Mi Garcilaso

Hoy he pasado junto al monumento erigido en Toledo a la memoria de Garcilaso de la Vega, poeta toledano, hombre universal, señor de las letras, lo que es decir también que he pasado junto a su tumba, sita en la misma plaza que la estatua, en la iglesia de san Pédro Mártir. Y mi mente ha volado a aquel siglo XVI grandioso e irrepetible para las letras españolas, y a aquel mundo apasionante del imperio, que fue ante todo una suerte de contagio cultural que al mundo se extendió desde aquella pequeña parte de él llamada España. Daría una mano, un pie si fuera preciso, por una hora de conversación tranquila y profunda con el Garcilaso de entonces.

Hoy, al pasar junto a la estatua, me he sentido orgulloso de la historia de mi país, y de mi ciudad, que la recuerda con una obra tan bella. Y os voy a decir algo: solo por poetas como Garcilaso, a pesar de todos los errores y maldades de los hombres, ha valido la pena que haya existido la Humanidad. Pues poetas como Garcilaso nos enseñaron y nos enseñan lo que es realmente la Belleza, lo que arde realmente el Amor, lo que hiere realmente el Dolor.

NOS QUEDA SU POESÍA, que a mí siempre me ha parecido particularmente hermosa y dotado de una emoción pocas veces sentida. Y mientras quedemos quienes vibremos con su poesía, quedará recuerdo de este hombre, poeta y guerrero, que representó mejor que nadie la grandeza y la miseria de su tiempo.

A mí especialmente me impresiona mucho, siempre que lo leo, y sobre todo cuando lo recito, el siguiente soneto:

Echado está por tierra el fundamento

que mi vivir cansado sostenía.

¡Oh cuánto bien s ́acaba en un solo día!

¡Oh cuantas esperanzas lleva el viento!

¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento

cuando se ocupa en bien de cosa mía!

A mi esperanza, así como a baldía,

mil veces la castiga mi tormento.

Las más veces me entrego, otras resisto

con tal furor, con una fuerza nueva,

que un monte puesto encima rompería.

Aquéste es el deseo que me lleva

a que desee tornar a ver un día

a quien fuera mejor nunca haber visto.

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