Hoy os recomiendo… LA MUERTE DE ARTURO

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Amigos del blog, bienvenidos a Somnia, a una nueva recomendación de lectura.

Uno tiene que recomendar aquello que lee y, sobre todo, aquello que atesora, ¿no os parece? Hoy tengo el placer de traeros una recomendación de lectura que hace mucho tiempo tenía pendiente, y que no es la primera vez que cae en mis manos, aunque ahora lo ha hecho a título de propiedad, y no solo de préstamo. Es una obra a veces más desconocida que su propio contenido, cosa que no es extraña dado el material con el que está construida, que pertenece ya a la humanidad en calidad de leyenda popular, y no solo de mera creación particular proveniente de la imaginación de un solo hombre. Este es uno de esos casos en que la leyenda opaca al escritor y se sobrepone a títulos, versiones y recopilaciones. Aquí nos encontramos, ni más ni menos, con la leyenda del rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, en su formulación novelística más famosa y completa, obra de Thomas Malory en el siglo XV.

Estoy hablando, por supuesto, de La muerte de Arturo, publicada por primera vez en 1485 en Inglaterra, años después de la muerte del propio autor. La edición que tengo en mis manos ha sido publicada por la editorial Siruela, traducida por Francisco Torres Oliver, y prologada por Carlos García Gualm; y es un gran trabajo editorial.

Pocas veces en la historia de la literatura una obra ha dado tanto renombre a un autor absolutamente desconocido en su tiempo y que no pudo, por desgracia, disfrutar de su merecida fama. En concreto, Thomas Malory había muerto 14 años antes de la publicación de su obra, y lo había hecho en condiciones tristes y dolorosas, encerrado en una cárcel. Entonces la vida se parecía poco a la que hoy conocemos, y no había redes sociales, ni medios de comunicación, ni defensores del pueblo, ni asociaciones de víctimas, ni cosas así que pudieran haber ayudado al desafortunado autor a dar a conocer sus obras antes del fallecimiento. De hecho, casi no había ni imprenta. Recordemos que la imprenta se inventó apenas unas décadas antes, en 1440. De hecho, La muerte de Arturo es el nombre que William Caxton, primer impresor de Inglaterra, le puso a la colección de pequeñas novelas que Malory había escrito, reuniéndolas en una sola obra y escribiendo incluso el prólogo. Sin Caxton, Malory habría caído en el más absoluto olvido. Sin Caxton, Arturo habría caído en el olvido. Es mi convicción personal.

La muerte de Arturo es la novela clásica que narra la leyenda artúrica en su conjunto, de principio a fin, con intención de servir no solo de información, sino también de entretenimiento, reuniendo un sin fin de fuentes orales y escritas, modificándolas cuando fue necesario para que tuvieran cierta coherencia narrativa y rellanando los huecos con invenciones del propio autor, que de esta forma creó no un relato sobre el rey Arturo, sino el relato por antonomasia, la primera y más completa historia dedicada únicamente a esta figura legendaria y a todo su mundo, en el marco de la literatura de caballerías de la época, con un marcado tono fantástico, como por otra parte era propio de la literatura y las sagas anglosajonas anteriores.

Todo lo que hoy en día nos suena sobre el rey Arturo, la espada Excalibur, el mago Merlín, la bruja Morgana, el santo Grial, los Caballeros de la Mesa Redonda, su caballero Lancelot y la infidelidad de la reina Ginebra con este, las guerras con los sajones, la traición y rebelión de Mordred… todo esto está recogido en La muerte de Arturo, y mucho más. Aunque las referencias y los relatos sobre Arturo ya eran habituales y habían tenido mucho predicamento en los siglos anteriores, desde que Geoffrey de Monmouth escribió en el siglo XI su Historia regum Britanniae, la imprenta consiguió que La muerte de Arturo se convirtiera en la obra culmen en cuanto a la leyenda artúrica, y que así haya permanecido a lo largo de los siglos hasta hoy. Este hecho por sí solo ya justificaría la lectura de La muerte de Arturo, pero es que, además, es DIVERTIDA.

No creo que os interesen los datos y las reflexiones sesudas, y desde luego estas recomendaciones que hago en mi blog no están para eso. El que quiera saber el número de palabras que tiene el texto, su estilo literario, sus antecedentes, sus fuentes, o la historia de la caballería en Europa, que se compre el libro y lea la maravillosa introducción de Carlos García Gual. Además, si os hablara de estas cosas, os aburriríais. Porque todo eso está muy bien, pero yo no he venido a daros clase, sino a recomendaros que leáis este libro. ¡Tenéis que leerlo!

¿Sabéis? Me atraen los escritores desgraciados, a los que el reconocimiento les pilló en un ataúd. Hay algo de destino terrible y de resignación heroica en escribir para uno mismo, y esperar, contra toda esperanza, que los años tratarán mejor a tu obra que a ti. En el fondo todos los escritores somos un poco así, porque todos escribimos sin la certeza de que nuestras obras vayan a ser leídas y apreciadas en nuestro tiempo. Sin embargo, para algunos, como Malory, la frontera se vuelve infranqueable. Para él, el pensamiento de que, si no salía de la cárcel, era muy probable que sus escritos sobre Arturo también permanecieran en un absoluto silencio, encerrados en la cárcel de su propio círculo personal, debió de resultar abrumador. En cierta forma, su vida como escritor resultaría muy triste y descorazonadora. Estaba escribiendo, literalmente, para él mismo.

