Soy un vampiro

El quince por ciento de los seres del mundo son vampiros.

Dicen que puede que esté dentro de ese quince por ciento, o puede que no. Que en todo caso es muy difícil de saber y muy difícil de tratar. Que nadie puede definirme con precisión, y que es posible que sí y es posible que no.

Pero yo creo que estoy en el ochenta y cinco por ciento restante. O sea, entre los que son vampiros diurnos, seres de ojos serenos y alma negra, a quienes la luz no atemoriza ni la cruz aterra.

¿Vosotros qué creéis?

¿Terminaré comiéndome el mundo, llevado de sed y el hambre insaciables de los vampiros, o me amoldaré a él, como uno de sus sibilinos ángeles macilentos que caminan bajo el sol, mientras le robo a los demás algo más importante que su sangre, su espíritu?

No permita Dios que me convierta en la apariencia del bien. Antes prefiero ser malvado que tibio.

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