Navidad confinada

Amigos de lejos y de cerca. La Navidad se aproxima. Christmas is coming.

Las imágenes reales siempre tienen un alma que las editadas no tendrán jamás, amigos míos. Puede que estén movidas, o que desenfocadas, o mal encuadradas, o sin filtros que las hagan más atractivas, pero tienen algo… ese algo que las hace vivas. Alma.

Yo veía este árbol mientras paseaba con Arya, mi alaskan malamute, y me vino a la mente la Navidad, así de sopetón. Tampoco es extraño: sabéis que soy muy navideño. Es mi época preferida del año. Lo contemplé, alzándose hacia el cielo como un torbellino de deseos irrefrenables, y supe que estaba deseando que llegara la Navidad. Es verdad. Haced que llegue pronto, por favor.

Diciembre es mi mes. Nací en él. Crecí en él. En el nació mi hijo mayor. Siempre amé este mes que me traía vacaciones, familia, belenes, regalos, Misas del Gallo, perrunillas, nochebuenas en familia, nocheviejas de trasnoche, notas (normalmente buenas), reencuentros, chimeneas bien alimentadas, cafés de media tarde en mesas de madera basta, nieblas de mañana, tardes de paseo y un sinfín de recuerdos más, de vivencias no tan lejanas, algunas muy presentes, pero todas ellas suspendidas por un virus.

¡Triste existencia la del hombre, en la que todo puede ceder y desmoronarse ante un ser invisible, menudo y silencioso! ¡Qué poder irascible e indomeñado el de la madre naturaleza, que no atiende a razones ni encuentra ceñidor que la retenga! Ante la orgullosa evanescencia del ser humano, envía a un infinitesimal guerrero.

Toda la grandeza del hombre decae y fracasa ante un ser irracional, diminuto, insaciable, justiciero.

Si nos quita la Navidad, no importa que acabemos venciendo. Nos habrá quitado lo poco que nos queda de buenos, inocentes y puros. Por eso, aunque no podamos salir y celebrarla con cientos de amigos, hermanos, o vecinos, no perdamos el amor por su esencia en nuestras casas.

La Navidad, como todo en la vida, es lo que haces con ella. Haz que sea.

La Navidad es también literatura. Nos contaron una maravillosa historia. La creímos y nos cambió por dentro y por fuera. Y ahora el libro de nuestra vida debe reflejarla y vivirla más que nunca. Porque lo que está en juego es mucho que la fe: es la apuesta por un ser humano que viva de relatos de bondad, amor y paz, y no una humanidad arrastrada por las historias de violencia, muerte y odio.

Quiero mi Navidad, más que nunca, la Navidad de todos, aunque sea una Navidad confinada.

Por cierto, ¡qué hermosos los colores de este otoño y esta tarde domingo! La luna quiso acompañarme en mi paseo.

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