El poeta loco antes de serlo

Anuncios

Estando en vida mi maestro, me encomendó un día unos viejos papeles, raídos, gastados, amarillentos, y me dijo que los destruyera y los apartara de él tanto como fuera posible, pues eran recuerdos de su juventud que lo atormentaban y que, como un testamento, se habían plasmado en aquellas hojas mal escritas; recuerdos de amores rotos, de cicatrices dolientes. Y yo le prometí que así lo haría.

Pero le mentí.

Ya sé que no debí hacerlo. Mentir es malo. Sin embargo, cuando los leí, en la soledad de mis noches de nostalgia y melancolía, pensé que no debía perderse aquella parte de la existencia de mi maestro; y que quizás sirviera a otros para demostrar que aun el alma más pura y acendrada tiene un pasado, y que todo pecador desesperado tiene, en cambio, un futuro; y por último que a lo mejor aquellas páginas tuvieran algún valor histórico o biográfico que los hombres del futuro se alegrarían de conocer, y que yo no tenía derecho a arrebatarles.

De ellos, os traigo apenas un extracto. Intuyo que la herida fluyó y manó sangre negra, venenosa, durante muchos años, desde el corazón de mi maestro. Y supongo que solo la madurez logró atemperar un tanto la nostalgia del ser amado. Juzguen ustedes si este hombre vivió hasta lo más profundo el rechazo y la soledad. Porque sí, muchos lo llamaron loco, y lo fue, pero no como ellos creyeron: fue el más cuerdo de los hombres, revestido con las galas del más loco, porque solo la locura ayudaba a aquel corazón a mitigar el sufrimiento del amor que no era amado.

¿Quién era Tanit? Puede que fuera alguien… o puede que fuera solo un sueño. Con el maestro nunca se sabía a ciencia cierta. ¿Cómo pudo un corazón tan terriblemente dulce y lleno de sabiduría como el suyo albergar tanto rechazo y enfangarse en lo más mundano y en la podredumbre? Son los misterios del alma, que nunca es enteramente luminosa ni enteramente oscura; y que siempre es el espejo de los hechos que nos acontecen.

A continuación, los pocos párrafos que pude rescatar de su intrincadísima letra. Hay muchos otros que son totalmente ilegibles. Quizás en esos encontráramos el sentido de todo lo demás, pero por desgracia nunca se sabrá qué decían exactamente.

«Os diré algo que no sabéis: las mujeres hermosas desprecian la inteligencia. Para ellas, es la cualidad de los feos. Y ellas no quieren estar con un feo. Pero cuando miras a los hombres con los que están, ¿quién podría decir que ellos son hermosos? Algunos, muchos, ni siquiera tienen eso. No son más que títeres en manos de unas niñas juguetonas que los visten y los peinan como ellas quieren. De lo que se deducen dos cosas: la primera, que es una gran falacia pensar que los hombres las conquistamos o las elegimos; no amigos, son ellas las que eligen, siempre; las que nos eligen. Y la segunda, que las mujeres hermosas son caprichosas, egoístas y ciegas; o bien que viven en una dimensión paralela a la que los simples mortales no podemos acceder. Una dimensión en que las ideas se desfiguran y son moldeadas a su imagen y semejanza, incluso la idea misma de belleza.

Quizás por ello desprecian también la literatura. La consideran aburrida y trasnochada. Ya no se gana nada nombrando a una mujer tu musa. No lo valoran, porque no lo entienden. La pérdida de la cultura clásica afecta también a estas circunstancias de la vida. ¡Cuánto se ha perdido! Hoy ellas prefieren las redes sociales y la música superficial. Hoy ellas prefieren las formas primitivas y los músculos. La vuelta a la tribalidad, el regreso a la prehistoria, donde la escritura no existía; a los tiempos del matriarcado. Demuestra tu fuerza. Tu mente no es atractiva. Sólo tu salvajismo es hermoso. Por ello, sólo los hombres musculosos son deseados. Los hombres inteligentes son admirados, quizás, envidiados o simplemente graciosos. Pero nunca deseados. Sólo el poder lo es. Sólo la fuerza. Quizás este sea el rasgo más decisivo de nuestro tiempo: la involución del deseo.

