, a los hinduistas… Da igual el credo, la nación o la lengua. Os deseo felicidad a todos, con dos condiciones que son fáciles de cumplir: que os guste la buena literatura y que seáis personas de bien.

Aviso desde ya que no quiero cerca de mí a personas que no cumplan las dos condiciones. Que cada uno se aplique el cuento.

Pero si cumples ambas, eres de los míos, me da igual lo que pienses o la edad que tengas.

Ven conmigo, únete a mí en la red y celebra conmigo este día tan hermoso, mucho más importante precisamente en este año tan cabrón. Este año nos ha afectado tremendamente, ha cambiado nuestra forma de vida, nos ha destrozado planes y proyectos, y ha dejado a muchos por el camino. Ha sido un año que ha modificado la faz de la tierra y que va a pasar a la historia como uno de los peores del siglo XXI. Algún día se contará la historia de este siglo «a partir del 2020».

Pero hoy es Navidad. Hoy toca olvidar y cantar, hoy toca olvidar y sonreír. Hoy toca olvidar y tener a nuestro alrededor a los amigos, a los amores, a los familiares, y dejar que pasen las horas en la simple y gozosa contemplación y disfrute del ser y del estar. En medio de la más negra oscuridad, hay motivos para tener esperanza. La Navidad es ese día que nos lo recuerda, lo mismo que nos recuerda que la familia es esencial, que el amor es la razón de la vida, y que las palabras pueden salvarnos o condenarnos.

Os quiero a todos, amigos míos, seáis de Europa, de América, de Asia o de la Luna. Os quiero y os necesito. No me dejéis solo nunca.