Un viejo documento

¡ALERTA: POLÍTICA!

A quien no le interese la política ya sabe lo que tiene que hacer: dejar de leer. A quien no le interese toda esa basura que los hombres amontonamos sobre los demás para intentar que les aplaste y así mueran ahogados, ya sabe lo que tiene que hacer: largarse a partir de aquí.

Porque lo que traigo hoy es un documento increíble y que habla por sí mismo. Que nadie busque en él la clave del mundo o la demostración de la existencia de Dios. Es simplemente un esbozo, un libelo, un panfleto personal que nadie ha leído jamás y que fue escrito hace ya unos doce años, no recuerdo la fecha exacta; más en concreto, en cierta fase de la historia reciente de España en que comenzaban a hacerse visibles todos los postulados más propiamente “zapateriles”, inventados y defendidos por un PSOE en clara retirada y un presidente del gobierno venenoso, peligroso y calamitosamente maquillado.

El documento está escrito en forma de relato de ficción, se comprenderá por qué, dado que en aquel momento, cuando pretendía publicarlo, los ánimos estaban elevándose a temperaturas muy ardientes.

No he corregido ni una coma, para que se vea si entonces podían apreciarse o adivinarse alguno de los hechos que hayan sucedido después, y para que pueda comprobarse si la valoración de las circunstancias que hice entonces era correcta o no.

Tampoco os pido que estéis de acuerdo conmigo. Lo primero, porque me importa una mierda, dicho con el debido respeto por vosotros. Lo segundo, porque yo no tengo la verdad absoluta; en realidad, soy un pobre ignorante. Y lo tercero, porque sería una petición estúpida, ya que no vais a hacer ni caso (y bien que hacéis).

Os voy a dejar el documento por partes: una hoy y la última otro día. Empecemos.

“LA DESTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA.

Señales que indican cómo se colapsa una democracia.

Cierto es que, como sabiamente dijo Heráclito, todo fluye; esto es, el mundo está en perpetuo y continuo cambio. Pero, sin pretender contradecir a tan antiguo pensador, no es menos cierto que, en medio de sus idas y retornos, a veces se observan en la humanidad pautas, hábitos, regularidades; y con éstos, pistas, señales, indicios que nos hablan de hechos que están sucediendo o sucederán. A veces incluso algunas mentes logran entender los acontecimientos, leer los signos de los tiempos, y consiguientemente los exponen, los advierten y hacen públicos.

Yo no puedo arrogarme la capacidad de alcanzar tal grado de agudeza, puesto que mis entendederas no dan para tanto. Pero sí puedo traducir un texto que cierto autor de un país lejano, amigo mío, me envió, junto con una amable carta. Aquel texto estaba escrito en una extraña y poco hablada lengua, razón por la cual hasta ahora no había sido conocido en nuestro estado.

El autor en cuestión me rogaba en su misiva que juzgara la corrección y veracidad del texto, así como la necesidad de su publicación, después de traducirlo adecuadamente, evitando (triste fin el de los sabios) mencionar su nombre, ya que según él en su país le habían amenazado de muerto si este texto salía a la luz.

La verdad es que no acierto a comprender que sea posible manifestar tanta inquina a la sana ciencia; por ello, dolido y enrabietado, he obedecido su petición. Que sea verdadero o falso, que se pueda aplicar al mundo presente o no, otros lo dirán. Mi secreto confidente dice que el texto es una sencillo aunque agudo programa que contiene los 23 puntos clave para dar en el cesto de la basura con el sistema democrático que antes existía en su país, e instaurar astutamente en su lugar otro aparentemente democrático, pero realmente autoritario.

Mi autor relata haberlo escrito basándose en un borrador garabateado que un sujeto sospechoso se hallaba leyendo en una callejuela oscura, a horas de la noche en que ningún hombre de bien debe pasearse al aire libre, y que dejó caer de su bolsillo, seguramente por efecto de la atormentada borrachera que lucía. Cuenta también que el papel llevaba un sello, y lo describe con precisión, como si se tratara de un documento que necesitara ser identificado por su destinatario como verdadero o realmente emanado de otro cuya identidad conociera. Mas el sello me es absolutamente desconocido y no podría traducir convenientemente su significado. De este simple esquema, pues esquema era, más que tratado, mi amigo dice haberse valido para construir un texto coherente y razonado, mas tratando de no restar personalidad al mismo, respetando su carácter imperativo, orgánico y programático. Mi amigo dice que, sorprendentemente, cuando puso en relación el borrador con la situación actual de su país, su corazón sufrió un descalabro inesperado, puesto que aquel programa parecía estar desarrollándose por entero, punto por punto, sin que nadie lo percibiera, o lo denunciara públicamente. Él llama a estos apartados “señales de cambio de sentido”; algo así como alarmas predispuestas estratégicamente para conocer el rumbo de las actuaciones. Sin ir más lejos, el título que él dio a esta lista fue “Proyecto para transformar una democracia en una dictadura”. Mi amigo advierte, además, del peligro de desoír aquellas alarmas.

