Breve epicedio propio

Estoy escribiendo una bella historia. Me siento parte de esta inmensa historia de la belleza que es la literatura, de esta interminable corriente de los tiempos que trasportó también a Virgilio, a Dante, a Cervantes, a Shakespeare, a Quevedo, a Pico, a Petrarca, a Salustio, a Lope, a Garcilaso, a Tolstoi… Me siento parte del mundo y del universo. Y este sentimiento me llena de satisfacción y de paz.

Moriré, como todos los hombres, pero habré vivido. Moriré, pero habré luchado. Moriré, pero algo de mí permanecerá en el tiempo, hasta que éste también decline, siquiera como diminuta partícula del todo, insignificante y al mismo tiempo necesaria.

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