Y os diré otra cosa, inocentes cachorrillos: conoces a una chica… te gusta… notas algo… Empiezas a pensar en ella, a hablar con ella, a buscarla… Pero pasa el tiempo. Lo intentas todo pero ella no responde como tú esperas. Pues bien, sigue mi consejo: ¡Déjalo! Es una tontería. Deja de buscarla, olvídate de ella. Has de aprender esta norma: si en un mes no se ha enamorado de ti, si en un mes no te ha elegido, ya nunca lo hará. Nada que digas o que hagas a partir de ese momento logrará conquistarla. Si ella no te ha elegido en ese plazo breve, es que no tienes ninguna posibilidad. Desde este momento, estás condenado a tener sueños vacíos.

O sea, como yo. Hoy sueño con follarme a Tanit. Qué cutre suena esto, ¿verdad? ¡Pero es la verdad! Si la vierais tan sólo un minuto, vosotros también lo soñaríais… Sé que es un sueño irracional y estúpido, una espada sobre cuya hoja me arrojo una y otra vez, como un espectro condenado o suicida. Mas no puedo evitarlo. Es un monstruo que me está controlando y destruyendo por dentro. ¿Preferís que lo diga con otras palabras más rebuscadas? Sueño con tenerla a mi lado una tarde de lluvia y frío, juntos, metidos bajo las mantas, desnudos, jugando a que nos querremos para siempre, oliéndonos la vida y la sangre, tocándonos con todas las regiones de nuestro deseo, dejando que pase el tiempo en una excitada somnolencia, sintiendo la plenitud de la soledad acompañada. Sueño, y en el sueño me pierdo, incapaz de realizarlo, perdida toda esperanza.

Tengo que olvidarme de ella, lo sé. Pero, ¿me entendéis? NO soy capaz. ¿Qué queréis que os diga? ¡No puedo! Está clavada en lo más profundo de mi alma como una puta espina. Hasta me duele la cabeza cuando pienso en todo esto… Me entran ganas de llorar como un niño. En los momentos en que la depresión me alcanza, consciente de nuevo de que mi soñada no me ama, solo quiero meter la cabeza bajo las mantas y gimotear hasta que se me pase la vida o se me muera el corazón. Preferiría no sentir más, convertirme en un maldito bloque de piedra basta y fría, en lo más hondo de la tierra, allí donde jamás llegarán la luz ni la lluvia ni el verano, que seguir sintiendo el dolor que me ahoga, despreciado por una de las mujeres más hermosas del planeta, una de las pocas que ha conseguido volverme loco como si se tratara de una droga, de una sustancia extraña y exótica, que un contrabandista cruel hubiera traído del lejano Oriente y me hubiera inyectado en una tarde invierno, en la soledad de mi chabola; sin nadie a quien le importare que mi cuerpo quedara tirado para siempre entre la podredumbre y fuera comido por las alimañas, a la intemperie de una sociedad extraña y violenta. Esa sensación de soledad extrema, de vacío en torno a mí, como si el universo entero se convirtiese en una neblina sin peso ni entidad, como si fuera el único personaje pintado en una inmensa página en blanco… ¿La habéis sentido? ¿Habéis tenido la misma impresión que yo, de estar completamente abandonados a vuestro sufrimiento sin que nadie, ni siquiera la persona más cercana, pueda saberlo jamás, sin que al resto del mundo le importe lo más mínimo? ¿Os imagináis que muero hoy mismo? ¿Sabéis lo que sucedería? Nada. Todo seguiría igual para el resto del mundo. Eso es lo terrible del dolor: que sea incompensable, que sea absolutamente silencioso, que no pese nada en la báscula del tiempo y de la vida. Que la humanidad, que la naturaleza misma, continúen su devenir, su camino ciego, sin que el griterío silencioso de mi alma llegue a sus oídos como un rumor confuso, como la tormenta que se aleja en lontananza y de la que resta sólo el eco tardío de sus apagados estertores. Chillar y que la piedra sólo te devuelva el silencio del sepulcro; un prisionero en una mazmorra de la que nadie recuerda su existencia; es mi condena.

