Poenoa

Creedme cuando os digo que hoy se escriben millones de palabras cada día. Las palabras están perdiendo su fuerza. Hoy existen más formas de comunicación que nunca, más medios, más canales, más conversaciones que nunca. Sin embargo, quizás en proporción inversa, hay vale menos la palabra que nunca.

Una palabra hizo el mundo. Pero hoy millones no hacen ni siquiera una átomo.

Cada día se escriben tantas y tantas palabras, que millones de ellas jamás serán leídas. Miles de millones jamás serán oídas.

¡Triste la Palabra originaria, solitaria, a pesar de estar rodeada de una infinidad incontable de palabras!

Decidme, ¿sois capaces de contar las estrellas? Pues imaginaos multiplicar el firmamento por millones: así son las palabras de los hombres. Nubes en la tormenta, polvo en el viento huracanado, ceniza en un incendio milenario, vástagos de las arenas de las playas batidas por las olas furibundas.

¿Queda ya alguien que sea fiel a su palabra? Hablar poco y cumplir mucho: he ahí al hombre superior.

¿Quedan ya poetas que no oculten su ignorancia tras los velos de versos sin sentido, meros juegos de palabras que resuenan en cajas de metal y aturden los oídos, pero nada transmiten y en los que nada permanece. La poesía es hoy el reflejo efímero de hombres perdidos en espejos rotos. Los viejos principios son hoy mas viejos que nunca, pues ni siquiera se recuerdan, y no hablo solo de la poética. Se rellenan hojas y hojas, sin que importe el contenido, sin que un solo verso pueda convertirse en una vida; pues ya no importa el significado ni su esencia, sino el movimiento: que se muevan las publicaciones, que se agite el mercado, que se renueven los mensajes, que se haga click en los dedos de aprobación, una y otra vez, una y otra vez; solo esa tiranía fría y maquinal de los «me gusta» sin descanso.

Poetas del click.

Triste destino de la poesía.

O sería mejor decir «poe-no-a», porque antaño se escribía para crear al hombre, pero hoy se escribe para mover las redes. El hombre ya no importa. El hombre está sometido. Más que nunca, su capacidad de crear ha sido negada, y su creación es un mero discurrir sin cese, como el río que nunca se detiene, y que nunca encuentra remanso ni destino.

¡Cesad las palabras! ¡Callad, por Dios, callad durante un instante, durante un día al menos!

¿Os imagináis un mundo en silencio por un día? Yo propongo desde aquí, con mis humildes palabras, que cesemos las palabras (especialmente las virtuales) por un día. El día sin redes. El día sin red. Y para dar ejemplo comienzo exactamente ahora, en el momento de publicar este post.

POENOA.

EL DÍA DEL SILENCIO.

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