Adiós a Camelot

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Sean Connery fue un día rey de Camelot. Un Arturo maduro, en la cúspide de su poder, seguro de sus principios y enamorado.

Hoy ha muerto este titán del cine, que como Arturo fue un día rey, en este caso de Hollywood y del séptimo arte.

Camelot cayó, pero vive en la memoria de los pueblos. Igualmente, Connery ha caído al fin ante los hachazos del tiempo, pero su memoria perdurará.

Adiós, maestro. En la Camelot del cielo reinarás con los que te seguiremos viendo en tus películas.

Mulan 2020

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¿Quién soy de verdad?

Who am i inside?

He visto Mulan, la nueva versión live action de Disney de película de 1997. Y sinceramente, me ha encantado.

Dejando a un lado las evidentes conveniencias de guion que salpican la trama, y obviando sus semejanzas con elementos de otras historias como Star Wars, la película es una interminable secuencia de acción, al más puro estilo Hollywood, donde una mujer recorre su propio camino de heroína en una sociedad cerrada a la participación de la mujer en la guerra y en la defensa de su país, a pesar de lo cual no solo se rebela contra esas normas, sino que se convierte en la líder del Ejército Imperial, hasta detener la amenaza del invasor, encontrar el amor y honrar a su familia con su valor, su lealtad y su verdad.

Las peleas son puro espectáculo, los paisajes son sobrecogedores, la trama es atractiva, los personajes cumplen su papel con dignidad, los actores están a la altura, especialmente la protagonista. Se trata de una gran película. Tomada en consideración por sí misma, y a pesar de su carga reivindicativa (que se ve sin aspavientos y no disgusta porque está desprovista de odio), es una producción cinematográfica interesante, entretenida y notable.

Sin embargo, el problema radica en otra parte. Películas como esta manifiestan los grandes problemas de Disney en estos tiempos: una falta de creatividad tremenda , un temor primitivo a quedarse atrás en la carrera de los estrenos, una apuesta por las jugadas más conservadoras, y una peligrosísima tendencia a minusvalorar sus propias películas clásicas. Pero si por la parte de la productora esta tendencia es evidente (estas live action no representan un homenaje a los filmes animados, sino un mero producto comercial basado en la creencia acertada de que la gente volverá a pagar por ver lo mismo, pero con otra presentación), por la parte del público acontece el movimiento contrario: el espectador no puede evitar poner en comparación estas nuevas obras con las obras clásicas animadas. Y el resultado suele ser siempre negativo para los nuevos estrenos.

¿Por qué?

Sencillo: porque cuando el público ama una versión, suele rechazar la novedad, y porque, a pesar de que la novedad en sí misma no tendría por qué ser mala, la realidad es que estas nuevas versiones carecen de la potencia emocional de las películas animadas, e incluso de su sentido del humor.

MULAN 2020 es una maravilla visual, pero le falta calor, le falta profundidad. El espectador no se emociona en ningún momento. Incluso yo, que soy una fuente de lágrimas, apenas he sentido un nudo en la garganta en una escena, y no en el clímax de la trama.

La protagonista busca su propia identidad. Todo gira en torno a esto: autoafirmarse en un mundo hostil, y encontrar en esta autoafirmación un camino más noble que el odio y la destrucción, tomando lo mejor de ese mundo y aportando a él los propios dones. Pero al fin esta búsqueda es una simple excusa, porque esta Mulan no da señales de estar dudando casi en ningún momento. «¿Quién soy de verdad?», se preguntaba la Mulan clásica, una adolescente torpe y dubitativa. Pero esta de 2020 es una joven valiente, fuerte y extraordinaria. No se pregunta quién es, sino que en realidad solo trata de hacerse un hueco.

Además, a la película le faltan canciones. ¿Dónde están las canciones? Alguien en Disney ha decidido que esta live action no tendría canciones. Pero ¿qué locura es esta? Así es imposible darle carga dramática a la historia, y el resultado lo demuestra. ¿Os acordáis de aquella maravillosa canción interpretada por Cristina Aguilera? Pues aquí solo sale en los créditos. Lo cual es un error gigantesco. Queríamos ver a Mulan mirándose en el estanque y preguntándose quién es. Pero nos hemos quedado sin la escena y sin la canción.