Entonces, si muero hoy… no sucedería nada. Terrible conclusión. Nada. Nada. ¡Nada! Casi tengo que repetírmelo varias veces para comprenderlo mejor. Pero la nada es nada… Incluso así se me escapa algo… Mi mente es incapaz de darle forma a esta negativa absoluta. Solo son palabras. Palabras que resuenan como martillazos en mi cabeza y amenazan abrir mi cráneo desde dentro, como un polluelo monstruoso que tratara de salir al exterior, tras haber devorado mis entrañas. Pero son únicamente palabras. Cuando dejo de pronunciarlas, la imagen de la nada desaparece de mi visión interior. Porque la nada es nada. Y porque me repugna hasta la náusea que mi ser entero no valga, no cuente; que resulte absolutamente insignificante e irrelevante para la totalidad del cosmos. Puedo entender la frase, pero no aceptar su significado. Me rebelo. Me revuelvo. Me indigno. Me sobresalto. Me enfado. Quizás por eso, una vocecita dentro de mí apuesta aún por llegar tarde a la cita con el destino. Quizás por eso, sigo soñando.

Todo esto empezaba con el sueño de Tanit… ¿Qué pasaría si ella me amara? ¿Desaparecían todas estas sensaciones de destrucción y vacío? Acaso sí. El amor cura la soledad, cura el miedo, cura el dolor, cura el vacío. Bueno, el amor y el sabor de un coño joven. Pero dejemos esto… Desde niño aprendí una triste lección: no estoy hecho para el amor. Jamás nadie me ha querido como siempre soñé que me quisieran. Mi historia es la historia de mis fracasos.

Fijaos si he fracasado con Tanit… Estamos en octubre cuando escribo esto. Durante la última semana he intentado en tres ocasiones (¡TRES!) quedar a cenar con ella, invitarla a algo y poder hablarle de todo… Las tres veces me ha rechazado con excusas: tengo que trabajar pero no sé cuándo entraré ni cuándo saldré, es el cumpleaños de mi hermana… Tres intentos. Tres rechazos. Tres fracasos. Tres lanzas más clavadas en mi pecho. Tres mordazas a mi boca. Tres flechas a mi corazón. Tres balas a mi estómago.

Las últimas. O eso creo… Nunca se sabe. La verdad es que aún no entiendo por qué ha tenido que ser así. Tampoco estoy seguro de que tenga que preguntármelo. Simplemente ha sucedido, supongo. Simplemente, ella no ha querido. Es tan sencillo como eso. También los silencios son palabras. También las excusas son testimonios. También las huidas son mensajes. A menudo no nos atrevemos a leer su contenido, mas son tan reales como el viento que sopla junto al mar antes de la galerna; como la luz que nos deslumbra, incontenible, cuando miramos al sol en lo alto de la tarde de verano; como el frío que nos atenaza en invierno y eriza nuestra piel y congela nuestros pulmones. Yo lo comprendí, no creáis que soy tan tonto; ella sabía perfectamente que era mi momento, que me moría por verla. Y aun así, lo dejó pasar aunque insistí. Alta y clara me llegó su voz sin verbos ni calidez; audible percibí su negativa. Pero lo que tenía claro es que debía intentarlo. Necesitaba estar orgulloso de mí mismo por luchar, aunque supiera que iba a fracasar. Los que habéis estado locos por alguien me vais a entender perfectamente. Porque yo sabía que ella me rechazaría. Lo sabía, y aun así porfié. No una, sino tres veces. Tres invitaciones, tres frases hermosas, tres puestas a sus pies para que ella me machacara con delicadeza.

