Tu imaginación te miente

¿Cómo no va a haber contradicciones innombrables en los demás, si las hay en mí, y me las veo menos y me las disculpo más?

En la oscuridad de la noche, metido en la solitaria habitación de mi apartada casa, desconocido por el gran mundo, olvidado momentáneamente por los seres que alguna vez me han conocido, siento el tremendo atractivo que sobre mi corazón ejerce la literatura, y el pesado fardo que me impone la filosofía: porque aquélla me permite apartar la mirada de mis propias falsedades, llevándome a otras nuevas que no me reciben airadas; mientras que ésta es una madre severa, y a menudo da menos de lo que se busca, y promete más de lo que cumple, y juzga sin piedad a uno mismo, tanto más cuanto mayor es la fuerza de la propia capacidad para indagar.

¿Cómo no va a sentir el hombre la tentación de ausentarse de su vida, como el actor que se esconde tras las bambalinas del teatro, si la vida es límite, y la imaginación poder? Porque la imaginación es la mentira, y sólo es inofensiva en tanto reconocemos su inexistencia, y tan sólo entonces es legítimo desposarla.

Pero ¡cuidado!, la connivencia con la imaginación da pronto, y antes de que advirtamos que lo hemos consentido, frutos dulces, de somnolencia imprudente, y amargos, de despertar tormentoso.

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