Quizás tenga razón. Yo, por mi parte, no soy el más adecuado para remedar los errores de su estudio, si los hubiera. Por ello, me limitaré a aportar el texto tal como él me lo envió y yo acerté a traducirlo; y que el lector sabio sea el que juzgue. Sólo espero que aquel lejano país no exista y que en el mío no llegue a acontecer jamás lo que denuncia.

Se verá que está todo escrito casi en primera persona. Mi querido amigo me confesó que el borrador estaba así redactado, y que por mantener el espíritu del mismo mantuvo este discurso, aunque se comprobará que en algunos momentos no es sino mi amigo quien introduce su palabra meditabunda, intercalando, acaso con cierto desorden, sus propios pensamientos entre los que de aquel que redactó originalmente el enigmático papel.

He aquí su traducción más o menos fiel.

«Proyecto para transformar una democracia en una dictadura:

  1. Devaluar la calidad de la cultura propia, evitando la valoración positiva de la cultura extranjera. Cerrarse sobre la propia producción permite que sea más fácil controlar a los pensadores y que sean más manipulables la crítica y los votantes. Evidentemente, al no llegar obras de fuera, la producción cultural se va volviendo cada vez más endógena, y sus temas se agotarán con mayor facilidad, limitándose los autores venideros a glosar o repetir lo que han dicho los autores pasados.
    1. Esto sucedió ya en siglos olvidados, cuando en algunos estados europeos se pretendió cerrar las fronteras a la importación de ideas. Pero ello sólo conllevó un empeoramiento de la cultura general, un mayor analfabetismo, y una menor capacidad del pueblo para criticar a sus gobernantes, para mejorar sus condiciones de vida y para arrancarse el yugo con que sus señores los mantenían unidos a la tierra y al miedo.
  2. Romper los grandes pactos políticos en la práctica, aunque sigan vigentes en teoría. Es importante que el enemigo se confíe, y que siga hablando en términos de pactos cuando ha ya sido colocado sobre el estrado de la guillotina.
    1. Así actuaron los revolucionarios de Francia, o los de Rusia o la Alemania nazi. El golpe definitivo, el que supone cambiar de régimen, hecho que se produce cuando se cambian las leyes fundamentales del país, sólo se dará cuando la sociedad haya ido acostumbrándose al cambio “de facto”. Esto permite una introducción más completa de las nuevas ideas y provoca menos reacción de los opositores, si los hubiera. Confiados en que sólo se pretende realizar reformas, acabarán dando  la mano al enemigo antes de que le sea sujetada con grilletes. Para entonces, los resortes del nuevo poder deben estar listos y preparados, de forma que salten automáticamente cuando se dé la señal de avanzar a paso ligero. Por eso cuando Luis XVI fue guillotinado, fue el pueblo quien le condenó, después de tenerle varios años preso. El sistema, durante este tiempo, parecía aún monárquico, pero era en realidad antimonárquico. Pero aquellos años fueron el tiempo que los revolucionarios necesitaron para moldear al pueblo a su imagen y preparar los medios (ejército, policía, consejos, justicia…) para efectuar el cambio brusco. Y aunque este ejemplo no proceda de una democracia, ilustra cómo hay que actuar.
  3. Demonizar al partido que sea el principal enemigo[1]. En tiempo electoral todo está permitido, y las mayores mentiras suelen calar excelentemente cuando se dicen en esta época y se refieren siempre al mismo grupo.
    1. Los mensajes deben ser claros y breves. La gente no suele acudir a las fuentes para contrastar las noticias. Además, es imposible salvo para unos cuantos. Por ello, calumnia que algo queda, es el lema. Una vez lanzada la calumnia, ésta actúa por sí misma y fructificará a su tiempo, aunque se hagan muchos esfuerzos para arrancarla.
    1. En este empeño, se debe contar con el apoyo de otros grupos. Pues no hay nada que una más que un odio común por un tercero. Además, los grupos más pequeños se prestarán más fácilmente a ser dominados y a realizar los trabajos más “sucios”, menos vistosos; de forma que si se descubriesen, fuesen estos minúsculos grupos los culpables para la opinión pública, y no el verdadero titiritero, el gran grupo que controla los hilos.