Y me machacó.

Tanit… Lo tenía que intentar, perdóname. O mejor, perdónate a ti misma. Porque tuviste a tu alcance al hombre más increíble que jamás conocerás. Y lo rechazaste. ¡Oh Tanit! Arrojaste el dolor a paletadas sobre mi corazón, y enterraste sin saberlo también su felicidad y tu futuro. Porque conocerás a otros hombres… pero ninguno te amará como yo; ninguno será como yo.

Adiós, Tanit. Ya sólo quedarás en mis sueños. Año nuevo, amor muerto.»

Tú o nada

Anuncios

A veces, solo a veces en la vida, incluso una sola vez… tienes que cambiar. O lo haces o te lo hacen.

¿Vas a permitir que decidan por ti?

Responde a quien no te pregunta, grita a quien no te escucha, desobedece a quien no te gobierna y apártate de quien te dice hasta luego.

Si no te apetezco hoy, nunca.

Mi palabra es Tú

Pero tú dijiste No.

Y me cambiaste. Cambié.

Gracias, vida, porque tu negación me ha abierto nuevos caminos.

He comprado una Nintendo Switch Lite

Anuncios

Nunca he sido muy fanático del mundo de las consolas portátiles. Pero esta vez me he animado por fin. Comprada en color turquesa. Más barata de lo que pensaba. En Alcampo. Y con muchas ganas de disfrutarla. De juegos, he comprado el Mario Deluxe y el Animal Crossing, que está muy de moda. Realmente es para que juegue más mi mujer. Espero que le guste. ¿Os parece un buen regalo?

Ya os contaré mi opinión otro día, cuando le echemos horas de juego suficientes. Porque sí, a mí me gustan los videojuegos, que me parecen un entretenimiento muy recomendable, siempre que sea con cabeza.

Años

Anuncios

Hoy vamos de viaje.

Son muchos años ya.

Y nada es igual.

Es mejor.

Donde antes había dos, ahora hay cuatro

Vida. Vida. Más vida.

Desde lo efímero de nuestro camino surge y se mantiene mi aspiración a lo eterno.

Contigo. Con ellos. En mi corazón.

El Poeta Loco llora

Anuncios

«No volveré a escribir de amor.

El amor es una mentira.

El amor es una farsa. Es una frase pedante de un mal actor que grita y gesticula demasiado, y que resulta cómico para todos menos para sí mismo. Es un disfraz, una máscara, una apariencia. Es humo que refulge al sol, es niebla que oscurece la mañana. Te confunde, te seduce, te captura, pero acabas siendo su prisionero, tú que eres rey; terminas siendo su reo, tú que eres libre.

No hay amor. Es una entelequia, una quimera, un infierno metafísico. Es el zodiaco de los débiles, la fe de los sumisos. No mora en ninguna parte, porque no puede tener hogar lo que no tiene existencia. No hay amor, sino pesares del amor.

No creas nada. No leas nada. No oigas nada sobre el amor. El amor está construido de las losas de piel que arrancas de tu propio cuerpo y vas poniendo a los pies del ser amado. Quizás él ya no camine sobre la sucia tierra, pero tú acabas muriendo desollado.

No volveré a escribir sobre el amor… porque sigo amando».


Así le oímos decir al Poeta Loco aquella tarde en que le vimos llorando quedamente, no enfadado porque contemplamos sus lágrimas, sino porque nosotros no lloramos con él.

A la semana siguiente, escribió el poema de amor más hermoso de todos los tiempos. Pero esta es otra historia…

Un borrador cualquiera

Anuncios

No digáis nada. No lo contéis por ahí. Pero a veces de una idea imposible y extraña nace una historia secreta y rica. Esa idea puede ser un pensamiento consciente, una evocación producida por una imagen, un sonido o un olor; puede ser la construcción de años de cavilaciones, deseos y quimeras; o puede ser un sueño, propiamente hablando, es decir, una de esas sucesiones de imágenes y palabras que el cerebro produce mientras el cuerpo duerme, la mayor parte de las cuales no tiene sentido, pero que a veces dan lugar a algo coherente y con sentido, que se recuerda perfectamente cuando se despierta y cuyo mensaje puede ser tenido por profético.

