Hoy os recomiendo… EL SILMARILLION

Time to read!

Buenos días, amigos. Good morning, my friends.

¿Cómo estáis? Espero que estéis preparados para lo que os traigo hoy, porque es un plato fuerte. Confieso que no todo el mundo se sentirá atraído por el libro que os voy a recomendar, y lo sé porque yo mismo tuve una historia complicada con él al comienzo. Os voy a contar mi historia, pero antes dejad que os muestre la portada y os cuente algo sobre él.

Aquí tenéis la foto de la portada del ejemplar que tengo en mi biblioteca. Lo notaréis arrugado y viejo, porque lo he leído muchas veces. Este es un libro que conozco bien. Yo nunca os recomiendo libros que no conozca. Pero este en concreto es uno con el que he llegado a dormir, ja, ja, ja. Es uno de mis más oscuros secretos.

En efecto, hoy os recomiendo mi libro favorito: El Silmarillion, de John R. R. Tolkien, publicado por Ediciones Minotauro.

«¿De qué va esto?», diréis. «¿Otro libro más de dragones, magos y caballeros blancos?».

No, amigos míos, otro libro más no. EL LIBRO. El inicio de todo. La Biblia de la fantasía moderna.

A ver cómo os lo explico: si quisierais saber algo sobre física moderna, un profesor os diría que leyerais a Newton, o quizás a Einstein. Si quisierais saber algo de guiones, quizás un escritor os diría que leyerais a McKee. Si quisierais saber algo de pintura, quizás un guía os diría que tenéis que ver los cuadros de Velázquez, Rembrandt o Picasso…

Pues bien, si queréis conocer al maestro, al verdadero padre de la fantasía moderna, tenéis que leer a Tolkien. TODO lo que viene después no hace más que imitarle de una u otra forma. Tenéis que leer a Tolkien, y no ver esas películas de bajo presupuesto que echan las cadenas de TV y que versan sobre el fin del mundo, serpientes que surgen de las profundidades, seres mitológicos mal dibujados con ordenador o brujas y magos que estudian en institutos donde las feromonas se cambian por chispas que salen de las varitas. Os aseguro que cuando lo hagáis comprenderéis la maldita diferencia, amigos míos.

Tolkien publicó primero El Hobbit, y luego El Señor de los Anillos. De hecho, nunca llegó al publicar El Silmarillion, que fue publicado póstumamente gracias al trabajo de recopilación y orden de su hijo y albacea literario, Christopher. Mas, siendo importante El Señor de los Anillos, la verdadera obra culmen de Tolkien está reflejada en El Silmarillion (y de una forma solo fragmentaria, todo hay que decirlo).

Tolkien supo crear todo un mundo gigantesco de personajes, razas, tramas entrecruzadas, regiones, lenguas… Un mundo con su propio origen, su propia vida, su propio final. El Señor de Anillos apenas ocupa, dentro de la historia general de ese mundo, apenas unas páginas, y no las más importantes. En El Silmarillion se recogen, por decirlo vulgarmente, los mitos fundacionales de este mundo, los procesos que marcaron su devenir, sus grandes líneas maestras.

A vosotros, mis amigos del blog, no os voy a contar todos los detalles «académicos» que rodean a este libro. De él ya se han dicho millones de cosas, y si queréis informaros de más, tenéis internet a vuestra disposición. No están pensados estos artículos para dar lecciones de comentario de textos ni ofrecer información fría sobre los libros. Todos los libros que aparecen aquí han pasado, en todo o en parte, por mis manos. Jamás hago un comentario de un libro si no he leído aunque sea una parte del mismo. Por eso, siempre hago mis recomendaciones con conocimiento de causa.

Así, he leído este libro más que ningún otro en mi vida. He buceado en él como esos buzos que vuelven una y otra vez a las aguas cristalinas llenas de barcos hundidos que tanto les atraen. He vivido en él como los montañeros en el Himalaya, que montan el campamento durante semanas a grandes alturas, antes de emprender el reto de escalar el Everest o cualquier otra de esas cimas imposibles. Me he fundido con este libro y he soñado ser uno de sus grandes personajes, o el escritor que, con un lenguaje fluido, majestuoso y a veces sublime, logra conducirte despacio, sin prisas pero sin florituras innecesarias, hacia la culminación de unas tramas que, en ocasiones, logran hacerte desmoronarte de emoción, de amor, de tragedia incluso.

El Silmarillion es, dicho sea, uno de los libros que más me ha hecho llorar, lo reconozco. Y no se trata solo de tristeza, entendedme bien. Lo que late en él es mucho más que eso. Es grandeza, es humanidad y sensibilidad, es heroísmo y amor, es poesía y destino. No es un libro sencillo de leer, sobre todo al principio. Porque es un libro editado con la perspectiva del tiempo, a lo largo de muchos años de escritura, mezclando elementos dispares, reuniendo relatos inconclusos o parciales, y porque ese tono mítico a veces lo aleja un poco de nuestra mentalidad industrial y cinematográfica. Pero cuando superas ese primer obstáculo y te habitúas al color que las cosas tienen dentro de él, descubres paisajes, regiones, personajes, sucesos, que jamás podrías haber imaginado y que te dejan atónito. Por citar solo algunos, recuerdo con mucho cariño y hasta con reverencia a personajes como Fëanor, como Thingol, como Beren, como Luthien, como Turin, como Béleg… Jamás olvidaré alguna de las escenas que se describen, que son para mí como mis propias vivencias, tan claras, tan vívidas como si yo mismo las hubiera experimentado. JAMÁS UN LIBRO ME HABÍA MARCADO TANTO, ni siquiera las grandes novelas del siglo XIX, como Los Miserables o Guerra y Paz, que también en su momento fueron para mí visiones de un olimpo literario que removieron mi conciencia y mi razón.

El Silmarillion cuenta la historia de la Tierra Media desde su creación hasta justo después de los acontecimientos narrados en El Señor de los Anillos. Su lectura debe ser atenta, pausada, a sorbitos, y debe estar abierta a lo maravilloso pero también a lo íntimo, a lo épico pero también a lo trágico, a lo extraordinario pero también a lo familiar. Cada una de sus tramas, cada una de sus páginas, deja un tatuaje en la imaginación que no se borra jamás, pues no hay ningún láser que logre arrebatar del alma la fascinación por el poder y la magia que tienen los relatos de Tolkien sobre la Tierra Media.

Tanta fascinación provoca, que han sido muchos los ilustradores y artistas que han dejado plasmadas en sus obras esas imágenes evocadas al leer El Silmarillion. Para que comprendáis lo que os digo, y como cierre de este comentario, os voy a dejar a continuación unas cuantas imágenes de Ted Nasmith, uno de los ilustradores que mejor ha sabido recrear las historias de El Silmarillion. Ya me diréis si no impresionan por sí mismas, sin saber ni siquiera qué representan.

Antes de la galería de imágenes os dejo el enlace donde podéis comprar en Amazon este libro, además muy barato. Os aseguro que será una de las mejores compras que haréis en vuestra vida. No la dejéis para un regalo de esos que se hacen cuando no se sabe qué regalar. ESTE LIBRO ESTÁ PENSADO PARA REFLEJAR EL ANHELO DEL BIEN Y LA LUCHA CONTRA EL MAL. Es una cosa muy seria. Si queréis hacer un regalo, pero a alguien que améis, elegid este libro. Y de paso compraos otro para vosotros mismos. Me lo agradeceréis. Jamás habréis leído algo como El Silmarillion.

Aurë entuluva! ¡Ya se hará de nuevo de día!

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