  4. Silenciar a la oposición. ¿Quién quiere perturbaciones si el Estado constituido puede asegurar la felicidad de los pueblos? ¿Adónde ir una vez logrado establecer ese poder benéfico? No tiene sentido una oposición.
  5. Fagocitar a los partidos menores que se asemejen al propio[2]. Para ello será necesario:
    1. Conseguir que alguno de sus líderes se pase a nuestra formación, gracias a la promesa de algún cargo o por el convencimiento de que es necesario que sumar fuerzas contra un enemigo común.
    1. Llamar al “voto útil” que condense el apoyo popular frente a un tercer partido de signo contrario.
    1. Proponer representaciones conjuntas allí donde sea posible, pero siempre con la dirección de hombres de nuestro partido, de forma que paulatinamente los miembros de los partidos menores se acostumbren a tenernos por encima y nosotros podamos así dirigirles y enterarnos siempre y en todo momento de sus proyectos.
    1. Asimilar alguna de sus ideas si es posible. Con ello se logra quitar al partido más pequeño la justificación para existir, y encauzar el voto de muchas personas que verán con mejores ojos al partido mayor, por defender lo mismo que el menor, pero tener más fuerza para hacerlo si lo votan.
  6. Organizar grupos violentos a pequeña escala, especialmente nutridos de militantes jóvenes y furiosos. Ellos son la punta de lanza que hacen el trabajo oscuro y minan la moral del enemigo.
    1. En efecto, ha sucedido últimamente que varios grupúsculos de jóvenes han intentado golpear a algunos candidatos políticos en el momento de ir a pronunciar sus discursos, incluso dentro de universidades y edificios privados. En algún caso lo han conseguido. En otros, hasta han tenido el apoyo de las autoridades universitarias, que los han protegido y han actuado en contra de la celebración de los actos presididos por dichos candidatos.
    1. Va creándose así un estado de tensión que le conviene a quien desea volcar el sistema, pues es esencial mantener siempre en funcionamiento el sistema de captación de nuevos miembros, y de persecución a pequeña escala de los demás partidos. Es la lucha del miedo: si los jóvenes y mayores se sienten amenazados por pertenecer a un partido o manifestarlo públicamente, muchos de ellos dejarán de hacerlo. Y esta es la primera victoria de quien desea convertirse en tirano: debilitar a quienes pueden impedírselo.
  7. Acostumbrar a la sociedad a la violencia. Si la conciencia de la sociedad ve como algo normal el enfrentamiento a pequeña escala, estará más preparada para aceptar el enfrentamiento a gran escala.
    1. En una sociedad siempre hay violencia. El problema es cómo se enfrenta la sociedad a la violencia, y qué tipos de violencia tolera y qué otros persigue. Si la violencia tolerada es aquella que procede de la existencia de partidos diferentes, es seguro que pronto se hallará anestesiada y verá normal el enfrentamiento entre partidos. De este enfrentamiento uno saldrá ganador, y en ese momento la sociedad ya no tendrá arma alguna con que hacerle frente. Un ataque masivo provocará entonces que dicho partido tome todos los resortes y riendas del poder, sin que la sociedad pueda hacer otra cosa que esconderse, huir o someterse.
    1. Para evitar este proceso, la sociedad debe ser más severa con la violencia “de partidos” que con el resto. Pues un asesino que actúa solo es un peligro, pero no puede por sí mismo someter a toda la sociedad. Pero un partido es una agrupación de muchas personas. Cuando su fuerza se encauza eficazmente puede lograr objetivos impensables para un hombre solo. Recuérdese que el partido nazi comenzó con unas decenas de afiliados, y logró millones.
    1. Esta violencia se debe fomentar calladamente desde los partidos interesados. No condenarla expresamente es una forma de tolerarla. Y elevar el tono de los discursos hasta rozar la agresión es otra forma de alimentarla. Pero, ante todo, los jóvenes deben ser educados en el miedo y en el odio. Estos son los caminos hacia la supresión del enemigo.
  8. Establecer mecanismos de control y supervisión de los mass media. Los grandes grupos de comunicación deben servir al mismo objetivo que el partido.