Pues bien, esto es producto de un sueño que tuve un 3 de mayo.

No se lo contéis nadie.

Y no lo juzguéis con severidad. Es un borrador escrito deprisa para que la memoria no se apagara.

Vamos con ello:


«LA COLINA SAGRADA

Capítulo I. Diego.

Las cosas no podían ir peor.

El año 2021 estaba siendo un año muy difícil para Diego Arias. Residente interno en un hospital privado de Madrid, especialista en virología, había tenido trabajo durante todos los días del año 2020, sin descanso. Había echado de menos las vacaciones, pero había ganado mucho dinero, que para eso había estudiado Medicina. La pandemia del coronavirus había venido desde Asia a comienzos del 2020 y había pillado al Gobierno desprevenido. Más de 25000 personas habían muerto en todo el país. Pero para profesionales como él, aquel hecho, más allá de las pérdidas personales, había sido un maná caído del cielo. De pronto, se habían convertido en héroes, aclamados y aplaudidos por todos cada día. La población había sido recluida en sus casas, y ellos, los médicos, eran la punta de lanza del sistema contra la epidemia. Alguien había empezado un día a aplaudir desde su balcón a las 8 de la tarde, y los demás le habían secundado poco a poco, hasta que se había convertido en una costumbre nacional. Un rito pagano, un formalismo más, un homenaje diario a los sanitarios que luchaban en los hospitales y los centros de salud como guerreros en el campo de batalla.

Pero en 2021 todo cambió. La amenaza había sido detenida y vencida. Y aquellos que habían sido elevados hasta el trono etéreo de los héroes fueron de pronto olvidados, y los templos paganos se quedaron vacíos; y los guerreros regresaron a la realidad y vieron que estaban solos. Muchos médicos fueron despedidos. Ya no era necesario tener tanto personal. Algunos hospitales aprovecharon la ocasión para meter de rondón el despido de profesionales que ya estaban en nómina antes de la pandemia, y reducir costes a futuro, después del gran desembolso ocasionado por el coronavirus.

Uno de los despedidos fue Diego Arias. De héroe pasó a veterano de guerra. De veterano, a sin techo.

Y una tarde de junio, mientras el sol brillaba impío y cruel en lo más alto, salió del hospital con su carta de despido en la mano y un cheque en el pantalón. Se los había entregado el administrativo de recursos humanos, sin explicación alguna. Diego había pedido ver al jefe de personal, pero el jefe no estaba.

—Ha dejado esto para ti y ha dicho que te lo entreguemos, y que nos firmes la copia —se limitó a decir el administrativo, un tipo sin gracia ni pelo.

Así que Diego Arias firmó con un “no conforme” debajo de la firma, que sabía que no le serviría de nada, pero que al menos tocaría los cojones al jefe. Con esto le bastaba por ahora. No podía hacer otra cosa por ahora. Iría a ver a su abogado y le consultaría. Si al final ponía un pleito, cosa que no le apetecía lo más mínimo, al menos conseguiría que el escándalo llegara a los medios de comunicación. Ya se imaginaba los titulares: “Jefe de inmunilogía despedido injustamente demanda al hospital de **”; “los problemas se le acumulan al **”; “el director de personal, en un aprieto”. No pudo evitar sonreír sin darse cuenta. Aquello le estaría muy bien a su ya ex jefe, un tipo hablador, que se las daba de simpático pero que resultaba repelente; que se vestía con trajes ni baratos ni caros y se pasaba el día atendiendo el teléfono, afectando una voz que quería aparentar unos conocimientos y una seguridad que en el fondo no tenía; que era servil con los poderosos y displicente con los inferiores; un cuarentón cicatero que podía estar quince años sin subirle el sueldo a un empleado y al que era más habitual escucharle discursos sobre la responsabilidad y la implicación de todos “en este proyecto común”, que una palabra de ánimo o de comprensión con alguien que lo necesitara. Este tipo siempre cumplía a rajatabla las órdenes de los dueños. Y los dueños, después de un año duro, habían decidido recortar gastos.

