Nuevo extracto de «La Canción Eterna»

Bienvenidos, amigos, de nuevo a mi blog literario. Hoy, por fin, he terminado de corregir la Primera Parte de mi nueva novela, La Canción Eterna. Y estoy feliz, y cansado. Necesito tomarme unos días de descanso, de olvidarme de todo, pero también de alegría y satisfacción personales e íntimas. Porque terminar un libro es como terminar una peregrinación. La vida sigue pero tu corazón se quedó atrás, en el camino. Y cuesta regresar a la vida rutinaria. ¿Cómo se retoma el hilo de la vida? No lo sé. No hay una fórmula mágica. Solo se puede seguir respirando y ocupar la mente en otras cosas y pensamientos que sean igual de productivos pero no te recuerden continuamente lo que acabas de vivir, lo has vivido y acabado. Por eso, si estoy algo perdido en los próximos días, que nadie se extrañe. Voy a tratar de recuperar algo de la vida perdida en los últimos meses. No será fácil, de acuerdo… Pero lo intentaré.

Mientras tanto, para no abandonaros del todo, os dejo a continuación un extracto, apenas un pellizco, de mi nueva novela. Me gustaría que el extracto fuera más amplio, pero no quiero desvelaros demasiada información. Es una página, pero creo que por ahora bastará. La semana que viene dejaré otra si no me cierran el blog por incomparecencia… Espero que os guste.

«Incluso sin maquillar, y casi sin peinar, estaba tan hermosa que podría haber conmovido reinos enteros solo con su sonrisa. Tan radiante, tan gentil y amable, que ejércitos enemigos habrían pugnado solo por gozar de un pequeño rayo de su mirada, por vislumbrar de lejos un reflejo oscuro de su pelo. Encerrada en la alta torre, la mayor belleza que Albia había visto en milenios permanecía, en cambio, oculta al mundo; ignorante de lo que se venía encima, ignorada también por el mal.

Como si las palabras salieran de su interior inspiradas por un dios oculto, Kyra susurró frente al espejo:

– Me he perdido muchas veces soñando con él, amiga, muchas veces. Lo he amado tantas veces en mis sueños de niña… Pero no pertenece al mismo mundo que yo, ni al tuyo, ni al de nadie más. Está fuera de nuestro alcance. Es un meteorito caído a la tierra, un guerrero vestido con la armadura de un dios, un rayo que hendiese una montaña en pleno día de sol… Solo podemos seguirlo y amarlo, todos nosotros; o en cambio escondernos de su brillo y sumirnos en la oscuridad. Y ese ha sido el error de mi padre: querer brillar más que él. Ese ha sido su error, querida. Porque mi padre es sombra. Pero él es la luz de Somnia. Sin él, mi pueblo no tiene posibilidad alguna de levantarse de este abismo.

Sora se quedó mirándola como si nunca la hubiera visto.

– Ya te has hecho mayor, cariño -le dijo-. Ya no eres la niña que conocía.

– ¿Ah no? -rio de nuevo Kyra, divertida y emocionada-. ¿Y qué soy?

– Ahora eres una princesa. No de las que llevan un vestido caro, sino de las que llevan a su pueblo en el corazón.

– Gracias, amiga -dijo la princesa.

Ambas se abrazaron. Y lloraron por cosas diferentes.»

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