La estúpida y descorazonadora realidad de las REDES SOCIALES


¡Hola! ¿Hay alguien ahí? Joder, espera tú, no hay nadie… ¡Qué tonto soy! ¿Cómo va a haber alguien si no digo barbaridades, ni como mierda, ni enseño mi cuerpazo ni meo ideología? Pues ahora que nadie me ve ni me oye, voy a despacharme a gusto. Total…

A ver, la primera verdad del día: las redes sociales son un invento de alguien para ganar dinero. Y le fue bien. Gran negocio. Pero en primer lugar son eso. Negocio.

Segunda verdad: la gente se ha vuelto loca con las redes sociales. Parece que hoy todo tiene que pasar ahí y nada fuera de ellas. Si no estás, no existes. Y de hecho, hay una atención exagerada de todos hacia este mundo virtual.

Tercera verdad: dedicamos más atención y tiempo a las redes sociales que al mundo exterior. Que cada cual se mire a sí mismo. ¡Es estúpido y descorazonador vernos con los ojos clavados en el móvil y pasando del resto de seres humanos! Esto me hace pensar que el futuro de la humanidad, como sigamos así, estará compuesto por seres conectados a máquinas, sentados en sillas autónomas, físicamente separados, aislados, como astronautas en nuestro propio mundo, y viviendo una vida cada vez más ficticia, más virtual, más informática, y menos real, menos física, menos animal, menos natural.

Cuarta verdad: triunfan más en las redes quienes ofrecen más carnaza a los típicos pecados de toda la vida: lujuria, gula, codicia, avaricia, ira… Si eres la típica modelo que ni siquiera sabe diferenciar entre «ahí» y «hay», pero estás buena y enseñas el escote o el culo, entonces tendrás millones de seguidores babosos. Si eres un tipo normal que no tiene cuerpo para enseñar, entonces solo te leerá tu madre y puede que tu mujer o tu mejor amigo, por compasión. Si insultas a todo el mundo, o si dices palabrotas continuamente, o si te cagas en el gobierno de turno, o si desprecias a otros, o si ofreces miles y miles de tentaciones para todos los que buscan hacer en las redes lo que no pueden hacer en la vida real (violencia, excesos…), entonces te seguirán a millares. Pero si solo te dedicas a vivir con dignidad, estarás más aislado en las redes sociales que en el desierto. No te querrán ver ni tus allegados.

Porque…

Quinta verdad: a las redes sociales va uno a buscar dos cosas, un entretenimiento fácil, superficial y muy rápido, y la satisfacción de nuestra curiosidad más malsana (lo que tradicionalmente se llama el cotilleo). Uno en las redes sociales (o la mayor parte de la gente, al menos) no busca aprender economía, historia o filosofía, ni siquiera una lectura amena, ni tampoco comprar los productos de temporada. Para eso ya están otras páginas y sobre todo otros medios. Las redes sociales nos gustan tanto porque podemos «ver la vida de los demás», y eso nos gusta, nos mola, nos hace perder el tiempo como si lo tuviéramos todo, incluso nos convierte en adictos. Y las redes sociales ofrecen esto en una sucesión interminable de nuevas noticias, que se actualiza segundo a segundo.

Sexta verdad: por último, el comercio y las marcas han pretendido valerse de este instrumento para aumentar sus ventas, y lo han conseguido, o al menos eso creen, porque las horas que las personas pasamos frente a los dispositivos móviles y las redes sociales van en aumento, y les resulta más fácil acceder a nosotros a través de la publicidad. Por ello, fomentan estas redes sociales y tratan de darle un aura de respetabilidad y profesionalidad para el que no estaban pensadas y que no puede mantenerse sino artificialmente. Ni Facebook es la herramienta adecuada para promocionar el arte o la arquitectura, ni Instagram lo es para vender alimentos o herramientas de bricolaje, pero como tienen tanta aceptación social, se convierten en un escaparate para las marcas, que no están dispuestas a despreciar. Además, les permiten medir estadísticamente el número de personas que son afectadas e interactúan con sus anuncios.

Y eso es muy importante, porque…

Séptima verdad: las marcas trafican con nuestros datos a través de las redes sociales. Lo saben todo de nosotros, hasta cuándo nos levantamos y cuándo nos dormimos, y qué hacemos después y antes, respectivamente. Así les es más fácil manipular nuestra conducta llamando nuestra atención. Esto es lo que sostiene todo el andamiaje. El negocio. Aunque…

Octava verdad: las redes sociales son también un escenario de frivolidad y coqueteo, y el medio preferido de muchos para conocer a nuevas personas y apostar en el juego de la conquista y la seducción. Así, las redes sociales terminan convirtiéndose en un negocio disfrazado tras discursos y colores de buenas intenciones, entre cuyos resquicios los seres humanos alternan como estúpidas cobayas condenadas a correr y correr y correr siempre en la misma rueda, obsesionadas con parecer cada vez más felices, más jóvenes y más bellos, aunque en realidad sean simples plastas de carne y pelo sentadas en un sillón y con la cara triste de un cadáver deshecho.

Yo me he rendido. Mantengo mis redes por pura costumbre y porque aún hay algunas personas que pueden enterarse de los nuevos libros que publique y todo eso. Pero hay días que me dan ganas de cerrarlas de una tacada. Quizás en alguna de éstas, lo haga. Si es así, no os vais a enterar. Al fin y al cabo, no tengo un cuerpazo, no insulto a nadie, no soy un pancartero, no salgo en la TV… Por eso nadie me lee.

¡Que os den a todos por culo! Bueno, solo a los que no les guste.

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