Brevísima relación de inquietudes

Good morning, my friends.

Amigos del blog, seguidores de tantos países, lectores de tierras dispares, bienvenidos en esta mañana de domingo, en la que estoy sumergiéndome en viejas leyendas. Dado que el hogar es hoy más que nunca ese refugio donde los seres humanos nos aferramos a la existencia y a la paz, a pesar de nuestra naturaleza social, me cuadra perfectamente dedicar mis pocas horas de asueto dominical a esta labor de leer y visionar material sobre las inquietudes literarias que ahora ocupan mi espíritu.

Leyendas entre la niebla, como la mítica Avalon, me obsesionan. Hay momentos, segundos tan solo, en que únicamente las veo a ellas. ¿Me estoy volviendo loco o es que están justamente ahí, ante mí, como interferencias de otro mundo? ¿Qué crees tú?

A veces parezco un hombre traído de otros tiempos. Me veo como un ser del pasado trasplantado a un mundo inadecuado. A veces creo que soy un bardo o un monje de la Edad Media traído a este universo presente, y siento el impulso de regresar a mi tiempo; imposibilitado por la materia, busco establecer un puente con mi tiempo a través de la Literatura. Todo yo vivo en Literatura. Y no se trata solo de libros, no me entendáis mal, pues Literatura son una buena película, una canción y una novela. Literatura es alma, narración, reflexión y redención. Literatura es sueño. Literatura es vida. Todos los hombres sueñan que viven, pero no se dan cuenta. Muchos mueren sin haber despertado. Pero no se despierta uno al salir de este sueño primordial, sino al percatarse de que se está soñando. Yo sueño que sueño, y lo hago porque deseo soñar más allá de mi sueño primero; soy consciente de que mi cuerpo, las cosas que me rodean, incluso las personas, son solo imágenes etéreas que se suceden en mi mente sin relación alguna material con mi propia realidad; pues yo, como digo, pertenezco a otro mundo y estoy en otra parte.

¿No es mi vida una ensoñación compleja de la que un día despertaré? ¿O acaso soy el sueño de otra persona? ¿Habéis pensado alguna vez en estas cosas? ¿Qué preguntas os habéis hecho?

Diréis que son cuestiones insignificantes e infantiles, pero no sois conscientes de la fuerza inmensa que tienen los sueños, y aun la misma Literatura. ¿Qué pensáis que es el poder, sino una quimera producida por una historia que un día os contaron y que «legitima» los actos de los poderosos ante vuestros ojos? Desde el mismo instante en que estas ideologías tratan de «describir» unos hechos que las motivas o las justifican, están creando un relato imaginario que se vertebra mediante los instrumentos literarios: la metáfora, la elipsis, la adjetivación, la idealización, la hipérbole… Y ¿qué pensáis que son las creencias que os nutren y que defendéis con ahínco, sino la invención o el sueño de otra persona, de muchas personas, que un día vieron dentro de sí un futuro o una idea, y la expresaron en palabras y en narraciones para que otros las compartieran? Por ejemplo, todos habéis oído hablar del rey Arturo. Pero ¿fue un hombre, fueron muchos hombres, fue un título, o quizás solo fue una leyenda creada por un bardo anónimo que cundió entre los habitantes de la Britania medieval, para acrecentar en ellos el amor por sus tradiciones, la rebeldía frente al invasor o el recuerdo romántico de tiempos pasados? Hoy esta leyenda da de comer a unos cuantos, e inspira a otros muchos; e incluso introdujo en nuestra cultura, o consolidó más bien, ideas-fuerza como la caballería, la nobleza, la protección de los débiles, la resistencia frente al caos político, etc. Lo hizo revestida de Literatura, y eso le dio más poder que ningún tratado de filosofía.

Arturo superó a Sócrates, aunque ambos pertenecen al mismo mundo y persiguen los mismos fines.

Lo mismo pasa con muchas otras ideologías: están plagadas del poder invisible de la Literatura.