En definitiva, mi nota para esta divertidísima película oscila entre el notable y el bien, pero podría ser un mero aprobado si nos acordamos de la Mulan de 1997. A veces, es mejor no recordar.

To my friends in the United States

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I know well that you are about to experience a very important moment in your history. I know well that you have doubts, that there are silent wars within you, and that many people are not convinced that they are proud to be Americans. I know well that you will rise or fall, and you know it too.


My heart is with you. One day we were allies, but later misunderstandings and ambition of war confronted us. But today we, Spain and the whole world, need more than ever that you continue to be America, the land of freedom and opportunity.


From Spain, the cradle of American civilization, mother and sister, I send my heartfelt greetings to all of you who love our common past and to all of you who dream of a better future. If it is with good literature, better.

Please, choose well. Be brave. Be free.

A hug from your brother,

Jaime Arias

La muerte del poeta loco

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Mucho se ha escrito y dicho de aquellos días aciagos en que mi maestro entró en el estado depresivo, triste, ahogado como un pecio en el fondo del océano, que le llevó finalmente a la desaparición. Hemos tenido que escuchar tonterías, como que se elevó sobre las nubes cual ave viajera; y hemos tenido que soportar muchas burlas, como si se hubiera convertido en una cigarra o en cerdo de los que hozan en el barro y los excrementos. Pero también los doctos y prudentes han errado sus relatos y suposiciones, puesto que pocos han podido hablar con quienes estuvimos con él hasta el final, y de estos pocos, menos aún han prestado crédito a nuestras palabras.

Sin duda, todo lo que sucedió en los últimos días de mi maestro no sería comprensible sin ponernos brevemente en situación. Para conocer el destino de un ser humano, y juzgar (delicada tarea) si sus momentos finales estuvieron a la altura de su vida, han de considerarse sus antecedentes, y no desdeñar la fuerza que los acontecimientos tienen sobre el espíritu humano, poderoso gigante cuyos pies de barro están siempre cubiertos por la bruma y distorsionados por la altura que la grandeza provoca.

En realidad, todo venía de lejos. Mi maestro tuvo una decadencia larga y paulatina, no tanto de su cuerpo, como de su mente; y no porque perdiera gracia, creatividad o agilidad, sino porque se encerró en sí mismo. No sabría describirlo de otra forma que diciendo que perdió la ganas de vivir. Su mente se fue volviendo cada vez más esquiva; su alma, cada vez más ausente; su espíritu, cada vez más frío; y llegó el instante en que no nos era posible acceder a él, aunque estuviera delante de nosotros, sino que mostraba la mirada perdida, la boca cerrada, los músculos abandonados, e incluso el mismo corazón se le fue deteniendo, cual el viajero que vuelve la vista atrás y deja un trozo de sí en su tierra, que se queda para siempre amarrada a ella, aunque su cuerpo viaje hasta el confín del mundo.

Él estaba, pero no estaba. Comía con nosotros, nos hablaba si le preguntábamos, incluso a veces sonreía cuando nos reconocía. Pero su alma moraba lejos, oculta y asustada en alguna caverna inaccesible. El proceso fue lento, pero continuo. Hicimos todo lo que pudimos para ayudarle, intentamos hasta lo más ridículo para llamar su atención, tratamos de evitarle todo esfuerzo y de que rememorara los grandes momentos que habíamos vivido juntos. Ya no sentía nada cuando nos miraba. Ya no se emocionaba ante un poema de amor o ante un esclavo sufriendo. Ya no gritaba ante los poderosos ni se cantaba al sol de la mañana. Fijaba sus pupilas en nosotros como si fuéramos extraños, y a veces mascullaba frases que no entendíamos, salvo una que repetía cada día: <<siempre juntos>>. Pero nosotros no sabíamos a qué se refería.