Lo cierto es que le sorprendía que le hubieran despedido a él. Tenía contrato indefinido, una buena antigüedad y ganaba bastante. Era un profesional reputado y había ganado cierto prestigio en el gremio. Su doctorado en “Incidencia clínica de las ramificaciones víricas durante los primeros segundos de la infección en operatorio” había tenido cierto predicado en los círculos médicos, y le había permitido elegir el lugar donde quería trabajar. Había hecho una buena colección de clientes más o menos famosos que mostraban predilección por él, y hasta entonces la dirección del hospital siembre había contado con él como director de cursos, conferencias y eventos, y como representante de la institución en el plano internacional. En definitiva, era un despido muy caro.

—¿Por qué a mí? —se preguntó.

Y casi al mismo que se hacía la pregunta, le vino la respuesta a la mente: 

—Fue por aquella vez que denuncié la compra de material a un proveedor sospechoso y apelé al director del hospital. Lalo estaba entonces de director de compras, y por mi culpa le degradaron durante un tiempo. Luego llegó el nuevo director del hospital y lo ascendió a jefe de recursos humanos. Debí haberme dado cuenta antes. Yo estaba sentenciado. ¡Vaya mierda de año! —se dijo, mientras subía en su coche.

Entonces se acordó de que no había terminado de pagar el coche, y su enfado subió de nivel. Luego se acordó (otra vez) de que había roto con su novia un mes antes, después de tres años; y ya no aguantó más y pegó un grito dentro de su coche. El grito no solucionó nada, aunque al menos le ayudó a seguir vivo un rato más; un día más quizás. Pues no hay nada peor para alguien que vive en la ola de la ansiedad y las prisas que verse de pronto sin lo que le ha sustentado durante tanto tiempo, y con todo el tiempo libre del mundo por delante. Esa ola se retira de pronto y se un abismo bajo los pies que parece amenazar con hundirte hasta lo más profundo de un mar que siempre ha sido tremendamente oscuro, pero que la ola antes de impedía ver. 

Un día más. Ya pensaría qué hacer con su vida al día siguiente. Siempre podría apuntarse en la bolsa del hospital público. Sin embargo, puede que tardaran un par de años en llamarle para trabajar. ¿Y mientras tanto? Mientras tanto, por ahora, nada. Dio otro grito y golpeó el salpicadero del coche, tan fuerte que lo abolló ligeramente, y al asustarse, perdió de vista la calle durante unos segundos y se golpeó contra una farola.

—¡Vaya mierda de año! —repitió entre gemidos.

Diego Arias no tenía su día.»

Recomendaciones de libros y otras cosas

Anuncios

Queridos amigos:

Me he abierto una cuenta en una red social dirigida a las recomendaciones de todo tipo de productos: Peoople.

Os invito a seguirme y a leer mis reseñas.

He empezado con algunos libros y videojuegos. Pero iré ampliando recomendaciones y reseñas con el tiempo.

Os dejo mi enlace para que podáis ver mis publicaciones:

peoople.com/escritor

PATROCÍNAME Y LLÉVATE UN GRAN REGALO

Anuncios

Queridos amigos:

Os presento mi nueva cuenta de Patreon, donde podréis patrocinarme con una pequeña aportación.

Aquí os dejo el enlace: https://www.patreon.com/escritorjaimearias

Me encantaría que me siguierais.

A cambio, obtendréis un regalazo como el que os cuento en este podcast.

https://www.ivoox.com/patreon-conviertete-mecenas-te-llevaras-audios-mp3_rf_55259588_1.html