Decidme si queréis que todos los escritores escribimos primero para nosotros, pero la realidad es que todo tenemos la esperanza razonable de que, bajo ciertas circunstancias, nuestras obras salgan al mercado y a la luz en forma de publicaciones bajo el sello personal o ajeno. Pero cuando uno está en la cárcel, y más en una cárcel de las de aquella época, sin nadie, solo, abandonado, y no hay comunicación alguna con el exterior, uno tiene que tener una fuerza de voluntad tremenda, y tiene que animarte una desesperación llena de optimismo, para seguir escribiendo y terminar lo que empezaste.

Malory murió. Años después, Caxton tomó sus papeles, los ordenó, los conectó y creó una sola novela. Y tuvo la decencia de indicar que él no era el autor, sino que lo era alguien que había muerto 14 años antes. Esto le debemos, y no es poco. Gracias a él, Malory sigue leyéndose siglos después, quizás junto con Shakespeare, uno de los pocos ejemplos de la literatura inglesa medieval que es de total actualidad.

En nuestro país algo parecido pasó, por ejemplo, con Bécquer, que aunque no estaba preso, murió antes de ver el éxito total que sus rimas y sus leyendas tuvieron en España, gracias en parte a la edición que se hizo de sus rimas después de su muerte.

¿Sabéis lo que me gusta de esta obra? Su agilidad, su versatilidad, incluso la originalidad con la que enfrentó algunos temas, y esa capacidad para hacerte soñar con un mundo imaginario “como si” fuera real, incluso superando esa brecha entre la realidad y la ficción, hasta confundir ambas en un relato de una fuerza simbólica impresionante, que todavía impacta cuando se lee despacio, fijándose en los detalles. Abres el libro y piensas: “vale, voy a ver qué me ofrece”. Y a los diez minutos ya te has olvidado de tu nombre, del lugar donde estás, de lo que ocurre a tu alrededor y hasta de tus problemas. Y llega un momento en que te fundes con el relato, y te crees Arturo sacando la espada de la piedra, o Merlín, o su Lancelot, o Galahad, o Perceval. Este libro es como los buenos actores, a los que dejas de ver cuando actúan, para ver solo al personaje al que representan. Materialidad y psicología se mezclan de una forma tan intensa que el mundo sensible desaparece, y ya solo existe Camelot.

Yo me imagino a Arturo con la cara de Sean Connery. Cada uno tiene sus gustos. ¿Y vosotros?

Buscadlo en vuestra biblioteca municipal, si no lo queréis comprar. O mejor compradlo, y así ayudáis un poco a las editoriales. Pero dedicadle unas cuantas horas. La historia de Europa, y no solo de sus hechos y gestas bélicas, sino también de su literatura, recorrerá vuestros ojos y vuestras venas. Palabra.

A continuación os dejo un pequeño extracto para que lo disfrutéis. No creo que a sir Malory le importe.

<<Seguidamente corrió el reino gran peligro durante mucho tiempo, pues cada señor poderoso en hombres se hizo fuerte, y muchos pensaron proclamarse rey. Entonces fue Merlín al arzobispo de Canterbury, y le aconsejó que mandara mensaje a todos los señores del reino, y a todos los gentileshombres de armas, de que debían acudir a Londres por Navidad so pena de execración; y por este motivo: porque Jesús, que había nacido esa noche, obrase con su gran merced algún milagro, ya que había venido para ser rey de la humanidad, y señalase por aquel milagro quién debía ser el rey legítimo de ese reino. Así, pues, el arzobispo, por consejo de Merlín, mandó que todos los señores y gentileshombres de armas acudiesen a Londres por Navidad; y muchos de ellos purificaron su vida, a fin de que sus plegarias fuesen más aceptables a Dios.

Así pues, mucho antes de que amaneciese se hallaban todos los estados en la más grande iglesia de Londres (el libro francés no menciona si era o no la de san Pablo) para rezar. Y una vez terminados los maitines y la misa primera, vieron en el patio de la iglesia, ante el altar mayor, una gran piedra cuadrada, semejante a un bloque de mármol, en cuyo centro había como un yunque de acero de un pie de alto, e hincada en él de punta, una hermosa espada desnuda, y en ella unas palabras escritas en oro que decían: QUIENQUIERA QUE SAQUE ESTA ESPADA DE ESTA PIEDRA Y YUNQUE, ES LEGÍTIMO REY NATO DE TODA INGLATERRA. Entonces la gente se maravilló y fue a contárselo al arzobispo>>.

Ya os imagináis lo que sucedió después…

¿Y si esta historia fuera real? ¿Y si Arturo hubiera extraído sin esfuerzo aquella espada hincada en un yunque en el patio de la mayor iglesia de Londres, aquella mañana de Navidad? ¿No me digáis que no es una historia maravillosa? Tan maravillosa que tiene que ser real, porque ya sabemos que la realidad siempre supera a la ficción…

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