La reina cotilla / Gossip Girl

Queridos amigos, dear friends:

¿Conocéis a esta chica? Do you know this girl?

Yes, she is Serena Van der Woodsen! ¡Claro que la conocéis!

Tranquilos, no voy a destrozar vuestros recuerdos o a reventaros el final de la serie Gossip Girl, en la que esta chica interpretaba al papel protagonista.

No suelo hablar mucho de series aquí, ya lo sabéis. Este blog es una muestra de la incesante actividad de mi sentido literario, y un punto de encuentro con todos vosotros, mis lectores de hoy y de mañana. Algunas veces he traído temas de actualidad, he traído misterio y he traído cine. Pero no suelo hablar de televisión. No me gusta mucho sentarme ante el televisor y pasarme las horas cambiando de una cadena a otra. Pero esta serie ha conseguido lo que no conseguía ninguna, después de Juego de Tronos: engancharme e incitarme a hablar con la televisión (soy así, suelo discutir bastante con los personajes que no me gustan y hasta advertir a los que me caen bien cuando van de cabeza, ingenuos ellos, a las trampas que les han tendido).

¡Me ha gustado Gossip Girl! Es como una revisión postmoderna de los viejos mitos griegos, en que Afrodita engañaba a Ares, y Zeus a Hera; Apolo se mostraba dadivoso con unos y esquivo con otros, y Hefesto tramaba y tramaba para sus adentros en su herrería, mientras obedecía como un tonto útil; Hércules paseaba sus músculos y su músculo por Grecia y se reía de los dioses; las bestias surgían del averno y se encaramaban a las faldas de Gea sin saber cómo; los titanes se cabreaban de vez en cuando y bufaban muy fuerte; Atenea se las daba de chica buena, pero siempre tenía secretos y se peleaba con Poseidón; Hades estaba ahí, con su carita de chico malo, pero en el fondo era un pobre niño rico que no tenía con quien jugar… No sé si hay alguna referencia oculta, si estaba hecho conscientemente o es algo que solo veo yo, pero la obra final no carece de lecturas profundas, y está envuelta en un papel fino y delicado.

Este Mito de la Caverna contemporáneo, en el que todos nos hallamos contemplando embobados las sombras fugaces que pasan ante nuestros ojos, mientras otros mueven las antorchas y nos engañan con sus voces, ruidos y artimañas, me ha recordado a mí, escritor de brocha gorda y aficionado a la excesiva grandeza, que las pequeñas nimiedades de la vida y los claroscuros de la aparente normalidad pueden ser óptima materia para los relatos; y que la creación de personajes atractivos no se basa tanto (o no solo) en estar al servicio de la trama o propósito final de la obra, sino en tener capacidad de cometer sus propios errores, en mostrarse deliberadamente malvados sin ser los malos de la historia, en reflexionar, rectificar y luego volver a caer, sometiéndose a nuestro juicio exhaustivo y, no obstante, empático.

Dejar que tengan vida propia, aunque no nos gusten sus decisiones.

Hay algo también en su posición social, en su estilo, en sus romances, en sus fiestas, cócteles y desfiles, que evidentemente seduce a los que no vemos esas cosas más que en las revistas. El viejo anhelo de imitación y de ascenso social… Nueva York, la capital de la riqueza y los negocios, como el decorado de un mundo lleno de cristal y trajes caros. Pero yo no siento ese deseo oculto de cambiar mi condición de escritor pobre por las luces y el éxito de la gran metrópoli. Sin embargo, sí siento otro tipo de celos.

Mi sana envidia es, más bien, la constatación de que, al menos en la ficción realista de una serie sobre pijos neoyorquinos, el escritor sigue siendo alguien con una influencia social tremenda. Incluso el escritor novel o desconocido. Incluso el periodista de una publicación de moda. Incluso, y esto es lo que constituye el hilo que une las distintas temporadas de la serie, el autor o autora de un blog donde se cuentan los secretos de alcoba y de salón de la alta sociedad. Ellos, como cronistas de una época y representantes de su intelecto creativo, tienen una posición privilegiada, una auctoritas, que les permite ser reconocidos y admirados. Aún no se ha perdido ni pervertido su estado de tal forma que se hayan convertido en insignificantes, como sucede hoy en día en nuestra España moderna, donde el escritor, incluso el más importante, ya ni siquiera adquiere condición de figura decorativa (como esos cuadros o estatuas que adornan las casas y palacios y que nadie entiende). Ahora valemos menos que las olvidadas muestras de objetos antiguos, escondidas en cajones de museo que llevan años sin abrirse.

Pero en Gossip Girl un escritor aún puede cambiar el mundo. Es una sociedad en la que el atrabiliario embaucador, el conformista currito, la iracunda choni, el fatuo populista o el señorito atildado no tienen nada que hacer. Es una sociedad donde el agente más valorado es el que ofrece energía creadora, desde el emprendedor que pone rumbo a sueños nuevos y atrevidos, al pintor que recrea en retratos personales las ideas de lo que las personas simbolizan, pasando por la modelo, la modista, el profesor de universidad, el jinete o el becario de un pequeño periódico. Es un mundo liberado de lo material, que vive en la nube de lo puramente social, entregado a las fuerzas que lideran el avance del espíritu humano.

Echo de menos ese poder, ese amor, esa admiración, ese estado.

¿Qué hemos hecho, que nos ha llevado a perder el camino y la autoridad?

No voy a deciros nada más de la serie. No es mi propósito hacer un análisis de la misma. Es divertida, intensa, rebuscada, sofisticada, irritante, brillante, hilarante, estudiada, estilosa… Y todo ello está representado en el personaje de Serena Van der Woodsen, una maravillosa belleza con una cabeza demasiado inconsistente, con cierta tendencia a autodestruirse el alma y con una fidelidad a sus amigos a prueba de bombas. Aunque a mí, personalmente, el personaje que más me gusta es Chuck Bass… Ahí lo dejo.

¿Habéis visto esta serie? ¿Qué os ha parecido?

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