Extracto de «No existen las princesas»

La presentación pública de mi cuarta novela, «No existen las princesas», se producirá el próximo día 12 de abril, a las 19:00 horas, en el Círculo de Arte de Toledo. Mientras tanto, os traigo un breve extracto como entrante literario.

«Nos sentamos, comimos con
agrado y charlamos hasta que la boca se
nos quedó seca. Ella estaba de muy buen
humor. Yo creí advertir en aquel estado
de ánimo una inclinación hacia mí. Me
sentí hermoso, cautivador. Amenazaba
con desmayarme cada vez que ella reía,
que eran muchas, y en cada ocasión en
que ella rozaba mi mano o tocaba mi
brazo, mientras nos contábamos chascarrillos
y repasábamos nuestra vida entre
carcajadas y anécdotas sin importancia.
Fue la velada más hermosa que jamás
había tenido con mujer alguna. Tampoco
es que mi experiencia en estas lides
fuera muy amplia, pues hasta entonces
no solo continuaba soltero, sino que estaba
condenado a seguir en el mismo
estado, al menos mientras no se cayera
un ángel del cielo, se golpeara en la cabeza,
perdiera la memoria y a la primera
persona que viera al despertar fuera yo.
Y eso era exactamente lo que yo pensaba
que me había pasado con Diana…
Sin embargo, toda la magia se
esfumó cuando ella, sin previo aviso, me
comentó:
—Podemos volver al tema de mi
proyecto, si te parece bien. ¿Cómo lo ves?
Me dijiste que te habían surgido algunas
dudas…
Fue en ese instante cuando, estremecido
de un martillazo en la nuca,
regresé de pronto a la tierra de los vivos
y me encontré sentado a una mesa, en
un restaurante, con una desconocida
que vestía como una cualquiera, y cuyos
zapatos rojos podían resultar una
genialidad pero también un insulto al
buen gusto. Procuré contener el golpe
y guardar las apariencias, a pesar de la
marejada que se había levantado en mi
interior. Me recordé mentalmente que
aquello no era una cita romántica y que,
en el fondo, yo había usado un pretexto
poco sincero para volver a verla; en realidad,
ella solo estaba respondiendo a
mi invitación y repitiendo mis palabras.
Pero no funcionó… pedí permiso para levantarme
e ir al aseo, y allí me entretuve
mirándome al espejo y refrescándome
la cara. Estaba rojo como un pimiento.
Me había excitado, seguramente, a causa
del vino y la conversación. Luego me
invadió la confusión. Mi vista había corrido
tras una quimera, una ensoñación,
una mera proyección de mis deseos
ocultos. Estaba en realidad solo; y mi
corazón ansiaba encontrar otro corazón
al que rozar con sus latidos. Ese era mi
problema… Si no era ella, se entregaría a
cualquier otro espejismo.»

Deja un comentario