Dieta

No os riáis. Me he puesto a dieta. Es verdad. Por fin.

A día de hoy, 20 de febrero de 2020, peso 109 kilos. Llevo unos días a dieta. Más o menos, entendedme. Mi mujer también la está haciendo y a ella le va mejor. En una semana ha adelgazado 2 kilos. Yo no he perdido nada, comiendo lo mismo que ella. En casa (y en el trabajo), ella es la cocinera. Así que cuando se pone, hace la misma comida para los dos. Me he quitado hasta el pan (¡mi amado pan!). Y he decidido suprimir las galletas de antes de dormir. Sí, no me miréis así. Antes cenaba y después me tomaba un vaso de leche o Cola Cao con galletas. ¡Me quedaba tan a gusto! Pero ahora ni eso. Ni siquiera para desayunar. Ni para merendar. ¡Ay estoy malito! Por favor, que alguien me ayude a morir ja, ja, ja. Estoy sufriendo. Sin embargo, voy a ir hasta el final.

Os iré contando cómo me va. Lo que quiero es tener mejor salud, estar más ágil y despierto. No pretendo pesar 80 kilos. Ni ponerme cachas. Pretendo evitar problemas y subir unas escaleras sin cansarme. Pretendo ganar en salud y en años de vida. Y pretendo ganar a mi mujer ja, ja, ja, para que no diga que no me tomo las cosas en serio. La estética queda para otros. Yo la belleza la prefiero en una hoja escrita y en mis ojos.

Algún día, miraré atrás y me sentiré orgulloso. Porque la historia de un hombre no se mide por lo lejos que llega, sino por las veces que se supera a sí mismo.

No sé si alguien ha dicho esto antes, creo que es cosecha propia, tal cual está dicho. Pero seguramente es una idea que he aprendido de otros. Igual que la dieta. No obstante, ahora la tengo que vivir en mi propio cuerpo, hacerla mía y superarme.

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