Finalmente, una noche, sin que pudiéramos evitarlo, se levantó, se internó en el mar, y andando con pasos firmes y pausados, se sumergió en las aguas. Nos quedamos petrificados, sumidos en una profunda tristeza, incapaces de interponernos entre él y su destino. Cuando el hechizo se desvaneció, lo buscamos por todas partes, como hombres desesperados; buceamos, nadamos, llamamos a pescadores y marineros… pero no lo encontramos.

Un árbol grande y fuerte creció años después en el mismo punto de la playa donde él había desaparecido. A mí me pareció una señal, y aún me lo parece. No sé si volverá algún día o si es el árbol y vive en su savia y en sus hojas. No sé si nos espera en las estrellas o hay un mundo espiritual donde nuestro maestro aun canta al sol naciente y pasea por los campos. Pero el árbol perdura.

He meditado mucho en el final y en el proceso que le condujo hasta él.

Y creo que, después de tantos años, he descubierto que <<siempre juntos>> no se refería a nosotros, sus discípulos, sino a él.

A él… y a ella.

Porque fue cuando ella lo abandonó, cansada de vagar tras él por los caminos de la tierra, deseando establecerse y tener a su lado a alguien «más normal», cuando él comenzó a declinar. Al principio no nos dimos cuenta. Pero ahora lo he comprendido. Ella quería a un hombre «normal», un hombre «de su pueblo». Pero mi maestro era todo menos normal: era un hombre que provocaba la catarsis del alma y movía a la revolución interior; después de conocerlo, no se podía seguir siendo la misma persona. Él te obligaba a tomar partido radical: o cambiabas o lo abandonabas. Y nunca sabías adónde te llevaría el cambio. Solo sabías que iniciabas un viaje interior que removería todo tu ser. Y en efecto, su viaje nunca terminaba, rodeado siempre de todo tipo de personas que vagaban tras él.

Ella, la mujer más hermosa que jamás haya visto, lo había mirado con aquellos ojos tristes y al mismo tiempo sembrados de confusión, y le había hablado como jamás nadie lo había hecho. Y había rechazado su amor diciéndole que él no lo entendería, pero que ella no podía amarlo como él soñaba. Él no mostró dolor en aquel momento, sino que rio y bailó entre cabriolas y algarada. Mas por la noche, cuando creyó que todo el mundo dormía, se separó de nosotros, subió a una montaña cercana y lloró hasta la salida del sol.

Yo lo sé, porque estaba allí. Lo había seguido sin que él me notara, o quizás sí me notó, pero le dio igual. Cuando el astro rey asomó por el horizonte, mi maestro se dio vuelta, vino hacia mí, y me abrazó como un niño que necesitara protección. No nos dijimos nada. No hacía falta.

Ahora lo entiendo: el poeta loco murió realmente aquel día, llorando en mis brazos, muchos años antes de desaparecer en las aguas negras del océano.

A veces, cuando siento que ya no quiero seguir viviendo, me acerco hasta aquella playa, y me abrazo al árbol, que continúa allí, increíblemente vivo y joven, a pesar del agua salada; y dejo que el agua bañe mis pies con su espuma, y me entierre poco a poco en la arena, hasta que plantado como un pequeño retoño, el atardecer o el amanecer me encuentran, sin decir nada. Mi maestro está conmigo. Mudo, pero presente, mientras yo lo abrazo, como un niño que necesitara protección. Y en esos minutos entiendo todo, el misterio de la vida y de la muerte, del amor y de la soledad, del corazón y del universo.

Saludos a Rusia / Привет в россию

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Cada día tengo más lectores de Rusia, y no sé muy bien por qué. Pero hoy quiero enviarles un saludo especial.

Привет Россия!

Solo pasaba por aquí para deciros que me encanta que estéis ahí, que me leáis, que me sigáis, y que me siento orgulloso de llegar a un país tan inmenso, tan increíble y tan alejado del nuestro

La palabra nos hace congéneres. Las redes sociales nos hacen vecinos. La literatura nos hermana.

Здоровье для всех

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Jaime Arias.

Autor de «Canción Eterna».

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