El Poeta Loco llora

«No volveré a escribir de amor.

El amor es una mentira.

El amor es una farsa. Es una frase pedante de un mal actor que grita y gesticula demasiado, y que resulta cómico para todos menos para sí mismo. Es un disfraz, una máscara, una apariencia. Es humo que refulge al sol, es niebla que oscurece la mañana. Te confunde, te seduce, te captura, pero acabas siendo su prisionero, tú que eres rey; terminas siendo su reo, tú que eres libre.

No hay amor. Es una entelequia, una quimera, un infierno metafísico. Es el zodiaco de los débiles, la fe de los sumisos. No mora en ninguna parte, porque no puede tener hogar lo que no tiene existencia. No hay amor, sino pesares del amor.

No creas nada. No leas nada. No oigas nada sobre el amor. El amor está construido de las losas de piel que arrancas de tu propio cuerpo y vas poniendo a los pies del ser amado. Quizás él ya no camine sobre la sucia tierra, pero tú acabas muriendo desollado.

No volveré a escribir sobre el amor… porque sigo amando».


Así le oímos decir al Poeta Loco aquella tarde en que le vimos llorando quedamente, no enfadado porque contemplamos sus lágrimas, sino porque nosotros no lloramos con él.

A la semana siguiente, escribió el poema de amor más hermoso de todos los tiempos. Pero esta es otra historia…

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