¡Ojo! Esto no significa que sean irreales. Esta dicotomía realidad-literatura solo existe en la mente de las personas que han perdido toda capacidad de sorpresa y de ver el mundo como un niño. «Dejad que los niños se acerquen a mí», dijo Jesús, «porque solo de los que son como ellos es el reino de los cielos». Pero en la mente de los que conservan esta cualidad de verlo TODO, y no han sido manipulados y dormidos por esta otra gran literatura que es el discurso cientifista (también en sí mismo otra pura leyenda que consiste en despreciar toda leyenda bajo el engañoso paraguas de la «razón», como si la razón no fuera todo lo que hay en el hombre, y no solo un parte de él, y no siempre la mejor), la literatura es siempre real, aunque existan distintos niveles de realidad y hasta realidades contradictorias, cuya sola expresión asustaría a un ser frío y matemático, pero que están ahí, a veces escondidas, a veces agresivas. La tarea que verdaderamente se le ha dado al ser humano es descubrir qué hacer con su propia vida, y en este sentido encontrar su propio relato, pero no como un caminante que va donde quiere, sino como un agricultor que siembra flores: si lo hace en el terreno equivocado, no crecerán; si lo hace en el adecuado, serán hermosas, aunque sean efímeras.

Aquí, como en tantas otras cosas, Jesús de Nazaret nos da la clave de todo: «Por sus frutos los conoceréis». Es así como únicamente debemos juzgar a los hombres y a sus creencias, las viejas leyendas y las nuevas. Atended a los frutos, y no a las palabras, porque las palabras pueden engañar (de hecho, están creadas para engañar, y así la Literatura es también maestra de disfraces), pero los hechos no. Ciertamente, los cuentos de hadas pueden ser «leyendas» (o no), pero puedes elegir ser para los demás un hada o un demonio. Tus hechos te definen. Y el conocer los cuentos de hadas puede ayudarte a autodefinirte.

¿Os acordáis del rey Arturo? Veamos, pensad: ¿recordáis alguna frase suya? Ya sé que no. Pero todos recordáis sus hechos: cómo sacó la espada de la piedra, cómo aprendió de Merlín, cómo se enfrentó a innumerables peligros y cómo fundó Camelot y creó en torno a sí un reino de prosperidad, justicia, nobleza y paz, y los caballeros más nobles y valientes del mundo pugnaban por servirlo y luchar por él. ¡LOS HECHOS, AMIGOS, LOS HECHOS! Fuera o no histórico en su totalidad, fuera una sola persona o varias, sus hechos fueron tan increíbles que quedaron grabados en la memoria de los pueblos para toda la posteridad, y se transmitieron de edad en edad. Porque los hechos son el material de los sueños. Y la Literatura se basa en hechos, no en palabras, aunque pretenda que las más hermosas palabras son los verdaderos hechos (solo la buena literatura).

La gran desgracia del mundo moderno consiste en que todo el mundo habla, y por tanto todo el mundo miente; y las mentiras son cada vez más intrincadas y complejas, o más burdas y vulgares. Pero nadie actúa, solo los malvados. Los hechos son miserables y torticeros. Nos inundan de palabras para que no podamos abarcarlas todas, pero los hechos son dañinos y están revestidos de discursos populistas.

Somos un mundo que anhela y necesita un héroe. Hoy lo veo más claro que nunca. Y la labor de los escritores de hoy y de mañana será convertir en piedra los hechos de ese héroe, cuando aparezca; convertir sus hechos en leyenda, para que perduren en la eternidad. Del mismo modo que el poeta da la vida y la memoria eterna a su musa, y no al revés; y la musa le debe todo cuanto es y será, y ella debiera entregarse a él de una forma absoluta y sin restricción, pues el poeta es creador hoy y siempre de la eternidad de la musa, del mismo modo el escritor, el bardo, el novelista, será el que prefigure, compendie y difunda los hechos nobles de ese héroe que todavía no ha aparecido y que nuestro mundo necesita y reclama a gritos silenciosos. Héroe y bardo se complementan. Ambos crean la historia, construyen el futuro.

Estoy inquieto por este mundo sin héroes de carne y hueso. Este mundo solo sueña hoy con héroes que son superiores a los humanos, pero no crea ninguno que sea, simplemente humano. Sus frutos no son buenos; son imperfectos, no están maduros. ¡Atended a los frutos! Dejad los caminos trillados, y abandonad los sueños baratos: cultivad las flores de la eternidad. La Literatura puede crear héroes de verdad, pero solo si llama a las cosas por su nombre y enaltece a los héroes del pasado, en lugar de sustituirlos por guiñapos y guiñoles cientifistas del presente.

¡Vuelve, Arturo, la Britania que hoy es el mundo entero te necesita más que nunca! Vuelve y haznos soñar con la Camelot que tú registe, con la Avalon en que ahora duermes, ni vivo ni muerto.

Contadme vuestros propios sueños, vuestras propias leyendas, los héroes que soñáis ser. Decidme cómo construís vuestro propio futuro sobre vuestros sueños.

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