Confieso que soy libre

He viajado hasta los confines del universo y he visto las Puertas de la Nada, más allá de las cuales no absolutamente nada, ni puede ser pensado nada, ni puede ser visto ni oído.

He buceado hasta los abismos del océano, y he nadado en sus siete mares, fueran de aguas puras, fueran de olas asesinas, y he tocado mis manos el fondo fangoso, viajando por las entrañas muertas de pecios perdidos.

He hablado todas las lenguas de este mundo, y he tomado la bebida sagrada, junto al fuego secreto, con todas las tribus de este mundo, en lugares remotos y en lugares cercanos.

He escalado todas las montañas que hienden el cielo y sus nubes con el pico erguido de su orgullo, helado hasta los huesos de las piedras, en solitario, con las manos desnudas, arriesgándome sobre precipicios de vértigos y paredes cuyos cimientos se hunden en lo profundo de la tierra. Y he clavado mi bandera en el cielo.

He bebido toda las bebidas prohibidas, he bailado los bailes ocultos, he conocido a los hombres de negro, he asistido a los cónclaves de los titiriteros, he desentrañado los terribles misterios, he desvelado las mayores conjuras, he contemplado las grandes traiciones, he luchado en las peores batallas, he amado a las mujeres más bellas, he comido con reyes y emperadores, y me he bañado en las fuentes de oro de la riqueza y en las pozas hediondas de la pobreza.

He comprendido el corazón del hombre hasta sus más inconfesables misterios, he asistido al parto y a la muerte, he sentido los dolores del cuerpo y los del alma, y he compartido sus visiones y sus espejismos. Cada poro de él me es familiar, y no hay nada humano que no haya tocado con las yemas de los dedos, y que no haya rozado con los alientos del espíritu.

Me he convertido en perro, en lobo, en águila, en demonio, en dios encolerizado, en espada, en rayo hendido del cielo nocturno, en bruja, en ladrón, en actor, en rey, en princesa, en guerrero, en campesino, en caballo, en dragón, en sacerdote, en árbol y en candil.

He sido todo en todos y sigo siendo yo mismo.

Porque yo soy libre.

Soy escritor.


Hoy me siento como escribió William Ernest Henley:

<<En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
le doy gracias al dios que fuere,
por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,
no he gemido, ni he llorado.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror,
Y sin embargo la amenaza de los años me halla ,
y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
ni cuán cargado con castigos el pergamino,
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma>>.

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