Las enseñanzas del Poeta loco (II)

De mi maestro, el famoso Poeta loco, poco o nada se conserva escrito. Él mismo apenas podía o quería escribir a mano, le resultaba muy dificultoso redactar unas cuantas líneas, pues al parecer, cuando se enfrentaba a una hoja en blanco, era como un niño sin letras; pero cuando hablaba podía recitar versos durante horas, improvisando, volviendo sobre sus palabras, revisando mentalmente, experimentando, cambiando, mezclando, repitiendo y musicalizando cuanto había aprobado su corazón. Su capacidad de invención era sublime, inagotable. Pero no escribía. Jamás.

O al menos casi nunca… Hubo unas pocas veces que sí lo hizo. Ya sabéis que me dejó unos cuantos papeles de mucho antes de conocerlo. Pero esos eran de una época de su vida que quizás nadie podrá desvelar del todo, ya que su pasado parecía haber desaparecido de los registros y de la memoria; nadie sabía nada de él antes de darse a conocer públicamente en las calles, en las plazas, en los caminos, en las cárceles, en las tabernas… Algo (muy poco) de ese pasado estaba ahí, no obstante, en forma de viejos papeles raídos, los cuales tengo yo en mi celoso y secreto poder, porque le desobedecí y no los quemé como me ordenó poco antes de morir. Nadie los podrá investigar del todo hasta que yo mismo no haya pasado a mejor vida (a esa vida infinita y pletórica de la que muchas veces nos habló mi maestro, donde él nos espera). Ya he hecho público lo poco que puede hacerse público. El resto, queda para mi meditación personal, y quizás para enseñanza de mis propios discípulos (pues desgraciadamente cada vez son más los que vienen a mí buscando razón de aquel loco que pululó por el mundo, del que se rieron y al que humillaron, pero que los cambió a todos).

Conservo también algunas notas imprecisas redactadas por mi maestro durante nuestra coaventura (como él decía, pues consideraba que todos éramos aventureros que nos internábamos en mundos ignotos y que compartíamos por un instante una endeble barca que se balanceaba sobre las olas caprichosas de un caudaloso río). Son pocas, y puede que no tengan nada que enseñarnos. Están escritas con una letra jocosa y lúgubre a la vez, casi ilegible. Pero yo estaba acostumbrado a los libros de contabilidad, que tienen la peor redacción del mundo, de forma que con tesón y paciencia he logrado descifrar algunas de estas notas.

Probablemente no os dirá nada, como tampoco a mí, porque desconocemos el contexto en que fue creada, pero aquí os dejo una de ellas, la que me resultó más complicada de trascribir. Espero que, si no en su sentido, oculto y misterioso, al menos sí en su dicción os resulte de interés y deleite. Yo la he titulado, no sé sin con intuición acertada, «Depresión».

«Noche negra, negra noche,

la que me envuelve completo,

la que estrangula mi alma,

la que extingue mi fuego.

Ya no quiero vivir más,

siento que soy mi enemigo,

que la vida me es amarga,

que me odio en ti contigo».

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