NO EXISTEN LAS PRINCESAS (pellizco)

«Cogí el taxi que había pedido en recepción. Solo tuve que indicarle el nombre del bar. Llegamos en menos tiempo de lo que preveía. A pesar de lo temprano que era, estaba abierto y se veían pocos sitios libres. Consulté mi reloj. Aún faltaban quince minutos para la hora acordada. Pedí un café con leche y unas porras. No pude resistirme al aspecto aceitoso y moreno que presentaban. Mientras esperaba que el camarero me llevara a la mesa el desayuno, pensaba en Diana y en el motivo con que podría haberme citado allí, a aquellas horas, en medio de la noche; en la razón por la íbamos a compartir desayuno con tantos pescadores como se veían en el bar. Pues eso debían de ser, sin duda, a la vista de sus ropas. Casi todos vestían monos impermeables, gorros de lana o sombreros marineros. Llevaban botas de agua o simplemente de grandes suelas de goma y cuero o piel, adecuadas para superficies resbaladizas y de gran humedad. Algunos también portaban guantes de lana o de cuero, aunque eran los menos. Y uno o dos incluso tenían chaquetas con bordados o con los nombres de los barcos. Uno estaba metido a presión en un mono que le quedaba tan estrecho que le hacía parecer una salchicha; estaba manchado de grasa por todas partes, de modo que más bien recordaba a una salchicha quemada en la parrilla.

Varios hombres pedían a gritos sus desayunos, y la chica que atendía se afanaba por estar en todas partes. Se llamaba Ingrid. Reinaba en aquel caos con soltura y mano dura. Era un espectáculo desbordante y divertido contemplar a los grupos de pescadores exigir, requerir, vociferar, solicitar, y acabar agachando las orejas ante aquella personalidad desbordante que no olvidaba ningún pedido ni dejaba ningún chascarrillo por responder con gallardía. No muy alta, pero de talle cerrado, esbelta y ligera de movimientos, manifestaba una prestancia y seguridad que sólo la propietaria podría permitirse, de lo que deduje que aquella joven era una osada autónoma que se había hecho con aquel negocio, dispuesta a madrugar todos los días para sacar adelante a su familia. Y mis suposiciones se confirmaron cuando, entre chascarrillo y chascarrillo, le escuché decir a uno de los clientes algo así como “antes estaba peor limpiando mierda”. Sentí una repentina admiración por aquella naturaleza luchadora. De pronto me pareció que el mundo no estaba perdido del todo.»


NO EXISTEN LAS PRINCESAS es una novela de mi autoría publicada por Célebre Editorial en 2019, y podéis adquirirla en la web de la editorial o en Amazon. Os dejo a continuación un enlace AQUÍ con la página de novela donde podéis conseguirla.

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