EROS DOMADO

Quiero hacerte una pregunta,
escucha con atención.
¿Sabes bien lo que le has hecho
a mi pobre corazón?

Ahora que estás en silencio
medita este desvarío:
niña, ¿pero qué me has dado,
que me has dejado vacío?

¿Por qué, pudiendo elevarme
hasta las nubes del cielo,
como gato con ratón,
enciendes viril anhelo

con tu sonrisa divina;
y luego, cruel y dura,
esquivas el fuego ardiente
que en mi espíritu perdura?

¿Por qué tu sola presencia
puede animar este muerto
que era mi gélida alma,
y después, como un experto

fantasma, vuelves a irte
y me quedo abandonado,
con los ojos solitarios
y el corazón hechizado?

¿Qué brebaje, diosa mía,
has puesto en mi garganta,
que este fuego que me abrasa
a mis amigos espanta,

pero no ahuyenta mi pena
por no tenerte en mis brazos,
mas acrecienta el ansia
con que persigo tus trazos?

En fin, ¿qué tienes, amiga,
en esos puros diamantes,
que hasta mis sufridos huesos
los has vueltos tus amantes?

Algo tienes, algo sabes…
Te brillan los ojos negros.
Yo te miré sorprendido.
Tú me hechizaste con ellos.

Ahora juegas conmigo.
Me das uno, dos me niegas.
Así me tienes sujeto
con invisibles cadenas.

Amo tu armónico rostro.
Persigo tus manos tiernas.
Anhelo tus labios mágicos.
Y sueño con tus caderas.

¡Libérame, dulce bruja,
de tu hechizo de dolor!
O báñate tú también
en el fuego de mi amor.

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