RESCATE

Relato breve de tarde templada de domingo

En el parque salpicados de hayas, que ululaban silenciosamente, la fría sombra de la luna se iba retirando en parsimoniosa procesión, detrás del viento. Sobre los solitarios robles que crecían entre ellas, caían los hayucos, cubriéndolos de colores extraños, como redes de sueños.

Pegado a las plantas de las tinieblas, el perfil de un fugitivo cruzó las puertas del afligido parque, buscando en él refugio para sus pasos, descanso para su cuerpo, desahogo para su alma.

Bajo las ramas de un frondoso roble, poblado de sueños su espíritu contrito, rezó como años atrás. El espeso abrigo que portaba apenas se quejó cuando lo colocó sobre sus piernas y costillas, pues también él estaba cansado.

Allí, los ruidos opacos de la noche sigilosa enmudecieron, para respetar los últimos momentos de la dolorosa existencia de aquella criatura desdichada, antes de que el día inesperado trajera la mala nueva de nuevos pasos.

Lo encontraron dormido y lo tomaron los Aparecidos… A llevárselo en sus garras iban, cuando el parque comenzó a rugir, hasta ensordecer sus oídos. La tierra se abrió bajo sus pies, mostrando en un gesto inenarrable las abismales profundidades de la histeria. Los serenos árboles se inclinaron para sellar con sus ramas y hojas la condena de los verdugos.

Tanto había sufrido aquel peregrino perseguido, que creyó ser un sueño lo que había visto, y volvió a reposar sobre las hojas caídas, aunque esta vez sin abrigo. Pero el sol ya calentaba sus miembros desesperanzados, y el viento arrodillado se había retirado a regiones ignotas.

Deja un comentario