    1. Con esto se consiguen dos cosas: en primer lugar, silenciar al resto de partidos. Y un partido que no llega al gran público es un partido que no existe.
    1. En segundo lugar, se puede “educar” a la población en el sentido que más interesa a un dictador; es decir:
      1. lograr que aprendan y crean a pies juntillas el ideario del partido, que lo hagan propio y vean el mundo a través de él;
      1. minar su capacidad crítica y su adhesión a otras ideologías, creencias, religiones o prácticas que puedan hacerles capaces de pensar de forma diferente al partido.
    1. Al mismo tiempo, una programación suficientemente superficial mantendrá a los ciudadanos ocupados de la película del domingo, o el concurso del jueves, o el partido del sábado, y les restará fuerzas  y tiempo para preocuparse de la marcha del país, que dejarán en manos de los partidos de una forma mucho más natural y decidida. Un pueblo desinformado y entretenido es un pueblo manejable. Así decían los romanos que la vía para controlar el poder era otorgar a la plebe “panem et circenses”.
  9. Socavar las bases ideológicas tradicionales, abriendo grietas en ellas que permitan a los menos iletrados empezar a dudar de algunos de sus puntos clave, pero sin que piensen estrictamente en ello.
    1. En este sentido, se deben promover debates públicos en los que intervengan personas convenientemente elegidas que no tengan ningún reparo en airear las nuevas ideas, aunque resulten difícilmente defendibles. Estas personas deben cambiar de vez en cuando, pues aunque puedan ser personas conocidas y afamadas, seguramente la reacción de los opositores desgastará mucho su buena imagen, además de que algunas de las ideas que tengan que defender será difícil de sostener o pueden ser contrariadas. Por ello, es esencial contar con el apoyo de la mayor parte posible de profesores, intelectuales y artistas, y ganarse su voluntad para que pongan en juego su popularidad y credibilidad con el fin de promover un cambio ideológico y cultural a gran escala.
    1. Se deben dictar leyes manifiestamente contrarias a los valores tradicionales, y decir que son fruto de los nuevos tiempos, aunque dichos tiempos no existan. Pues muchas personas se guían moralmente por las leyes que existen. De forma que pronto “lo políticamente correcto” se impone sobre la crítica moral.
    1. Deben existir en los medios los oportunos voceros que se encarguen de sancionar al que piensa diferente, para que poco a poco los opositores tengan miedo de verse perjudicados si defienden sus ideas abiertamente.
    1. Por supuesto, las subvenciones y los cargos públicos y universitarios son un eficaz medio para controlar la cultura y la educación, que es la mejor manera de conducir a la sociedad hacia el estado ideal.
  10. Falsear el pasado. No siempre es posible falsearlo todo, pero siempre queda algo.
    1. Para ello son muy valiosas las leyes que reconozcan u homenajeen a ciertas personas por encima de otras. Y no se debe escatimar en esfuerzos y gastos cuando se trate de vilipendiar a los personajes del pasado que no interesan.
    1. Así se ha hecho hace poco en nuestro país. Pronto los restos del pasado indeseables para uno de los partidos habrán desaparecido, y sólo quedará la otra parte, la considerada “digna”. No importa que los historiadores se opongan. Hasta ellos acabarán diciendo lo que se les ordene.
    1. No hablar nunca del pasado propio, sino siempre del ajeno. Es más útil y permite enfocar la atención de la crítica y el desprecio sobre los enemigos.

[1] Este fue el objetivo del llamado “Pacto del Tinell”, que firmaron PSOE y nacionalistas catalanes para actuar en todo contra el PP y dejarlo fuera de la vida política en España tras las elecciones de 2004, a pesar de que el PP era el segundo partido más votado a nivel nacional.

[2] Esto ha sucedido curiosamente en España en las elecciones generales de 2008, donde Izquierda Unida ha perdido 3 escaños, que han ido a parar al PSOE, tras la campaña de llamada al “voto útil” realizada por éste último. Ello ha conllevado la pérdida del grupo parlamentario por parte de IU y su práctica condena a la desaparición o a la fusión con PSOE, como ya han puesto de manifiesto algunos políticos.”

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