Ella está junto a mí

Ayer, mientras paseaba por el barrio con mi perra, encontré tirada en el suelo una nota manuscrita que me produjo una gran emoción. No sé quién pudo haberla dejado abandonada por el suelo, aunque debía de proceder de una obra cercana, pues estaban reformado una casa vieja y habían sacado todas las pertenencias y muebles, para transportarlos en un camión. La trascribo tal cual la encontré, temblando todavía, viéndome fielmente reflejado en sus palabras, como si yo mismo hubiera sido trasladado a un futuro en que estos sentimientos me dominaran. Ni yo mismo habría sabido decirlo mejor.

En homenaje a quien la escribiera y a su madre…

<<Escucho a Samuel Barber sentado en mi despacho. Miro hacia el horizonte. El viento sopla tras la ventana. La noche está cayendo. El mundo está en ese estado de ensoñación que parece irreal, como un sueño perdido entre las neblinas de la oscuridad.

¡He dejado a tantos atrás! Hay un momento en la vida a partir del cual cesan los encuentros y comienzan las pérdidas. Nunca sabes en qué instante se produce esa trasposición. Nunca sabes cuándo has cruzado esa frontera, ese puente hacia el ascenso vertiginoso que te va dejando solo. Pero cuando miras a tu alrededor, esas caras conocidas y amadas ya no están, y no se ven sus perfiles entre las nieves y la tormenta. Se han ido.

O quizás no…

Perdí a mi madre cuando tenía veinte años. Ahora tengo ochenta. Pero cada vez que escucho el Adagio de Samuel Barber, siento sus brazos rodeándome.

Hoy, aquí y ahora, ella está junto a mí.

Estoy ascendiendo hacia ti, madre. Voy solo, pero tú no me has abandonado, sino que me esperas en la cima>>.

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